A propósito de tanta fase/desfase, ha sido inevitable, al parecer, que los cinéfilos sacaran a colación las suyas favoritas. Y una cosa lleva a la otra, y me ha hecho rescatar uno de mis primeros artículos del blog, sobre esta genial película de ciencia-ficción. Lo he revisado tan a fondo (después de hacer lo mismo con la peli) que, en gran medida, puede hablarse de entrada nueva.
Diseñador gráfico conocido ante todo por sus famosos y magníficos títulos de crédito para Hitchcock, Preminger o Scorsese, Saul Bass rodó una única película, que en su momento careció de repercusión, pero a la que el tiempo ha ido otorgando una muy merecida reputación de film de culto. Sucesos en la IV fase (1974) es una originalísima película de ciencia-ficción, muy característica del particular devenir del género en los años 70, sorprendido entre su inesperada emersión como cine «culto» a partir de determinados éxitos de finales de la década anterior (2001, una odisea del espacio y El planeta de los simios, ambos de 1968, sobre todo) y el momento en que la eclosión del cine de blockbusters (Lucas, Spielberg) lo arrastraría de nuevo a las viejas fórmulas del Hollywood clásico (en cuanto a puerilidad de concepto), solo que con efectos especiales de última generación, perdiendo en el proceso la densidad adulta alcanzada poco antes. De hecho, Sucesos en la IV fase es un ejemplo especialmente relevante de cómo reformular un tipo de historia que hasta entonces había sido pasto de la ciencia-ficción más ingenua, las películas de amenaza animal, construidas siempre en torno al peligro que para el hombre supone alguna especie que de pronto cobra una inusitada peligrosidad. Normalmente, esto se había debido al incremento de tamaño —provocado involuntariamente por el hombre, por ejemplo, debido a sus manipulaciones con la energía atómica—, pero entre el tono camp de esa ciencia-ficción concebida, por lo general, para un público de drive-in que se suponía poco sofisticado y el tosco nivel artesanal de los efectos especiales, la amenaza apenas podía tomarse en serio, incluso en sus más relevantes ejemplares, como La humanidad en peligro (1954). A propósito de este título, Sucesos en la IV fase aborda el mismo planteamiento: el ataque de las hormigas contra la humanidad. Solo que, en este caso, sin necesidad de aumento de tamaño, sino, sencillamente, de inteligencia. En las breves pero certeras palabras de Carlos Aguilar en su Guía del Cine, «se trata de demostrar que en igualdad de condiciones intelectuales las hormigas derrotarían al Hombre y se consigue».