Metro I II
Si el cuadro masculino del estudio contó con tres o cuatro voces simultáneas que solían repartirse los protagonismos, las voces femeninas estelares prácticamente se redujeron a dos, que por lo tanto figuran en la práctica totalidad de los trabajos el estudio en los años cincuenta. Fueron dos maravillosas actrices, Elvira Jofre y María Victoria Durá, asombrosamente complementarias entre sí, como indican los apelativos con que se las conoce: la voz dulce y la voz grave de la Metro, respectivamente. Escucharlas juntas en un mismo reparto doblando personajes de relevancia similar (lo cual sucedió bastantes veces) fue un privilegio. Es curioso, sin embargo, que la voz asociada al papel más famoso del estudio, la Escarlata O’Hara de Lo que el viento se llevó (1950), la de Elsa Fábregas (1921-2008), haya de quedar fuera de este artículo. Primero, porque aunque dobló bastante en Metro durante la década anterior (había dado su voz a Vivien Leigh más de una vez antes de ese trabajo) no estaba contratada en exclusiva y, además, justo en ese momento, y seguramente por el prestigio alcanzado por dicho papel, recibió una oferta de Madrid por parte de Hugo Donarelli, gran factótum de la profesión en la capital, y marchó allí como gran estrella. Volvió a mediados de los cincuenta y se contrató en Voz de España, sin volver a Metro. En Barcelona ya permanecería hasta su muerte, convertida posiblemente en la actriz femenina más legendaria del doblaje español tanto por su talento como por lo longevo de su carrera, que le permitió atravesar todas las épocas de la profesión en primera línea, adaptándose según su edad, desde la época de los pioneros y la clásica hasta asistir a la propia decadencia de la profesión, acumulando siete décadas de actividad, desde 1935 hasta 2007. Puede decirse que murió con las botas puestas.