Reedito un artículo al que le tengo mucho cariño, por constituir una de mis primeras entradas en el blog (la cuarta, en concreto, de 3 de septiembre de 2012) y porque versa sobre un tema que suele eludirse en las críticas de la magnífica película que lo centra, la mítica “Vértigo”, de Alfred Hitchcock: la sugestiva novela de partida. Me anima a recuperarlo, claro, el que ahora, más de cuatrocientas cincuenta y pico entradas después, pueda encontrar más lectores que los mínimos que tuvo en los albores de este blog. Para la ocasión, lo he corregido mínimamente, pues por lo demás figura prácticamente tal cual lo escribí.
La gran olvidada de la película Vértigo es, precisamente, la novela en que se basa. Normalmente, cuando un gran autor adapta un libro, suele afirmarse con fervor (y sin que sea «obligatorio» haberlo leído) que el susodicho ha llevado la obra a su propio terreno, y así se ha escrito sobre multitud de obras y novelistas. Sin embargo, a la novela De entre los muertos ni siquiera le ha cabido semejante «honor»: lo normal ha sido hacer caso omiso de ella. La dignísima excepción proviene del excelente crítico e historiador Carlos Aguilar, que le dedicó un artículo a la novela en la revista Nickelodeon, nº 8, dedicada a la película de Hitchcock y a La palabra/Ordet, del danés Dreyer.) Es posible que esto se deba a la dificultad en poder confrontar la la película con el original. Me refiero en la actualidad, pues sus autores, los franceses Pierre Boileau y Thomas Narcejac, formaron una pareja especializada en relatos policiacos muy popular en su época, como prueba el elevado número de adaptaciones al cine de sus libros. En España, la última edición (que tampoco gozó de excesiva repercusión) fue publicada bajo el título del film, Vértigo, por la editorial Nebular en el año 2002 (traducción de Jandro Murillo), con un magnífico apéndice a cargo de Roberto Cueto.

