Este artículo es una revisión exhaustiva, tras la oportuna relectura, del publicado anteriormente en el blog.
Según los libros de Historia, Guy Fawkes fue la cabeza visible de una conspiración católica, llamada «de la pólvora», cuyo objeto era volar el 5 de noviembre de 1605 el Parlamento inglés, con el rey y todo su gobierno en plena sesión. Detenido y ejecutado, enseguida sería objeto de execración o burla, bajo la forma de maniquí destinado al fuego, en esa conmemoración del acontecimiento que tiene lugar cada año, en ese día, que en España nos recuerda mucho a la Noche de San Juan. El rostro de Fawkes, convertido en máscara, es un poderoso icono de los tiempos actuales, y su forma definitiva procede de un espléndido cómic titulado V de Vendetta, cuyos responsables fueron el guionista Alan Moore y el dibujante Dave Lloyd. A este último se le debió la sugerencia de utilizar a Fawkes como reconocible avatar del protagonista del tebeo, el tal V, idea que fue adoptada con entusiasmo por Moore al encontrar así la piedra miliar sobre la que construir su carismático personaje. En su ficción, Moore utilizó elementos del cómic adulto y del cómic popular para situarnos ante una denuncia de la amenaza del totalitarismo —la cual siempre comienza con un resurgimiento del autoritarismo que cuestiona algunos de los valores de la democracia con la excusa del peligro de las esencias nacionales— bajo el formato de clásica antiutopía. El resultado, la primera de esa serie consecutiva de obras maestras (Miracleman, Watchmen, La Cosa del Pantano…) con las que el guionista revolucionó el panorama del cómic y que lo convirtió, junto a Frank Miller, en el artista más influyente del final del siglo XX.