A Prometheus hay que reconocerle, antes que nada, el indiscutible mérito de haberle devuelto el interés a la saga Alien; incluso el haber concitado una enorme expectación entre los aficionados en general a la ciencia-ficción. Pocas películas, en los últimos tiempos, y a medida que íbamos recibiendo información y los primeros tráilers, han despertado semejante deseo porque se produjera, por fin, su estreno. Y aunque, es claro, no pueda hablarse en ningún caso de obra maestra, Prometheus consigue, con facilidad, superar claramente a todas las secuelas, compitiendo únicamente en resultados con la primera de ellas, Aliens. El regreso, de la que es claramente deudora en determinados extremos y a la que supera, completamente, en otros.
Lo primero es lo primero: Prometheus, por fin, se encarga de despejar una parte de los interrogantes abiertos por la primera y ya mítica película, algo que ningún film, ni siquiera el de James Cameron, se había preocupado por hacer. Se puede decir que es lógico teniendo en cuenta que se trata de eso que se llama precuela: una secuela (un film rodado después de un título de referencia) que pretende narrar lo que sucedió antes de los hechos contados en esa película. Y lo hace del modo más «seguro» y a la vez ingenioso: consiguiendo que el aficionado se sienta claramente en un film «Alien», a base de ofrecer buena parte de los ingredientes principales de los films previos (en especial los dos mejores, los primeros), al tiempo que siente que le están contando algo nuevo.