WandaVisión, una sitcom de superhéroes

Otro poster interesante de WandaVisiónSeis películas entre las quince más taquilleras de todos los tiempos (a fecha de marzo de este año de 2022) —la primera de las cuales, y segunda en el ránking, Los Vengadores: Endgame (2019), solo ha sido desbancada de la cima por los reestrenos de la actual líder, Avatar (2009)—, dan fe de la increíble respuesta comercial que ha obtenido Marvel Studios desde que, en 2008, decidiera hacerse cargo personalmente del trasvase a la pantalla de sus personajes de papel. Es más, si en un principio la prudente apuesta consistió en poco más de un film por año, ahora mismo son varios los que se estrenan en cada temporada, creando una espesa red de interrelaciones entre todas las películas, de modo equivalente al universo marvelita de papel. Ahora bien, son quince años de Universo Cinematográfico Marvel frente a casi seis décadas de historia de los cómics. El apresuramiento con que se están vertiendo la mayor parte de sus personajes al cine está generando una hipertrofia que, aunque de momento parece eludir el riesgo de la saturación, sí provoca una inevitable pérdida de peso dramático de algunos de los más populares. El caso más emblemático era el de la Bruja Escarlata y la Visión, dos de los más carismáticos miembros de los Vengadores, cuya sugerente historia (por separado y en común: constituyen una de las parejas de Marvel por excelencia) había sido del todo desaprovechada en los films donde habían aparecido. Ahora, la apertura de Marvel Studios a la televisión ha tenido, cuando menos, una consecuencia positiva: una serie dedicada en exclusiva a ellos, WandaVisión —prefiero el nombre original al anodino rebautizo español: Bruja Escarlata y Visión— que no solo corrige esta laguna sino que posee un notable interés e incluso resulta una propuesta de considerable originalidad, por el inesperado juego referencial que realiza sobre la trayectoria de uno de los géneros televisivos más populares del medio, la comedia de situación o sitcom.

El género superheroico, lo sé, provoca una completa indiferencia (y seguramente, una notable antipatía al afrontar, en cine, semejante acromegalia) entre aquellos cinéfilos más veteranos que no leyeron los tebeos en su infancia o adolescencia. He razonado muchas veces que, por pueril que parezca su propuesta, encierra la misma semilla de grandiosidad o mediocridad que cualquier otro, pero admito que sea más difícil «entrar» en él sin haberlo hecho en la edad de las maravillas. Para mí, por ello, uno de los grandes atractivos del Universo Cinematográfico Marvel, es comprobar la relación entre los personajes de uno y otro medio, por supuesto fieles en gran medida a su origen en papel pero, en los mejores casos, con un tratamiento de notable personalidad. WandaVisión es un buen ejemplo.

La boda de Wanda y la Visión, en los tebeos

Aunque me asalte la tentación, no voy a resumir la historia de los dos personajes en sus más de 50 años de historia, pero es necesario referirse someramente a sus antecedentes de papel. La Bruja Escarlata nació en las páginas de The X-Men, en 1964, pues en principio era una mutante nacida ya con superpoderes como aquellos (esta condición fue alterada en los cómics hace ya unos años), y en los primeros tiempos, como casi todos los roles femeninos de la primera generación Marvel, recibió el tratamiento de un personaje frágil y secundario, hasta que guionistas más arrojados decidieron desarrollar sus hasta entonces inconcretas habilidades mágicas y convertirla en una heroína de notable poder. En cuanto a la Visión, era un androide construido por uno de los archienemigos de los Vengadores (en cuya colección debutó en el lejano 1968), Ultron, asimismo un robot, pero enseguida se pasó al bando de los héroes. El atractivo del personaje siempre fue el notable juego dramático deparado por su gélida e inhumana apariencia exterior, y los destellos de humanidad que poco a poco iría relevando. Por supuesto, el principal de estos fue su amor por Wanda Maximoff: la boda de ambos, en un especial de The Avengers (el Giant-Size 4, de 1974), es uno de esos grandes acontecimientos Marvel.

En el UCM, ambos fueron introducidos en el segundo título del ciclo del supergrupo del que procedía, Los Vengadores: La era de Ultron (2015). En él, Wanda y su hermano gemelo Pietro son dos jóvenes de un pequeño país de Europa oriental, Sokovia (inventado para el cine y luego trasvasado a los tebeos) que han sido modificados por la organización criminal Hydra al someterlos a la extraña influencia del Cetro de Loki (el arma que este utilizaba en sus primeros enfrentamientos con Los Vengadores), que encierra, sin que nadie lo sepa todavía, una de las casi omnipotentes Gemas del Infinito, en concreto la Gema de la Mente: Wanda ha recibido unos poderes de manipulación de las mentes y la energía tampoco muy concretados y Pietro la hipervelocidad.

Paul Bettany es la VisiónEn cuanto a la Visión, su origen es francamente curioso, al combinar elementos del cómic con otros ideados expresamente para el UCM. El villano Ultron, creado accidentalmente por Tony Stark, construye para sí mismo, con el poderoso material conocido como vibranium, un cuerpo bio-artificial, en el que, sin embargo, acabará introduciéndose el programa de inteligencia artificial JARVIS, otra creación de Stark que es el que controlaba su mansión high-tech en las primeras películas tanto de Iron Man como de Los Vengadores. El nuevo ente, por supuesto benévolo, se completa insertando en su frente la susodicha Gema de la Mente.

Tras ayudar a derrotar a Ultron (enfrentamiento que le cuesta la vida a Pietro), ambos personajes se integran en Los Vengadores. Así, irían participando en las distintas películas que incluye a sus personajes, en los que se fue sugiriendo, de modo más bien raudo y, por tanto, superficial, la progresiva atracción que va surgiendo entre ellos. Finalmente, en el primero de los dos multitaquilleros films del grupo en que se enfrentan a Thanos (Los Vengadores: Infinity War, 2018), la Visión moría a manos del titán loco al arrancarle este literalmente la Gema de la Mente de su cabeza. Y si bien Wanda también era víctima del famoso blip, ella volvía a la vida al final de Los Vengadores: Endgame (2019), mas su pareja no…

Este es el punto de partida de WandaVisión, serie estrenada en el mundo entero en 2021. Está formada por nueve capítulos cuya duración oscila entre la media hora de los primeros y los cuarenta y cinco de los últimos. Su alma mater, al igual que en el UCM, es el productor Kevin Feige, si bien la creadora oficial es Jac Schaeffer, quien asimismo firma el primer y el último de los guiones. Ahora bien, en un proyecto tan complejo como es el que nos ocupa es absurdo pensar en autorías singulares, sino en una conjunción de talentos.

Una sitcomo años 50 en el primer capitulo de WandaVisiónEl inicio de la serie, ciertamente, descoloca. Después de la habitual presentación del sello, con una serie de imágenes de sus principales personajes y la sintonía compuesta, el formato de imagen pasa al «viejo» 4:3 del cine anterior a la creación del primer panorámico, el CinemaScope, y también de las televisiones hasta no hace tantos años. La cabecera nos sitúa ante lo que parece una serie de los años cincuenta, en blanco y negro, que cuenta los avatares domésticos de una pareja que no son otros que Wanda y Visión (él vestido de traje pero con el inconfundible rostro robótico, que puede cambiar a voluntad, adquiriendo una apariencia plenamente humana). Y lo que se nos va a referir, para sorpresa del aficionado a los superhéroes, son los problemas de esta pareja, normal-pero-no-normal, la noche en que han invitado a cenar al jefe de él. Por mucho que hagan uso de sus poderes dentro del ámbito doméstico, lo que importa, ante todo, son las situaciones cómicas, como delatan las risas que saludan cada momento supuestamente gracioso, la cual, provenía, por cierto, de las grabaciones en directo de estas primeras series —también este capítulo, indican las informaciones, se ha filmado así—, hasta convertirse en un elemento obligado de cualquier sitcom de humor, aunque ya no se rodara ante público alguno, convirtiéndose en risas enlatadas.

No he visto en directo la serie, sino que la he consumido en tres tirones. Por tanto, no puedo hablar en primera persona del efecto que causara la recepción de este primer capítulo. O del segundo, en que de nuevo la estructura de sitcom es la misma, si bien cambian elementos del decorado (por ejemplo, la casa de los protagonistas), como si de pronto la acción se situara una década más allá. Y es que se trata de un efecto perseguido: cada capítulo, al menos hasta los finales, reconstruye la evolución del género desde los años 50 hasta, cuando menos, los 90, remitiéndose a ejemplos concretos: Te quiero, Lucy para el primero, Embrujada (muy apropiadamente) para el segundo, La tribu de los Brady (el tercer capítulo da el salto al color), Los problemas crecen o Malcolm in the Middle. Los estilemas estéticos y narrativos de cada una de ellas aparecen recogidos oportunamente, incluida la interpelación al público de los últimos ejemplos citados (al estilo de Salvados por la campana o Parker Lewis nunca pierde, por citar algunas de las que yo ya he conocido directamente).

Ya lo dice el eslogan, La familia que lucha unida permanece unida

¿Qué pretende la trama más allá de esta reconstrucción, que unos juzgarán brillante y a otros traerá sin cuidado? Evidentemente, tiene que haber gato encerrado. Marvel Studios no pretende mostrar la cara «amable» de sus personajes sino proponer un nuevo capítulo, ahora en televisión, de la evolución de su universo en imágenes. Así, en los tres primeros capítulos se van insertando pequeños momentos destinados a transmitir al espectador que algo en verdad extraño, incluso terrible, subyace por debajo de esa apariencia amable: un movimiento de cámara tras los créditos de la primera sitcom que muestran claramente la televisión en la que se está contemplando; una voz que surge de una radio, en el segundo, llamando claramente a Wanda; un individuo que, embutido en un traje de apicultor, emerge de la alcantarilla frente a la casa de los protagonista, envuelto en una nube de abejas…

[Desde este momento resulta inevitable, si se quiere hacer un mínimo comentario de la serie, desvelar toda clase de spoilers: quien prefiera conocerlos por sí mismos debe dejar de leer aquí]

Magnífica viñeta de John Byrne mostrando qué esconde en realidad el idílico LiddlevilleEn determinado número de Fantastic Four (el 236, nov. 1981), escrito y dibujado por uno de sus más celebrados autores, el canadiense John Byrne, durante muchas páginas asistimos a la existencia «normal» de sus protagonistas, el grupo conocido como Los 4 Fantásticos, que viven en un pequeño pueblecito llamado Liddleville, pero asaltados por sueños cada vez más persistentes en los que son héroes dotados de enormes poderes. La respuesta se revela pronto —aun atractivo, es un episodio decepcionante, por lo rápido que se solventa una situación que hubiera dado para mucho más, problema típico de la obra del mencionado Byrne— y es que un par de sus enemigos, el Amo de las Marionetas y el Doctor Muerte, han trasladado sus mentes a unas réplicas diminutas y los han situado en un escenario de tamaño reducido: el primero posee el adecuado poder para controlar mentes; el segundo, el conocimiento científico para dar vida a la farsa. Gracias a Muerte, el Amo de las Marionetas, padrastro de la novia de Ben Grimm, alias La Cosa, ha hecho realidad el sueño de la muchacha: darle una vida, vuelvo a utilizar comillas, «normal». Pero ya se sabe: por debajo de los sueños laten las pesadillas.

No digo que este cómic sea el origen del planteamiento de la serie (por otra parte, son ya varias las décadas de historia de los comic-books Marvel que no conozco como para permitirme semejante pretensión), pero supone una referencia nada desdeñable. Un personaje que aprovecha sus poderes para crear una alternativa a la deprimente realidad que permite cumplir el eterno sueño de normalidad que es uno de los principios motrices del mito del superhéroe Marvel. Pues la explicación se deja adivinar pronto y, por ende, no supone especial spoiler referirla pronto: Wanda, aprovechando la reminiscencia de la Gema de la Mente que ha asimilado dentro de sí misma, resucita a la Visión y remodela un humilde pueblecito llamado Westview para convertirlo en el lugar donde vivir la vida familiar que era su sueño recóndito.

El problema, claro, es que esa creación ha dejado una huella indeleble. Wanda ha aislado Westview del exterior convirtiéndolo en una anomalía hexagonal: cruzar su barrera significa penetrar en el sueño de Wanda y olvidar la identidad propia. Y es que todos los habitantes de Westview sufren esa anulación, esa remodelación que los convierte en los vecinos «normales» de ese matrimonio tan poco normal: el quisquilloso jefe y su esposa, la vecina cotilla, el patriarcal médico, el jovial cartero, etcétera. Unas vidas que, eso sí, cambian de década según cambia la inspiración televisiva del entorno, cambios que no pueden evitar.

Gemelos para Wanda y la VisiónEn el exterior, un equipo de agentes de la agencia de inteligencia SWORD ha rodeado la anomalía, cerrando el paso a cualquier visitante. Una de sus integrantes, la doctora Darcy Lewis (rescatada de las dos primeras películas de Thor, donde tenía a su cargo un personaje muy secundario), es la que descubre que pueden observar cuanto sucede dentro gracias a una señal que se transforma en la serie WandaVisión. Una serie que, como es natural, tiene una puesta en escena: es decir, que los planos, los encuadres y los movimientos de cámara que narran las andanzas de sus protagonistas no suceden al azar sino que son ejecutados y concebidos por alguien. Por supuesto, ese director, cuya tarea se realiza a un nivel subconsciente, es la propia Wanda. Como culminación de esa vida convertida en sitcom, la sokoviana queda embarazada. El embarazo es vertiginoso, puesto que en pocas horas da a luz a un par de gemelos (este argumento aprovecha ideas de una mítica aventura del cómic de Los Vengadores, que culminaba en su número 200, solo que quien sufría esa gestación acelerada era la superheroína Ms. Marvel, que no es otra que Carol Danvers, futura Capitana Marvel del UCM). Y los dos gemelos crecerán asimismo a notable velocidad: de hecho, ellos mismos son quienes controlan ese crecimiento y van dando saltos hasta estabilizarse en la edad de diez años. A todo esto, la Visión, progresivamente desconcertado por los extraños signos que observa a su alrededor, investiga por su cuenta, descubriendo que puede hacer despertar a sus vecinos de la ficción inducida por Wanda.

Todo esto, plasmado a través de la serie WandaVisión, es observado y examinado en el exterior, provocando diferentes reacciones entre los responsables de SWORD. La trama concede especial relevancia a tres de sus agentes, curiosamente procedentes de otras películas del UCM, aunque en ellas tuvieran un papel secundario, incluso episódico (es un mecanismo de refuerzo, claro, de los lazos que atan todo el universo de ficción marvelita). Se trata de la antedicha doctora Lewis, el agente Woo (procedente de Ant-Man y la Avispa) y la agente Monica Rambeau (hija de quien fue fundadora de SWORD y madre adoptiva de la Capitana Marvel, que aparecía en el film del mismo título). Precisamente es esta última la que consigue infiltrarse en la anomalía y escapar a la manipulación mental de Wanda, que la expulsa al descubrirlo: las entradas y salidas de la agente Rambeau provocan una alteración genética que es muy probable que se utilice para incorporarla al bando de los superhéroes. No se olvide que, en los tebeos, este personaje era miembro de los Vengadores bajo el alias de Capitana Marvel (la explicación de las equivalencias entre cómic y cine en torno a estos personajes con el alias de la editorial requeriría un artículo propio).

Por encima de tanta aparente complicación, el planteamiento esencial de la serie es estupendo: haciendo honor a uno de los adagios que se pronuncian en ella («el dolor es amor que persevera»), Wanda desencadena una atroz pesadilla para intentar reconstruir la vida que no pudo tener al lado del hombre al que amó y que está muerto (y que seguirá estando muerto tan pronto la Anomalía se disuelva). Una pesadilla cambiante, metamórfica, porque pese a haberla creado, su creadora no la controla totalmente. Una pesadilla cuya forma se modela sobre los sueños y los traumas de su infancia: si adapta el entorno (y lo va cambiando) de las famosas sitcoms ya señaladas es porque, en la turbulenta Sokovia donde creció y vio morir a sus padres, estas series eran la única válvula de escape.

Aaron Taylor-Johnson y Evan Peters, los dos Mercurios de las películas Marvel

El ingenio de este cruce de referencias alcanza en ocasiones un notable grado de sofisticación. Por ejemplo, al final del episodio 5 reaparece otro muerto: Pietro, el hermano de Wanda. Sin embargo, el actor que lo encarna no es el que lo hacía en Los Vengadores: La era de Ultron (esto es, Aaron Taylor-Johnson) sino Evan Peters, que se hacía cargo del mismo personaje, pero en las películas de los X-Men de Warner Brothers (de hecho, varios de los mejores momentos de esos films se deben al lucimiento de sus poderes de hipervelocidad). Wanda siente que hay algo erróneo en esa presencia, cierto; pero en el exterior, es la doctora Lewis quien, sin vacilar, se admira del «cambio» de actor. Otro elemento simpático es que, en la fiesta de Halloween que ocupa el episodio 6, Wanda y Visión escogen como disfraces dos coloristas uniformes de superhéroe… que son justamente los que portan sus personajes en los tebeos y que las películas han descartado por su simplicidad (aunque, en el final de la serie, Wanda acabará asumiendo una forma estilizada del traje clásico).

Paul Bettany y Elisabeth Olsen, la Visión y la Bruja EscarlataEn cuanto al capítulo interpretativo, es evidente que Elizabeth Olsen y Paul Bettany convencen plenamente en sus respectivos papeles, en la primera oportunidad auténtica que tienen de componer dos personajes y no dos meras figuras «invitadas». El físico inhabitual de Olsen (no estamos ante una actriz de clásicas formas estabilizadas e incluso podría hablarse antes de una mujer hermosa que de una mujer bella: es una forma torpe de expresar la extrañeza que me produce) le permite crear una Wanda a la vez cotidiana y misteriosa, muy cercana y sin embargo también inhumana cuando se desata dentro de ella la sensación de peligro. Ahora bien, no he visto a esta actriz en ningún otro papel y conozco muy bien la facilidad con que, en estos casos, podemos confundir familiaridad con calidad interpretativa. Me reservo, por tanto, ser demasiado encomiástico. En cuanto a Bettany, a quien sí he apreciado en otras buenas interpretaciones fuera del UCM, destaca el rostro gentil que aporta a su robótico personaje, dueño de una compasión y de una inquietud ante el sufrimiento ajeno que enriquece de modo admirable su tan difícil rol.

Es una pena que en el ánimo de Marvel Studios acabe pesando demasiado el miedo a forzar demasiado el desconcierto de sus seguidores con una historia demasiado introspectiva. Señalo esto porque el desarrollo de la historia acaba decantándose por unas soluciones argumentales demasiado convencionales para la revulsiva carga dramática que se había planteado. Es decir, se acaba buscando a unos enemigos que permitan a la serie girar hacia el seguro terreno de la acción que se supone innegociable en cualquier historia del género. En concreto, son dos, uno exterior y otro interior. El de fuera es el director de ese equipo de SWORD que vigila Westview y que ha decidido, sin consultar a nadie, destruir para siempre a Wanda y prevenir males mayores: a él se enfrentará el equipo de agentes señalado.

450_1000El de dentro es la aparentemente inofen-siva vecina cotilla del matrimonio protagonista, que en los últimos capítulos se revelará asimismo como una bruja, solo que en su caso arrastrada al lado oscuro. Se llama Agatha Harkness y, una vez más, los viejos marvelitas reconocerán que, bajo este nombre, existía en el universo de papel otro personaje, el de una anciana conocedora de los poderes arcanos que entraba en la historia como niñera del muy particular hijo de Mr. Fantástico y la Chica Invisible (volvemos a conectar con Los 4 Fantásticos) y que, después, se convertía en la maestra de Wanda para conocer sus latentes poderes místicos. En este caso la apropiación del nombre me parece un abuso destinado a buscar la fácil complacencia de los seguidores clásicos de Marvel, no solo innecesaria sino además inconveniente por cuanto el personaje aporta poco al planteamiento. Como mucho, revelar a la ya del todo consciente Wanda de su capacidad para conectar con la llamada Magia del Caos, asumiendo definitivamente el rol de Bruja Escarlata… y dar pie al espectacular duelo final que justifique el imprescindible derroche de efectos digitales. Paralelamente, la Visión se enfrenta a un doble de sí mismo, un cuerpo robótico creado a instancias del director de SWORD para destruirlo y reemplazarlo, mas incoloro y sin sus recuerdos: esta falta de aquello que otorga la humanidad es lo que hará que el doble (revelando ahora, por contradictorio que parezca, un rasgo humano) y que la Visión original, con generosidad, despertará en él, es lo que lo moverá a abandonar la batalla.

Vuelvo a repetir: es una pena que Marvel Studios no decidiera hacer honor al formidable estudio sobre el dolor y la subsiguiente recreación de la realidad que encerraba WandaVisión. La que podría haber sido la primera historia intimista de la casa queda así reducida a un what if sugestivo que cada espectador o lector o ambas cosas a la vez deba ejecutar para sí mismo (¿no forma parte del juego que se nos invite a hacer lo mismo que hace Wanda: imaginar lo que podría haber sido?). En cualquier caso, WandaVisión prolonga la vitalidad del UCM, puesto que posee en grado máximo una de las virtudes que debe contener cada uno de sus capítulos: ofrecer un cierre adecuado al segmento narrativo propuesto, dejando en el aire unos atractivos hilos que retomar en otro momento. Tal vez en Doctor Strange en el multiverso de la locura…

El hogar de unos superhéroes, Wandavisión

Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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2 respuestas a WandaVisión, una sitcom de superhéroes

  1. Renaissance dijo:

    Tengo pendiente ver Doctor Extraño y el multiverso de la locura (reconozco que en este caso, pesa mucho el contar con Sam Raimi como director), del que también había oído que Wandavisión sería un poco una precuela necesaria para comprender las referencias del largometraje. Algo que no me atraía pese a las reseñas positivas, precisamente por esa sensación de hipertrofia que me transmite el universo audiovisual (y un poco porque al igual que Wanda, he optado por refugiarme en todas las series que veía en los noventa, de modo que entre Seinfield, Expediente X y Buffy, voy servida).
    Después de leer tu reseña, sí que esta resulta en conjunto la más interesante de todas las series producidas con posterioridad a 2021, donde se se atreve a jugar con el lenguaje referencial y aporta un poco más acerca de ambos personajes…pero donde una vez más, parece que pesa más la intención instrumentalista de la compañía a la hora de hacer una producción que guste al espectro de público más amplio posible aunque esto suponga sacrificar el desarrollar un poco más la situación de duelo que sufre su protagonista. Algo así como «vamos a reflejar de forma creativa una visión del duelo y cómo sus protagonistas enfrentan la realidad, pero por si acaso, no mucho»

    • Desde el cénit que fuera el díptico contra Thanos, los responsables del UCM creo que todavía no han encontrado cómo reemprender la senda sin sus héroes más carismáticos (el Capitán América y Iron Man), por mucho que yo diría que ya hay una senda argumental que conducirá hacia el equivalente de aquellos títulos en esta nueva etapa (y tendrá algo que ver con ese Multiverso que ya ha aparecido en varios films). Las películas estrenadas ahora recurren más que antes a la interacción entre personajes y a las referencias al ya nutrido corpus del UCM, pero hasta ahora solo parece un recalentamiento de lo ya conseguido. «Spider-Man: No Way Home» es un ejemplo y el nuevo «Doctor Strange», aun entretenido, también va por ahí. Saturación y falta de ideas, de momento. Y poco riesgo, como prueba esta «WandaVisión», por más que los productos (salvo «Eternals», que menudo tostón…) sigan siendo entretenidos.

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