Impresiones (8). La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez

8 La fuente de la edadHacía tiempo que me había propuesto cubrir un hueco en mi conocimiento de la literatura española de las últimas décadas, el del escritor leonés Luis Mateo Díez. Sin haber leído nada suyo, sentía una simpatía instintiva por él después de leer en diversos escritos que en su día, y junto con otros compañeros de generación, se había propuesto una recuperación de la novela con historia que rescatara a la ficción española de la omnipresencia de la corriente experimentalista (hablamos de los años setenta, la época en que comienza a publicar). Aun sabiendo que hoy día es conocido ante todo por aquellos de sus libros que transcurren en el espacio personal de Celama, no he tenido dudas en comenzar por la segunda novela larga del autor, cuando todavía no había inventado dicho lugar, que quizá sea la más conocida de todas las que componen su obra, La fuente de la edad (1986). El planteamiento que anima este libro no era original a esas alturas —al final de este breve comentario, mencionaré la mejor novela española con el mismo espíritu—, pero a mí me parece especialmente atractivo: la gris realidad cotidiana en que se desenvuelven los personajes intenta ser trascendida por estos mediante la necesidad del mito y la fábula; la colisión entre ambas, por supuesto, discurrirá entre el patetismo y la farsa, pero no por eso aquellos renunciarán a una dignidad básica.

Díez ubica su historia en una ciudad provinciana innominada, pero que no es sino la de León donde creció y se educó, y la sitúa en los años cincuenta, espacio cronológico fundamental puesto que el tema central de su novela parte de la esclerosis moral propia de la sociedad franquista. En esa ciudad, un grupo de amigos de variopintas profesiones (un archivero, un boticario, un poeta sin oficio…), entre ellos una sola mujer (la maestra), que han formado una Cofradía, se sienten fascinados por la figura de un heterodoxo eclesiástico en cuyos escritos se habla de una fuente de la juventud que se encuentra en alguna parte de la región. El libro se divide en tres partes. En la primera, los Cofrades ejecutan una aventura nocturna destinada a apoderarse del manuscrito donde se habla del secreto, lo que exige penetrar clandestinamente en la casa donde se encuentra. En la segunda, saldada con éxito la anterior peripecia, los Cofrades emprenden el viaje (de tres días tan solo) por la comarca donde debe hallarse de la fuente. En la tercera, y tras descubrir que el manuscrito ha sido el producto de una burla por parte de sus enemigos (miembros de las fuerzas vivas de la ciudad, encastillados en el Casino local), los Cofrades emprenden su revancha, consistente en utilizar la fiesta de entrega de premios de los Juegos Florales (que previamente ha ganado uno de ellos) para verter en el ponche una pócima que debe revolver los estómagos de todos los participantes del evento.

8 Luis Mateo DíezNo dudo de que en su momento el libro resultara razonablemente diferente en el contexto en que se publicó. Ahora bien, a mí La fuente de la edad me parece fallida. Creo que el propósito de novedad que lo anima choca con un obstáculo: intentando plantear una alternativa a esa «modernidad» que estaba de moda en la literatura española, sin embargo la novela destila una reminiscencia a lo antiguo (tal vez por la ambientación cronológica) que tiene algo de anacrónica. Por otra parte, sus encomiables intenciones de reivindicación narrativa no llegan a buen puerto, en primer lugar porque la novela adolece de un lastre fundamental: la completa falta de interés de los personajes, que tardan mucho tiempo en personalizarse, hasta tal punto que casi hay que apuntar sus nombres y oficios para luego no confundirlos, pues por sus actos y palabras apenas se distinguen unos de otros. Y el adecuado dibujo de los Cofrades era fundamental, puesto que nos hallamos ante una historia que se explica a través de sueños y de ilusiones, de voluntades y de sometimientos, y el progresivo desinterés de la historia tiene mucho que ver con ese fracaso.

Del mismo modo, las partes del libro poseen notables oscilaciones. La segunda, la que aborda el viaje «mítico» es francamente aburrida. Llegado el momento más propiamente narrativo, al escritor sin embargo le falta el necesario sentido de la narración. Por otra parte, no llego a tener muy claro el objeto de esas peripecias, salvo el de subrayar, con previsible énfasis, la condición de fracasados de esos buscadores de la fuente. Falta sentido de la aventura, aunque es posible que esto no figurara entre las intenciones del escritor —claro que, para eso, ¿por qué poner a unos tipos a buscar la fuente de la juventud?—, y el apunte sobre la necesidad final del amor por encima de cualquier otra dimensión resulta demasiado tenue y es como si no se lo creyera demasiado. Mejor es la parte del robo del manuscrito y la laboriosa ejecución final de la venganza: en esas páginas hay una combinación entre el registro costumbrista y el jocoso que permite seguir con amenidad las empresas y trabajos de esos amigos más bien patéticos. Es por ello que no dudo de que, en el futuro, volveré a este escritor y a su ciclo de Celama.

En fin, a quien le interese el planteamiento propuesto por Luis Mateo Díez, debo señalar que la literatura española cuenta con una obra maestra que sabe exponer aquel con fortuna sin igual, sirviendo además una inigualable parodia-homenaje a la fiebre del experimentalismo. Hablo de La saga/fuga de J. B., la genial novela de Gonzalo Torrente Ballester, también protagonizada por unos personajes que habitan una pequeña población de provincias, los cuales, en pleno corazón enquistado del franquismo, intentan sobrevivir a la miseria coetánea refugiándose en la fábula, en el amor y en el humor, ofreciendo además un alarde narrativo fascinante como pocas veces en la literatura española.

La fuente de la edad. Cátedra (Letras Hispánicas), 2002.

Edición original de 1986.

Avatar de Desconocido

About Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
Esta entrada fue publicada en Impresiones, Literatura española y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta