I II
A pleno sol (1960)
La buena repercusión de The Talented Mr. Ripley en Francia (en Europa, la autora siempre ha sido especialmente bien acogida) desembocó en su traslado al cine, si bien bajo el rebautizo de A pleno sol (aunque sospecho que el cambio del título procede de la edición francesa del libro), que constituyó uno de los estrenos de mayor éxito de su momento, lanzando al estrellato a su joven protagonista, Alain Delon. El film fue elaborado en uno de los momentos de mayor ebullición del cine galo, justo cuando arrancaba la nouvelle vague. Hace ya muchos años, en un artículo excepcional que siempre ha sido uno de mis escritos de cabecera sobre cine, el gran crítico José María Latorre, se maravillaba de cómo esta película (indudablemente clásica en el sentido industrial y narrativo, sin nada de esa espontaneidad que tanto reclamaban los Godard, Truffaut o Rohmer), parece impregnada de esa alegría que envuelve los primeros títulos de estos jóvenes contestatarios que creían estar reinventando el séptimo arte. Y es que la primera sugestión que desprende la película es esa sensación de descubrimiento del gozo del cine, que en buena medida deriva de su transgresor propósito de narrar con deliberado sentido de la empatía las andanzas de un criminal cuyos actos nos vemos contagiados a aprobar en todo momento.
