El largo adiós, un clásico del siglo XX

Marlowe en el cine

El largo adios, version CatedraEncuentro pocos casos más curiosos en la literatura que el modo en que Raymond Chandler (1888-1959) se convirtió en escritor profesional. Lo hizo a los cuarenta y cinco años y a consecuencia de perder su empleo como ejecutivo en una compañía petrolífera (las versiones del motivo del despido varían: según unas, fue por culpa de la Gran Depresión; según otras, por sus ya notables problemas con el alcohol). Chandler tenía una buena formación cultural, no en vano había estudiado en una importante escuela privada en Inglaterra, a donde su madre se lo llevó para escapar de un padre alcohólico y maltratador, y poseía un notable conocimiento de los clásicos. Sin embargo, sus necesidades económicas le hicieron explorar el mercado y llegar a la conclusión de que la forma más rápida era escribiendo para las hoy míticas revistas pulp. Se decantó por las especializadas en el thriller y lo consiguió, publicando 19 relatos en poco más de seis años, relatos que luego utilizaría como base para dar su salto a la novela. En la primera de ellas, El sueño eterno (1939), ya vio la luz el inmortal personaje hoy asociado a su nombre, Philip Marlowe, y el resto de su obra literaria estaría compuesta, principalmente, por el conjunto de siete libros que componen su ciclo (y cuatro capítulos del que dejó inacabado). Ese hombre cultivado que fue Chandler vivió en sus carnes la amargura del menosprecio crítico que se daba a la literatura de género (a todo género). A la altura de 1953, y sin abandonarlo puesto que sabía que los editores no le admitirían otra cosa, decidió escribir una novela en la que demostraría su tesis (¡y cómo la comparto yo!) de que la dignidad literaria no se ciñe a una etiqueta. El resultado no solo sería su obra maestra, sino una de las obras maestras de la literatura del siglo XX. Su título, El largo adiós.

Seguir leyendo

Publicado en Policiaco | Etiquetado , , , , | 9 comentarios

¿Era Lord Jim uno de los nuestros?

El corazón de  las tinieblas                    El pirata/The Rover

Captura de pantalla 2021-07-12 105859Publicada inicialmente en trece entregas en la famosa revista Blackwood’s Magazine, entre octubre de 1899 y noviembre de 1900, y finalmente en volumen en 1917, Lord Jim constituye tal vez la cima de toda la producción de ese marino polaco llamado Jozef Konrad Korzeniowski, que en su madurez se convirtió en el escritor Joseph Conrad. Cuando menos, es el libro que contiene la quintaesencia de su autor, los rasgos principales que han hecho tan perdurable su literatura: el acercamiento al género aventurero desde un punto de vista directamente psicológico antes que activo, lo cual se deriva del profundo conocimiento que el autor tuvo de los escenarios y tipos de sus ficciones, debido a su larga actividad como marino mercante; la complejidad narrativa, heredada directamente de su amigo Henry James —igual que Conrad dio la mejor definición posible de James (el «historiador de la conciencia refinada»), también puede decirse que sus libros son los que el bostoniano habría escrito de dedicarse al género—, concentrada en el punto de vista, limitado, del relator de los hechos; la capacidad para desmitificar el escenario de la aventura, lo cual es lógico en alguien que lo conoció directamente: el mar, Oriente o África son espacios reales, ante los cuales el europeo, como todo extranjero en tierra y cultura muy diferentes a la suya puede o bien dejarse devorar (como le sucede a Kurtz en El corazón de las tinieblas) o esforzarse por hacerlas suyas; y un profundo humanismo que nace de la consideración de sus personajes no como seres excepcionales sino, bien al contrario, perfectamente comprensibles, en sus bajezas y en sus intentos de grandeza. Y de entre toda su galería, para mí no hay otro más ambiguo, más borroso, más sugestivo, que el del hombre al que los indígenas malayos darán el apelativo de Tuan Jim, es decir, Lord Jim, o sea, aquel en el que se puede confiar: «uno de los nuestros».

Seguir leyendo

Publicado en Aventura, Del libro a la pantalla | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Edad Media soñada, en “Café Montaigne”

Sebastián Gámez Millán, ensayista, poeta, especialista en arte y filosofía, además de profesor en esta última disciplina, en fin, polígrafo en el pleno sentido de la palabra, ha publicado una reseña crítica de mi Edad Media soñada en la revista digital Café Montaigne. Encantadísimo por ello, aquí va el enlace para quien está interesado en encontrar razones para leer el libro:

https://cafemontaigne.com/edad-media-sonada-la-imagen-del-medievo-en-la-ficcion-de-jose-miguel-garcia-de-formica-corsi-una-resena-de-sebastian-gamez-millan/critica-literaria/admin/

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , | Deja un comentario

John le Carré en el cine (II)

Smiley en los libros                       Le Carré en el cine I

El sastre de Panama, cartel inglesLa caída del bloque comunista no pilló con el pie cambiado a John le Carré. Sencillamente, amplió el conjunto de escenarios y de conflictos, siempre bajo la cobertura argumental del thriller. Es más, encontró un estímulo para mejorar su conocimiento de la nueva realidad global que no iba a tardar en sustituir a la guerra fría, mediante una profunda labor de investigación y documentación casi más propia del periodista que del novelista, que lo llevó a tratar a personalidades de todo tipo (como señala en su autobiografía Volar en círculos). Confieso no conocer ya esta parte de su literatura, ya que no he pasado del segmento dedicado a la guerra fría, lo que no quiere decir que no me proponga leer alguna de estas obras, sobre todo las que cuentan con película, pues a través de ellas se intuye que, al menos al nivel del concepto, sus libros han seguido teniendo un notable interés. En esta segunda parte del artículo, voy a ocuparme de cuatro de las cinco adaptaciones que se hicieron ya en el siglo XXI. De entre ellas, una es espléndida, El topo (2011), ya que aprovecha el punto de partida de una de las mejores novelas del escritor, como ya indiqué en el correspondiente artículo. Otras dos son bastante estimables, El sastre de Panamá (2001) y El hombre más buscado (2014), y la cuarta, El jardinero fiel (2005) me parece muy floja, no tanto por lo que cuenta sino por el modo en que se cuenta. Por otra parte, estos tres films son buena muestra de la diversidad de conflictos e intereses a que se abrió le Carré, pues transcurren en tres continentes distintos: América Central, Europa y África Oriental, respectivamente.

Seguir leyendo

Publicado en Tiempo de espías | Etiquetado , , , , , | 3 comentarios

John le Carré en el cine (I)

Smiley en los libros                     Le Carré en el cine II

Poster ingles de El espia que surgio del frioUna de las variables que permite conocer el éxito real de un escritor es el número de adaptaciones que el cine ha realizado de su obra. Es más: fuera de los nombres que perduran, es casi el único modo de recordar la existencia de escritores que, con independencia de su valía (siempre tan subjetiva), han sido olvidados. Es el caso de Erich Maria Remarque, de quien pocos libros suyos hoy se editan poco pero del que buena parte de las películas que inspiraron siguen considerándose clásicos irrepetibles, de Sin novedad en el frente (1930) a Tiempo de amar, tiempo de morir (1958), pasando por Tres camaradas (1938). Hay otros que, ya sea porque todavía son relativamente coetáneos, ya sea porque su interés no ha menguado, no necesitan del recuerdo de sus películas para mantenerse vivos, sino de sus novelas, lo cual no quiere decir que aquellas no supongan un modo pertinente de descubrir sus libros o, sencillamente, de mantener la relación con tan prolífico novelista sin tener que estar al día de toda su obra. Este es, sin duda, el caso de John le Carré, el escritor al que voy a dedicar un par de artículos que complementarán el que ya había dedicado a su ciclo literario de Smiley. Desde la primera adaptación de una de sus novelas, en 1965 (El espía que surgió del frío) hasta la actualidad (precisamente, se anuncia una serie basada en esta misma novela), los trabajos para cine y televisión superan las dos decenas y, en lo que yo conozco, con un nivel de calidad considerable.

Seguir leyendo

Publicado en Tiempo de espías | Etiquetado , , , , , , , , | 3 comentarios

Ingmar Bergman en Edad Media soñada

Poco después de publicado este artículo, habré vivido la presentación (retrasada bastantes meses por la pandemia) de mi libro Edad Media soñada. Aprovecho para difundir algunas líneas del mismo, en este caso sobre las dos magníficas películas que Ingmar Bergman situó en el medievo, El séptimo sello (1957) y El manantial de la doncella (1960). Espero que su lectura anime a querer conocer más del contenido del libro

  El caballero y la Muerte, en El septimo sello

En el cine nórdico, la Edad Media siempre posee una textura diferente, que jamás podría haber existido en el cine anglo-americano. Tal vez se deba a la ausencia de color, a la aspereza de la luz de unos países que, precisamente, destacan por su menor luminosidad, al miedo preternatural que producen unos escenarios naturales donde los bosques todavía parecen esconder los mismos peligros (para el cuerpo y para el alma) que aterraban a los campesinos medievales o al ascetismo de un diseño de producción muy alejado del fasto de Hollywood. Su acercamiento a la época parece incompatible con cualquier tratamiento fabuloso, incluso cuando recoge hechos que, por esencia, tienen una dimensión fabulosa (jóvenes que tienen visiones de la divinidad, caballeros que juegan al ajedrez con la Muerte, ancianas acusadas de tener tratos con el diablo…). Por diversos que sean los acercamientos de los directores de este ámbito geográfico, todos parecen compartir un mismo planteamiento: el enfrentamiento entre la espiritualidad del ser humano y la profunda dureza, cuando no sordidez, de la vida. Sea como fuere, el medievo nórdico posee una sustancia que sobrecoge porque, viendo esas películas, uno llega a creer que el medievo debió de ser así. […]

Seguir leyendo

Publicado en Edad Media soñada | Etiquetado , , , , , | 3 comentarios

Smiley, el espía que comprendía “el misterio de la conducta humana”

John le Carré en el cine

Alec Guinness, el genial Smiley de la BBCLa guerra fría dejó muchas miserias en el mundo (y múltiples capítulos sin cerrar), pero cuando menos inspiró un género narrativo con leyes propias que, creo, ha enriquecido considerablemente el arte de la ficción, pues se aviene de modo especialmente sugerente al objeto final de toda práctica cultural: examinar desde distintas facetas, y por tanto conocer mejor, a esa ambigua criatura que es el ser humano. Estoy hablando del género del espionaje, que la guerra fría no inventó (Somerset Maugham o John Buchan —por hablar de dos importantes referencias del mundo anglosajón, que es donde, posiblemente, nació el mismo— son anteriores a la Segunda Guerra Mundial, como saben bien los admiradores de Alfred Hitchcock, que los llevó al cine en su famoso ciclo de thrillers británicos que lo acabaron llevando a Hollywood) pero que sin duda potenció. Aunque posiblemente no sea el mejor escritor que lo practicó (para mí, este rango le pertenece a su compatriota, y modelo más o menos reconocido, Graham Greene, autor de obras de la talla de El agente confidencial, Nuestro hombre en La Habana o El americano impasible), creo que el autor fundamental es el ingles John le Carré, puesto que a él se debe la definitiva cristalización de la práctica totalidad de los elementos que asociamos al género: el argumento que se desarrolla a través de sinuosos meandros hasta crear una sensación de caos y desorden a modo de metáfora de ese mundo absurdo; la degradación de conceptos como verdad o inocencia; el Juego (por supuesto, mortal) como metáfora y símbolo del espionaje y, por tanto, de la guerra fría; la deshumanización del mundo…

Seguir leyendo

Publicado en Tiempo de espías | Etiquetado , , , , , , , | 6 comentarios

Yesterday: All You Need Is Love

Cartel de la pelicula YesterdayUn joven cantante, Jack Malick, justo cuando acababa de aceptar su completa mediocridad y de decidirse a abandonar sus proyectos artísticos, es víctima de un accidente al mismo tiempo que el mundo sufre un extraño apagón de varios segundos; una vez restablecido, descubre que nadie parece recordar la existencia de los Beatles, de modo que decide apropiarse de sus canciones, lo que le convierte, de inmediato, en un genio revolucionario de la música. La mera recensión argumental de Yesterday (2019) señala un buen número de direcciones hacia las cuales podría tender su planteamiento, pero es evidente que, ante todo, su primera baza se encuentra en la importancia que poseen los Beatles —la única palabra del título basta para situar a todo espectador— no ya en el desarrollo de la música pop (sus entusiastas dirán que de la música en general) sino de la propia cultura popular. De entrada, yo soy de aquellos que no deberían permanecer indiferentes ante su mera formulación (aunque, paradójicamente, haya tardado casi dos años en asomarme a sus imágenes). Fui un incondicional del grupo de Liverpool cuando los descubrí mi adolescencia (nunca he vuelto a adorar del mismo modo a ningún otro grupo o solista, ni a conocerme tan elevado número de canciones con un mismo origen). Eso sí, en determinado momento me sentí agotado y tardé un buen número de años en poder volver a escucharlas sin sentir una completa indiferencia: de hecho, es un fenómeno que no deja de sucederme, desde entonces, con cualesquiera otros artistas del medio, de tal modo que bien puedo hablar de que, en mi caso al menos, he advertido cierta limitación del pop. Volviendo a Yesterday, añado que soy un rendido seguidor de la ciencia-ficción, género al que, por principio, parece corresponder semejante historia.

Seguir leyendo

Publicado en Cine musical | Etiquetado , , , , | 4 comentarios

La saga/fuga de J. B.: el Único y el Múltiple

La saga-fuga de J. B. en Destinolibro, la edicion en que yo la lei«Jota Be es uno y múltiple: en el presente es José Bastida, un humilde gramático; pero se encarna en otros J. B. del pasado. Uno de ellos es Joaquín María Barrantes, un vate decimonónico de Castroforte del Baralla, acerca del cual no se ponen de acuerdo la historia y la leyenda. Un día, el vate Barrantes, presa de hondas tribulaciones (ha recibido el disparo de una mujer despechada, ha escrito unos versos extraños…) siente que su cerebro “se divide en dos mitades”: es la voz de José Bastida que se ha metido dentro de él». Debo a este condensado pero sugerente resumen argumental (y al fragmento que lo acompañaba) el descubrimiento de una de las novelas más asombrosas que he leído en mi vida. El texto es de don Fernando Lázaro-Carreter, autor del manual de Literatura de COU al que tanto conocimiento debí en años fundamentales de mi formación como lector (por eso, para mí siempre será don). La novela, La saga/fuga de J. B., a cuyo autor, el gallego Gonzalo Torrente Ballester, los niños de mi generación relacionábamos con una serie que nuestros padres no nos dejaron ver por su supuesto morbo sexual, Los gozos y las sombras. En El Corte Inglés de Málaga, que entonces tenía una librería más que notable, encontré el libro mencionado por don Fernando, en su edición de Destinolibro, nº 94, descubriendo que tenía la forma perfecta de un ladrillo. Y al hojearlo (y dejando de lado la misma «dificultad» del título: ¿cómo se lee eso, pensé?), descubrí que prácticamente no tenía un solo punto y aparte; que aparecían en él, de cuando en cuando, versos en un idioma incomprensible; que aquí y allá se distinguían extraños gráficos o escisiones del texto en columnas, etc. Dudé un momento antes de comprarlo: mas vivía un año de tenaz heroísmo, en el que cayeron Volverás a Región, Pedro Páramo, una selección de cuentos de Borges y algún que otro texto raro más. Y me zambullí en su lectura a lo largo de unas imborrables semanas de diciembre en que la soleada ciudad en la que siempre he vivido pareció transmutarse en la brumosa localidad gallega donde transcurre la historia, y yo mismo creí convertirme en un avatar más de esos J. B. que se entrecruzan en el pasado, el presente y quién sabe si en el futuro de esa novela que luego he vuelto a leer en varias ocasiones. El siguiente texto intentará contagiar de esa sugestión.

Seguir leyendo

Publicado en Literatura española | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Dagón, la secta del mar: Lovecraft en Galicia

Buen dibujo para un poster de Dagon, la secta del marCon todos sus defectos, con todas sus insuficiencias, la sorpresa que produce Dagón, la secta del mar es encontrarnos en ella la tal vez mejor y más digna adaptación cinematográfica de una historia del gran H. P. Lovecraft. Es decir, no es un producto que ostente el nombre del Solitario de Providence para contar otra cosa, como es el caso de El palacio de los espíritus (1963), donde Roger Corman lo utilizó para hacer un mix con Poe más cercano al autor de Usher que al creador de Cthulhu, o de ¿Por qué lloras, Susan? (1968), cuya distancia con HPL es todavía más sideral, por mucho que la acción transcurra en un supuesto Dunwich. Tampoco plantea una historia original a través de la cual, y entre otros propósitos, se dé cobertura a genuinos elementos lovecraftianos, como hizo John Carpenter con la muy estimable En la boca del miedo (1994). Bien al contrario, Dagón, la secta del mar adapta a Lovecraft pretendiendo contar a Lovecraft, por mucho que se tome la aparente osadía de trasladar el escenario desde la Nueva Inglaterra original a un pueblecito perdido en la costa gallega, Imboca, sin que el cambio desvirtúe ni mucho menos la atmósfera original. Eso sí, pese a lo que dice el título, el relato adaptado no es el modesto Dagón, uno de los primeros textos suyos que vieran la luz, concretamente en 1919 (si bien se escribió dos años atrás), sino el genial La sombra sobre Innsmouth, una de las cimas del escritor.

Seguir leyendo

Publicado en Cine fantástico español, Lovecraft y lo lovecraftiano | Etiquetado , , , , , | 2 comentarios

El espíritu de la colmena y El sur: ¿Erice solo hizo obras maestras?

El sugerente cartel de El espiritu de la colmenaEl tiempo pasa sobre todas las cosas. También sobre las dos únicas películas de ficción que Víctor Erice ha rodado hasta la fecha (y ya parece difícil creer que vayan a ser acompañadas por alguna más), sobre las cuales se ha otorgado a este cineasta la reputación de ser uno de los directores más extraordinarios de nuestro cine. De hecho, la aparición de El espíritu de la colmena en el festival de San Sebastián de 1973 (donde ganó la Concha de Oro) constituyó todo un acontecimiento cultural, siendo considerada desde el primer momento no ya una obra maestra sino la obra maestra de la historia del cine español. (No dice mucho de él, o de sus críticos, la facilidad con que se encuentra una película por encima de todas las demás: otras veces ha sido Viridiana, de Buñuel, y otras Plácido, de Berlanga, y lo mismo podría hablarse de la literatura española, en el seno de la cual el equivalente le ha correspondido, sobre todo, al Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos.) La otra película, El sur, estrenada diez años después, casi puede decirse que estaba anunciada como nueva obra maestra incluso antes de que nadie viera una sola de sus imágenes. ¿Es cierto esto? ¿Estamos ante dos películas irremediablemente excepcionales, sin discusión alguna? Después de casi medio siglo en el primer caso, y de cuatro décadas en el segundo, ¿se sigue pensando lo mismo? ¿Ha aumentado el número de sus admiradores de primera hora… o entre las jóvenes generaciones de cinéfilos nadie ve las películas de Erice, como pasa con otros directores cuya obra se aleje más allá de los veinte años?

Seguir leyendo

Publicado en Clásicos del cine español | Etiquetado , , , , | 4 comentarios

Infeliz, atribulado, genial Fernando Fernán Gómez (II)

I            II

Inolvidable Fernando Fernan GomezLa situación de Fernando Fernán Gómez al principiar la década de los 50 era inmejorable. Diversos éxitos, ya reseñados en el artículo anterior, lo situaban en puesto alto dentro del por otra parte modesto star-system nacional. A la vez, las películas que filma en estos momentos (ya he hablado de una de ellas, El último caballo, de Edgar Neville), terminan de indicarle cuál es el camino que quiere transitar. En este sentido, sus inquietudes artísticas no tardarán en conducirlo a la dirección. Como actor, Fernán Gómez va a dibujar al español medio propio de esa sociedad truncada del franquismo, obligadamente conformista pues en ella apenas había espacio para la supervivencia (o para el medro, mas esto solo al alcance de quien sabía sumarse al carro de los triunfadores, y él siempre estará entre los perdedores). Como director, de entre todas las influencias posibles, escoge el modelo de ese humor del absurdo que, en teatro, tuvo como grandes figuras a Mihura y a Jardiel Poncela, con su gusto por los diálogos delirantes y, en especial este último, por las continuas variaciones cómicas de la narración (incluida la interacción de personaje y espectador/lector). Así, el todavía joven cineasta, con esas referencias, toma como portavoz a ese tipo oprimido por todo y por todos (incluido por sí mismo), a través de una memorable galería de películas, como actor y como actor-director, para contar la eterna lucha del hombre contra el entorno hostil, más hostil si cabe en el caso español por razones evidentes. Es más, los problemas que tantas de sus películas tendrán con la censura o con los distribuidores, simbolizan de modo significativo (y triste para él, por lo que supondrá de freno a su creatividad) esta condición. Y pese a todo contratiempo, su figura resplandece con luz propia en esta época que, pese a la falta de libertades, constituye la más brillante de toda la historia del cine español.

Seguir leyendo

Publicado en Clásicos del cine español | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Infeliz, atribulado, genial Fernando Fernán Gómez (I)

I                   II

Un joven y lechuguino Fernando Fernan GomezEra alto, era flaco, era desgarbado. Tenía la voz profunda, incluso engolada. Por si fuera poco, era pelirrojo. Parecía destinado a llamar la atención, y es fama que el consagrado autor Enrique Jardiel Poncela, atraído por sus dotes y su configuración física, cambió el nombre del personaje que le estaba asignado en la obra que iban a estrenar, la famosa Los ladrones somos gente honrada, llamándolo el Pelirrojo, y así ha quedado (tiene gracia que en la versión cinematográfica más conocida, la de 1956, con José Luis Ozores y José Isbert, el personaje siguiera llamándose así… pese a que aquí lo encarnara Antonio Garisa, que ni era pelirrojo ni, ya puestos, tenía apenas pelo). El nombre de Fernando Fernán Gómez se sigue pronunciando con el respeto que merece una de las figuras más importantes que haya dado el siglo XX español. Junto a unos pocos más (el señalado Isbert, Francisco Rabal o Fernando Rey), se encuentra en el grupo de nombres más conocidos a nivel popular que jamás haya dado nuestro cine. A diferencia de ellos, sin embargo, su figura posee un escalón de proyección mayor, puesto que su inquietud artística (a partir de una completa formación de autodidacta) lo llevó a convertirse también en director de cine, por no hablar de sus diferentes incursiones en la literatura. Lo particular de su caso es que, en los años más fértiles de su carrera, fue componiendo un tipo de personaje que se fue enriqueciendo a través de su colaboración con varios de los más emblemáticos directores del cine español (Edgar Neville, Luis G. Berlanga, Juan Antonio Bardem o José Antonio Nieves Conde) y que, después, él mismo desarrolló en sus primeras y mejores realizaciones: el español medio de ese largo y gris intermedio de nuestro siglo XX que significó el franquismo, siempre atribulado, casi siempre infeliz, solo ocasionalmente contento de no estar pasándolo del todo mal, aunque seguramente fuera un efímero espejismo.

Seguir leyendo

Publicado en Clásicos del cine español | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Borges, creador de Hawthorne

Wakefield y otras fábulas sobre la ausencia          

Wakefield y otros hombres que se perdieron

Nathaniel HawthorneNo comprendo cómo nadie se ha dado cuenta antes: Nathaniel Hawthorne, el escritor supuestamente nacido en Salem (Nueva Inglaterra) en 1804 y muerto en otra ciudad cuyo nombre también tiene aroma de puritanismo, Plymouth, en 1864, es una creación del argentino Jorge Luis Borges. La invención parte del (supuesto) ensayo del mismo nombre, Nathaniel Hawthorne, incluido en el libro Otras inquisiciones, publicado en 1952, si bien una nota a pie de página indica que es de 1949 y que fue presentado como una «conferencia» sobre literatura norteamericana. Se me dirá que es imposible que un escritor cuya obra es prolífica y sobre quienes tantos contemporáneos han escrito (Pre-Textos acaba de publicar el bonito texto biográfico que le dedicó Henry James) sea una invención de un autor posterior en un siglo. Pero ¿acaso no hablamos de alguien que fue capaz de fundir inextricablemente el ensayo con la ficción y que en más de una ocasión ha provocado confusiones de este tipo en sus lectores, que han solicitado a su librero habitual obras que solo existieron en la imaginación de aquel, tan real parecía su urdimbre? En ese ensayo, Borges ofrece numerosos datos sobre la vida y la obra del apócrifo escritor estadounidense e incluso crea un cuento entero, inserto en el texto, titulado Wakefield, y que yo bien estoy por asegurar que sea la obra maestra del argentino, superior a obras maestras del calibre de El Aleph o Pierre Menard, autor del Quijote. Precisamente, este cuento, compuesto en 1939, ya expresa el plan seguido después por Borges, al tratarde un supuesto autor de un Quijote que no es copia del cervantino sino creación original, pese a coincidir punto por punto con el hipotéticamente anterior. Es más, en el mismo ensayo también deja escapar una pista, al decir que «un gran escritor crea a sus precursores». Aunque él arguye que se refiere a Kafka, cuya existencia significa una relectura de Hawthorne, que presagia el mundo de culpas indescifrables de aquel, yo afirmo que es un dato mediante el cual el argentino habla a nuestra inteligencia.

Seguir leyendo

Publicado en Autores, Borges | Etiquetado , , , , | 3 comentarios

Un clásico llamado Peter Weir (III): las últimas películas

I           II          III

Cartel original de Fearless o Sin miedo a la vidaLa revisión exhaustiva de la filmografía de Peter Weir me ratifica en la impresión que ya tenía: la mejor película de su etapa norteamericana, a la altura además de sus magníficos trabajos australianos, es una de las que peor acogida comercial tuvo y menor renombre actual posee. Se trata de Sin miedo a la vida (1993) —el título original, más sencillo, más ascético, Fearless, fue estúpidamente concretado por los distribuidores españoles, realmente nefastos en las últimas décadas—, una obra que, además, es la que mejor conecta con aquellas sugestivas fábulas. Como el abogado de La última ola, el protagonista de la película, llamado Max Klein, es un hombre que, de pronto, se siente poseído por una nueva percepción de la realidad. En su caso, sin embargo, todo parte de un hecho radical: su supervivencia en un accidente de avión que costó la vida a la mayor parte del pasaje. Esta circunstancia convierte a Max en un iluminado, lo cual lo emparenta con otro notable personaje de la filmografía de Weir, el Allie Fox de La costa de los mosquitos, si bien con una diferencia: aun cuando el nuevo estado de Max desmorona su armonía familiar (como también pasaba con la de David: la «normalidad», en los momentos de cambio, es lo primero que siempre salta por la ventana), no pone en peligro la vida de sus seres queridos sino, en todo caso, la suya. Por cierto que, si Weir ha demostrado sobradamente su capacidad para conseguir magníficas actuaciones de actores por lo común discretos (Richard Chamberlain, Harrison Ford, Robin Williams), en este caso, con un buen actor en tan delicado papel, obtiene la que probablemente sea la mejor interpretación que puede encontrarse en su cine, la del protagonista Jeff Bridges.

Seguir leyendo

Publicado en Peter Weir | Etiquetado , , , , | 4 comentarios