La saga Toy Story o la metafísica del juguete

Cartel original del primer Toy StoryEn 1995, el estreno de una película firmada por un pequeño estudio que, aun bajo el paraguas protector de Disney, era completamente desconocido, Pixar, supuso una conmoción para el cine de animación. El film se llamaba Toy Story y su novedad radicaba en constituir el primer largometraje del género completamente realizado por ordenador. En el aspecto visual, eso significó que los espacios, objetos y personajes adquirían una reluciente tridimensionalidad, que dejaba atrás el reinado clásico del dibujo animado «plano». Veinticinco años después, en el llamado mundo occidental la animación clásica prácticamente es residual en beneficio de la tridimensional (pero no ha muerto: el anime japonés, con el gran Hayao Miyazaki a la cabeza, se mantiene fiel al modelo tradicional con notable esplendor artístico). La importancia de Toy Story como film pionero es evidente, como el hecho evidente de su envejecimiento en todos los terrenos: por supuesto, en la propia animación, pero también en la calidad narrativa y en la profundidad dramática. Ahora bien, quién iba a decirlo, las secuelas surgidas de su estela (en 1999, 2010 y 2019) irían creando un vasto ciclo dotado de progresiva profundidad y enorme coherencia interior, presidido por un admirable espíritu de superación que ha hecho que cada título sea superior al previo. Sin dejar de tener en cuenta que el primer nivel de público al que van dirigidas son los niños, y que todas respetan el modelo original, la saga surgida del muy imperfecto film de 1995 ha acabado conformando un conjunto de notable densidad dramática, cuya primera y más admirable característica es que, a partir de esos humildes seres cuya primera obligación es consagrarse a la felicidad de sus pequeños amos, consigue efectuar una notable reflexión sobre los temores e inseguridades, sobre las convenciones y la necesidad de transgresión de de la criatura más compleja y a la vez imperfecta de nuestro mundo: esa humilde entidad llamada hombre.

Seguir leyendo

Publicado en Animación | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Westerns olvidados de los 60 y 70 (II)

I             II

Dustin Hoffman, impensable hombre del oeste en Pequeño gran hombreEl espectacular éxito de Grupo salvaje (1969) terminó de orientar el western estadounidense hacia una dirección concreta, perdiéndose en el camino esa diversidad de rumbos que, como hemos visto en la entrega anterior, caracterizaba el género en los años 60. El sentido de la violencia, la crudeza de las imágenes, el hiperrealismo de la escenografía o la exhibición de los más bajos instintos, apenas temperado por cierta inevitable pervivencia de la nobleza interior (estamos en Hollywood, no en el Mediterráneo) se trasladó al grueso de las producciones estadounidenses. Por supuesto, tampoco Grupo salvaje es en sentido estricto pionero de nada, puesto que los más notorios ejemplares del spaghetti western ya habían llegado a sus pantallas. Verbigracia, los de Clint Eastwood, cuyo primer film americano ya aclimataba, en parte, las constantes de su famosa trilogía con Sergio Leone: Cometieron dos errores (1968). En cualquier caso, no tarda en desaparecer de escena esa diversidad de rumbos por los que discurría el western sesentero, adquiriendo el género una nueva homogeneidad. Por desgracia, ya estaba tocado de muerte: pese a que el primer lustro de la década todavía presenta muchos ejemplares, a medida que avanza esta las películas del Oeste se van espaciando, hasta que llega un momento en que pueden contarse con los dedos de una mano… y sobran. Como se sabe, en los 80 el western prácticamente desapareció, salvo para ser objeto de particulares homenajes (Silverado, de Lawrence Kasdan), no regresando hasta principios de los 90, cuando el éxito de Bailando con lobos (1990) y Sin perdón (1992) hizo creer en una ilusa resurrección del género.

Seguir leyendo

Publicado en Territorio western | Etiquetado , , , , , , , | 3 comentarios

Westerns olvidados de los 60 y 70 (I)

I          II

Foto de promoción de Un hombre, o sea, Paul NewmanSi estas cosas pudieran datarse con precisión científica, el año 1962 marcaría el final de la etapa clásica del western. En esa fecha se estrenaron tres películas objetivamente muy distintas entre sí, pero vinculadas por un elemento común: las tres constituían un canto al final del mito del west man, del hombre que no conoce más leyes que la de ese concepto fascinante y ambiguo que es la Frontera pero que se rige por una ética propia que sabe dictarle siempre cuál es el lado de lo correcto: un portador de civilización aun cuando los hombres civilizados cuya llegada ha permitido lo miren después como a un salvaje que debe hacerse a un lado. Se trata de El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford, Duelo en la alta sierra, de Sam Peckinpah y, ya en ambientación coetánea, dentro de una variante que no tardaría en llamarse «neowestern», Los valientes andan solos, de David Miller. Por supuesto, el western no murió, ni siquiera el clásico, pues a él todavía se considera que pertenecen las últimas películas de directores de «siempre» como Raoul Walsh, Henry Hathaway y Howard Hawks. Pero durante mucho tiempo —seguramente hasta que las modernas tecnologías domésticas y la Red dejaron de hacer depender nuestro conocimiento del cine de programadores de televisión y de filmotecas— se nos hizo creer que todo lo que llegó después fue degradación, símbolo eminente de lo cual fue la perversión que sobre el género desencadenó el western mediterráneo, tildado despectivamente de spaghetti western. En los USA siguieron haciéndose películas del Oeste, claro, pero con salvedades no aceptadas por todos (verbigracia, Sam Peckinpah, a la vez nostálgico irredimible de una época perdida y notorio renovador del género), tampoco fueron aceptadas, utilizándose etiquetas con propósito peyorativo para despreciarlas: el western se llenó así de nostalgia, revisionismo, desmitificación, humor paródico, eclecticismo, intelectualismo o suciedad.

Seguir leyendo

Publicado en Territorio western | Etiquetado , , , , , , | 2 comentarios

El hombre que viajaba a través del tiempo

La ciencia-ficción de H. G. Wells

Para no faltar a la cita semanal con este blog, mientras eso que se llama “deberes profesionales” me impide renovar artículos, rescato esta vieja entrada (la tercera que publiqué, en agosto de 2012), adecuadamente revisada, sobre la entrañable creación de H. G. Wells y su mejor adaptación cinematográfica.

La máquina del tiempo (1895, H. G. Wells)

la-maquina-del-tiempo-en-anaya-tus-librosEn el curso de dos semanas de arduo trabajo del año 1895, el joven aspirante a escritor H. G. Wells, a partir de un relato previo, dio forma definitiva al que hoy es uno de los mitos fundamentales de la imaginación humana: la máquina del tiempo. Su intención era ambiciosa, y sin embargo gran parte del encanto que mantiene la novela es el tono ingenuo y modesto que emana de sus páginas. Wells, un literato formado a sí mismo, de origen humilde y que pasó por trabajos de muy modesta extracción antes de convertirse en hombre de letras, tenía cerca de treinta años. En La máquina del tiempo confluyen dos de sus inquietudes de aquella época: las preocupaciones sociales y el interés por la ciencia. La primera la mantuvo toda su vida. La segunda permitió una deslumbrante serie de novelas que le han otorgado la inmortalidad, pero que remitió después de ese asombroso flujo inicial para dar paso a otro tipo de escritos que ya son más bien pasto de especialistas que del público en general. Entre sus admiradores destaca Jorge Luis Borges, de hecho el gran defensor «culto» del autor británico, que siempre habló con entusiasmo del primer Wells, al que dedicó un ensayo contenido en su Otras inquisiciones.

Seguir leyendo

Publicado en Ciencia-ficción, H. G. Wells | Etiquetado , , , | Deja un comentario

X-Men: Fénix Oscura, buen cierre del ciclo mutante

Trilogía inicial               La primera generación             La Saga de Fénix Oscura (en cómic)

Cartel español de X-Men Fenix OscuraEn el año 2000, la Fox abría una nueva era a las películas de los héroes Marvel con X-Men; 19 años después, X-Men: Fénix Oscura cierra el ciclo mutante abierto entonces, puesto que los personajes pasan a ser controlados por Marvel Studios (y a integrarse, por tanto, en su universo cinematográfico, para compartir aventuras con los más notorios héroes de la casa). Es una pena que la repercusión, comercial y valorativa, que está mereciendo sea tan negativa, y tal vez en parte sea porque el estudio no ha calculado que le perjudicaba un estreno tan cercano a Vengadores: Endgame, por puras razones de saturación de «intensidad» entre los incondicionales del género. Y lo digo porque me parece no solo un buen cierre, sino incluso una película mejor que Endgame. En cualquier caso, Fénix Oscura es el cuarto capítulo de una tetralogía que ha destacado tanto por su buena factura como por su notable coherencia interior. Hay que recordar —pueden consultarse los enlaces que sitúo al pie de este artículo— que en estos veinte años la Fox ha tenido tiempo de plantear una trilogía inicial, estrenada entre 2000 y 2006 (cuyo personaje más carismático fue el Lobezno encarnado por Hugh Jackman), un par de spin-offs de este mismo héroe (rematados, mucho después, en 2017, por el muy estimable Logan, que cerraba el ciclo del mutante de las garras con un conseguido aroma crepuscular) y, finalmente, hasta de abordar una renovación o reboot de una franquicia que parecía haberse agotado pronto. Una renovación concretada en cuatro capítulos: Primera generación (2011), Días del futuro pasado (2014), Apocalipsis (2017) y la presente Fénix Oscura (2019), que posee la virtud de presentarse como un núcleo coherente, capaz incluso de dialogar con la primera trilogía y de aprovechar de modo excelente lo mejor de la colección original de los cómics.

Seguir leyendo

Publicado en Superhéroes Marvel | Etiquetado , , | 2 comentarios

Nuestra Señora de París: la bella, la bestia y el demonio

Edicion de Nuestra Señora de Paris, en Catedra¿Cuántos incontables libros conocemos sin haberlos leído jamás? La condición vampírica de otros medios expresivos del arte de la ficción, como el cine, la televisión o el tebeo permiten a cualquiera tener una mínima familiaridad con personajes del gran acervo literario sobre los que jamás hemos posado una mirada en letra impresa, de don Quijote y Cyrano de Bergerac a Hamlet o Romeo y Julieta, pasando por los más célebres personajes de la novela popular como Sherlock Holmes, el Fantasma de la Ópera o el conde Drácula. Sin la menor duda, uno de ellos es Quasimodo, el jorobado de Notre Dame de París, de quien resulta imposible no conocer no ya una sino al menos un par o más de adaptaciones. La lectura de la novela Nuestra Señora de París, que Victor Hugo, uno de los mitos incontestables de las letras francesas, dio a la imprenta en 1831, produce en los primeros momentos la sensación de hallarnos no ante el original, sino ante otra de sus versiones, al darnos cuenta de que estas, inevitablemente, no recogían la totalidad de la obra de partida (lógico: son más de 500 páginas, en edición de bolsillo). Sin embargo, a medida que avanzamos por ella, nos ofrece la sorpresa que siempre ofrecerán los clásicos de verdad: la sensación de hallarnos ante la primera vez que nos tropezamos con sus personajes. El entusiasmo que me ha producido tan tardío (re)descubrimiento es uno de los mayores gozos que me ha dado la literatura en los últimos tiempos.

Seguir leyendo

Publicado en Edad Media soñada | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La saga de Fénix Oscura, cumbre de Marvel

Fenix nace en el 101 de The X-MenSucedía en las primeras páginas del nº 101 de la colección The X-Men (en España, La Patrulla-X). Jean Grey, la mujer-X conocida bajo el alias de la Chica Maravillosa, sacrificaba su vida al pilotar, bajo una terrible tormenta solar, el cohete que lleva a sus compañeros (puestos a salvo en las cabinas protectoras) de regreso a la Tierra. La nave se estrellaba en la bahía de Jamaica, frente a Nueva York, y los mutantes emergían de las aguas aterrados ante la aparente suerte de su amiga. De pronto, las aguas se conmovían y Jean Grey emergía de ellas como un torbellino de poder, enfundada en un uniforme misteriosamente nuevo, exclamando las míticas palabras: «¡Escuchadme, Patrulla-X! ¡Ya no soy la mujer que conocisteis! ¡Soy el fuego! ¡Soy la vida encarnada! ¡Ahora y para siempre… soy Fénix. Desde ese número, y hasta el mítico 137 en que se resolvió el destino de la muchacha, la colección que la acogía fue creciendo en interés argumental, categoría artística y éxito económico, que acabaría convirtiéndola en la colección más vendida de toda la editorial Marvel. Los aficionados clásicos de la casa seguimos venerando los nombres de Chris Claremont (guionista), John Byrne (dibujante) —los dos últimos responsables en colaboración del argumento— y Terry Austin (entintador) como uno de los mejores equipos de la misma, y la Saga de Fénix Oscura como uno de los dos o tres momentos culminantes de la historia. Yo, de hecho, que la habré releído mil veces, no dudo en calificarla como la cumbre de Marvel.

Seguir leyendo

Publicado en Superhéroes Marvel | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Miedos y fantasías masculinas: de Relato soñado a Eyes Wide Shut

Cartel de Eyes Wide ShutEl director Stanley Kubrick fue a despedirse del cine con una película cuyo título original, Eyes Wide Shut, se dejó sin traducir en las pantallas españolas. El cineasta no llegó a ver el estreno de este trabajo, pues murió a poco de haber concluido su rodaje, de tal modo que fue presentado como su testamento cinematográfico. Como la mayor parte de las obras más conocidas de su filmografía (y aunque el título está modificado con respecto al original), la película suponía una adaptación de una novela previa, lo que al menos sirvió para devolver a la actualidad al escritor escogido. Se trataba de Arthur Schnitzler, uno de esos eximios representantes de la intelectualidad judía austriaca que, en ese primer tercio del siglo XX que el nazismo se encargó de clausurar, ayudó a otorgar a las letras de su país una justificada edad de oro, con nombres como Stefan Zweig, Karl Kraus, Sigmund Freud o Joseph Roth. Las relaciones entre el libro, titulado Relato soñado, y la película se prestan de modo especialmente significativo para efectuar una de estas comparaciones entre original y adaptación que tanto me gustan —y que, en la crítica de cine, por desgracia, abunda tan poco, de tal modo que los méritos de muchas obras bien conocidas acaban pareciendo responsabilidad completa del medio de más fácil consumo, el cine. En este caso, hablamos de una adaptación considerablemente fiel, puesto que Kubrick y su guionista Frederic Raphael trasladan la práctica totalidad de las incidencias del libro a la pantalla, con la salvedad de sustituir la Viena original por la Nueva York coetánea. Por ello, encuentro pocos ejemplos mejores para comprobar cómo, incluso en casos de semejante fidelidad, y cuando hablamos de autores con personalidad, cada una de las versiones desarrolla una independencia expresiva que es la que, al final, permite hablar de buenos o malos resultados. Lo adelanto ya: la novela me parece magnífica pero la película, aun conteniendo momentos espléndidos, resulta finalmente decepcionante.

Seguir leyendo

Publicado en Del libro a la pantalla, Mitteleuropa | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

En Recuerda que has leído: La inmortalidad del cangrejo

La inmortalidad del cangrejo, de Santiago R. Santerbas

Publico en el blog literario Recuerda que has leído una reseña sobre una novela cuyo descubrimiento ha supuesto para mí uno de los mejores hallazgos que me ha proporcionado la literatura (española) en mucho tiempo. Se trata de La inmortalidad del cangrejo, obra de Santiago R. Santerbás, publicada en el año 1985 por la editorial Hiperión. El nombre de Santerbás es reverenciado por un puñado de bibliófilos que tenemos la mítica colección Tus Libros de Anaya como uno de los mejores proyectos editoriales de nuestras letras recientes. En ella (o en su hermana «mayor», la colección Laurín), Santerbás fue responsable de varios magníficos títulos, en su doble condición de traductor y responsable de la edición. En este blog, hace varios meses, ya mencioné uno de ellos, su magnífica versión de la Canción de Navidad de Charles Dickens. Un buen amante de la literatura (y del cine, y del doblaje, entre varias pasiones compartidas), Iñaki Torre, cuya página en facebook, titulada Abrapalabra, recomiendo absolutamente, me dio noticia hace semanas de sus otras facetas, entre ellas la de novelista, por desgracia poco frecuentada por el propio Santerbás, quizá por la falta de repercusión de esta que fue su primera novela. Pues bien, se trata de un libro imborrable, que parte de un argumento a la vez doméstico y extraordinario: el devenir, a lo largo de un año, de una familia, los Hontanar, habitantes solitarios (y en apariencia anodinos) de un caserón en medio de una ciudad de provincias, cuya misteriosa característica es su longevidad, no en vano son descendientes de un compañero de Ponce de León en su famosa búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud, que sin duda debió de encontrar. La fábula existencial, el fantastique evanescente, el cuento de casas encantadas (o de fantasmas que ignoran que lo son), la reflexión sobre la soledad, la novela de costumbres o los mitos de Fausto y del Judío Errante se cruzan con armonioso equilibrio a lo largo de sus páginas, cuya lectura despierta una plácida sensación de melancolía, tal vez venenosa por cuanto, cuando queremos darnos cuenta, el misterioso hechizo de sus páginas nos está helando el corazón…

En Recuerda que has leído: La inmortalidad del cangrejo

Publicado en Recuerda que has leído | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Los Vengadores contra Thanos (II): Infinity WarEndgame

La Saga de Thanos en los tebeos                          El Universo Cinemático Marvel

La alineacion de los heroes de la Tierra contra Thanos

Sucedía en la escena post-créditos de Los Vengadores (2012). En algún lugar nebuloso del espacio, justo después de la batalla que acababa de enfrentar a los Héroes Más Poderosos de la Tierra contra una monstruosa raza alienígena que pretendía invadir la Tierra, los Chitauri, su comandante se dirigía a informar del fracaso en la obtención del Teseracto, el objeto tras el que iban en realidad, a su aparente jefe supremo, un individuo de imponente estatura que le daba la espalda a la cámara. Al acercarse, este se giraba ligeramente y los espectadores podíamos distinguir una sonrisa cruel y un mentón estriado. Los viejos aficionados a Marvel no dudamos en reconocerlo: Thanos, apodado el Titán Loco en los cómics, uno de los más grandes villanos de la Casa de las Ideas. Y aunque creímos que así se desvelaba quién habría de ser el enemigo del grupo en la siguiente entrega, nada de eso sucedió. Es más, Thanos realizaría un par de intervenciones en otras películas del UCM. La primera, en Guardianes de la Galaxia (2014), ya como presencia en la sombra que orquestaba la intriga en pos del objeto mítico cuya busca provocaba la unión del equipo titular: un objeto que ya se presentaba como una Gema del Infinito. La segunda, en Vengadores: La era de Ultron (2015), en cuyo último plano aparecía ciñéndose un enorme guantelete con cinco huecos vacíos donde engarzar cinco joyas, un nuevo guiño para los iniciados: el Guantelete del Infinito. Por fin, la promesa había de cumplirse en Vengadores: Infinity War, film que se anunció como primera parte de un díptico que se completaría un año después con Vengadores: Endgame, y que dejó a los aficionados con el más impactante cliffhanger de cualquier saga del cine moderno: la mitad de la población del universo, eliminada con un chasquido de dedos de ese guantelete, y el mismo número de superhéroes igualmente aniquilado, dentro de un film que, con un par de excepciones, hace pasar por sus imágenes a todos los personajes desarrollados en los once años de Universo Cinemático Marvel. El enfrentamiento más grande de todos los tiempos, vamos, que como ya saben todos cuantos han visto el díptico, ha sido concebido por Marvel Studios como un punto de inflexión en su trayectoria.

Seguir leyendo

Publicado en Superhéroes Marvel | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

Los Vengadores contra Thanos (I): la instauración del Universo Cinemático Marvel

Como veterano lector de los tebeos de la editorial Marvel, he seguido con enorme interés el espectacular trasplante de mis personajes favoritos al cine. Coincidiendo con la resolución de la Saga de Thanos, de trascendencia evidente para el futuro devenir del ciclo, aprovecho para presentar un doble artículo sobre el mismo. En el primero, recapitulo sobre la formación, consolidación y características de este vasto ciclo cinematográfico. En el segundo, analizo de modo concreto el díptico formado por Vengadores: Infinity War y Endgame. Del mismo modo, y puesto que con los años he escrito varios artículos sobre las películas del UCM, añado al final de este escrito, para posibles interesados, los enlaces que llevan a los mismos. A la hora de leerlos, sobre todo los primeros, recuérdese que la progresiva revisión, como es natural, ha hecho evolucionar mi opinión sobre los distintos títulos.

La Saga de Thanos en los tebeos                       La Saga de Thanos en el cine (II)

Los Vengadores contra Thanos en Infinity WarEl extraordinario (y previsible) éxito en taquilla de Vengadores: Endgame (2019) supone la culminación del proyecto que se marcó Marvel Studios desde que, hace más o menos una década, decidió controlar personalmente su propio legado editorial y, mediante la creación del llamado Universo Cinemático Marvel (UCM), trasladar al cine el gran hallazgo gracias al cual, en los años 60, revolucionó el tebeo de superhéroes: la completa interacción entre los integrantes de ese mundo de ficción. Hay que recordar que esa revolución llevada a cabo por Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, entre otros, consistió inicialmente en algo tan sencillo como ubicar a todos los superhéroes en la misma ciudad (Nueva York), desechando el concepto de la casa rival (National, luego llamada DC), que había dado a cada uno de sus personajes (Batman, Superman o Flash) un enclave urbano diferente, de tal modo que el encuentro era lo excepcional. En el mundo marvelita se hicieron normales, por ello, las aventuras compartidas, a veces iniciadas en una serie y acabadas en otras, y las colecciones que unían las trayectorias de los héroes más populares (por ejemplo, Los Vengadores) tenían ramificaciones en las series individuales, y al revés. Asimismo, esos pioneros marvelitas redondearon el concepto mediante lo que llamamos continuidad: es decir, la significación del pasado de cada personaje e historia, de tal modo que cada acontecimiento relevante se convertía en un jalón dentro del Universo Marvel que ningún guionista posterior podía obviar. No sé si es el mejor ejemplo, pero esto ha significado que los 22 títulos que a día de hoy componen el listado inaugurado en 2008 con Iron Man formen algo así como la temporada de una serie de televisión al estilo de Juego de tronos. Eso sí, Vengadores: Endgame ha sido planteada como apoteósico cierre de la «temporada», como evidente punto y aparte, como bien saben cuantos la han visto. Es buen momento, por ello, para establecer un balance de esta década prodigiosa.

Seguir leyendo

Publicado en Superhéroes Marvel | Etiquetado , , , , , | 3 comentarios

El mejor Scorsese, en los años 80

Un joven Martin ScorseseCon ocasionales infidelidades, nunca he dejado de seguir la carrera de Martin Scorsese, posiblemente el cineasta de mayor prestigio del actual cine estadounidense, a quien avala una trayectoria que ya ha cumplido el medio siglo, continua en películas de gran relevancia crítica y comercial, que no solo se ha ceñido a la dirección dentro del mainstream (del que constituye uno de sus grandes avales), sino también a la producción y el mecenazgo, al cine documental, al patrocinio de la restauración de grandes obras del ayer, al análisis cinematográfico, etc. Confieso que su filmografía me parece muy irregular, pues su cine incurre en dos debilidades que me distancian de ella: la grandilocuencia visual y la inclinación por el enfatismo. Ahora bien, sí me parece un cineasta merecedor de todo respeto y atención, por cuanto, pese a todo, hasta la peor de las películas que le conozco posee algún interés, aun cuando sea por lo que prometía. En este artículo voy a centrarme en la que para mí es la mejor época de Scorsese, por la continuidad con que fue estrenando buenos trabajos: los años 80. En concreto, el director encadenó tres estupendos títulos que dan la medida de sus posibilidades, puesto que o bien no parecían encajar, a priori, en sus intereses personales o eran claramente encargos que alguien tuvo el acierto de poner en sus manos: y es que, en todos los casos, logró integrarlos con coherencia dentro de su trayectoria, de tal modo que nadie pensaría que no fueran concebidos directamente por él. Se trata de tres películas que comparten los vínculos de su ambientación urbana (preferentemente nocturna), su atmósfera de tensión moral y su reflexión acerca de la inadecuación entre los deseos personales y la vida real. Son las magníficas El rey de la comedia (1982), ¡Jo, qué noche! (1985) y El color del dinero (1986).

Seguir leyendo

Publicado en Miscelánea de cine | Etiquetado , , , , , | 3 comentarios

En Café Montaigne: Cuando amábamos a Takeshi Kitano

1027792.D

Cuando amábamos a Takeshi Kitano

Publico en Café Montaigne un artículo con el que pretendo reavivar el recuerdo de un cineasta japonés que, en el no tan lejano final del siglo pasado, llegó con gran fuerza a las pantallas occidentales, pero que después de unos cuantos estrenos acabó desvaneciéndose sin dejar rastro. Se trata de Takeshi Kitano, ese actor de rostro granítico que surcaba una cicatriz que le dejó un accidente de moto sufrido muy poco antes de filmar la película que lo consagraría. Kitano era un hombre de larga trayectoria en su país, primero como cómico (sin saberlo, lo conocíamos como el presentador de un programa-concurso basado en los mamporros que Tele 5 emitió con el título de «Humor amarillo»), después como actor en televisión y cine, y finalmente dirigiendo y protagonizando sus propias películas, la mayor parte de ellas perteneciente al yakuza eiga o cine policiaco vertebrado en torno a la famosa mafia japonesa. La película que lo reveló (y una de las mejores de todo el cine contemporáneo) fue Hana-bi.Flores de fuego (1997), que nos mostró a un director de muy particular sensibilidad, capaz de fundir con notable fuerza el lirismo más ascético con la violencia más percutante. La historia de Nishi, ese policía silencioso y triste cuya vida solo parece atraer la desgracia (una esposa cuya vida se apaga irreversiblemente, una hija pequeña muerta trágicamente en la infancia, un amigo de cuya invalidez se considera culpable), le servía para expresar una inolvidable reflexión sobre el dolor y la ternura, sobre la soledad y también sobre la necesidad de compartir. Un par de años después, Kitano, sorprendía con otra buena película, El verano de Kikujiro (1999), en principio una variante de los temas de la anterior pero virada hacia la comedia tierna (la amistad entre un niño solitario y el gángster que se encarga de velar por él), y donde, como actor, sorprendió con un descacharrante cambio de registro: el impenetrable laconismo de Nishi da paso ahora a una extravertida composición de yakuza atontolinado e incluso apayasado, indisociable además de un magnífico tema musical de Joe Hisaishi. Veinte años después, Kitano sigue trabajando, y mucho, y pese a la condena a la «invisibilidad» que parecen haber dictado sobre él quienes tiempo atrás lo encumbraron, siempre nos quedarán, cuando menos, estas dos estupendas películas.

Publicado en Café Montaigne, Japón | Etiquetado , , , | 8 comentarios

En Semana Santa toca una de romanos

Excelente plano de Ben-Hur

A principios de los años 50, Hollywood trataba de plantear una batalla desesperada contra el descenso de los espectadores. La causa principal, señalaban los ejecutivos, era la aparición de un pequeño y molesto aparato doméstico que llevaba el entretenimiento a cada hogar sin necesidad de desplazamiento alguno. Puesto que las ficciones que proponía la televisión eran modestas por pura razón de tamaño (en todo: en presupuesto, en dimensiones visuales, en actores y realizadores, en historias), los mismos ejecutivos decidieron proponer películas que destacaran por el gigantismo en todos esos conceptos: las más grandes estrellas de Hollywood, los decorados y el vestuario más lujosos, los escenarios naturales más impresionantes, incluso el formato de pantalla más ancho posible (el género siempre estará asociado a la difusión del CinemaScope). Lógicamente, se buscó el tipo de historia que permitiera lucir semejante hipertrofia cinematográfica: la historia más grande más jamás contada, por jugar con el nombre de uno de sus ejemplares, y se encontró en la Antigüedad, en esas civilizaciones que ya asombraban de por sí con sus vestigios del pasado, en especial Roma y Egipto. El género ha recibido toda clase de nombres, pero el de kolossal me parece el que mejor lo define. En Europa se lo conoce por otras denominaciones, siendo las más notorias las de peplum y películas de espadas y sandalias. En nuestro país, sin embargo, el término más entrañable es el de películas «de romanos». Es más, en los años de la dictadura franquista nacional-católica, la filiación bíblica de buena parte de ellas convirtió en toda una tradición que durante la Semana Santa, en cines, se reestrenaran y, en televisión, se emitieran, costumbre que perviviría hasta mucho tiempo después y que hoy, de vez en cuando, se recupera. ¿Cuántos espectadores no asociamos, de modo natural, estas fechas con ver «una de romanos»? Seguir leyendo

Publicado en Cine e Historia | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

El sufrimiento según Mizoguchi

Cartel español de Cuentos de la luna pálidaPara ojos occidentales, el cine japonés «nació» a comienzos de los años 50, gracias a la repercusión obtenida en los festivales de cine por películas como Rashomon, Vida de Oharu, mujer galante o La puerta del infierno. Tres nombres se situaron como la referencia fundamental, y a día de hoy siguen siendo los más conocidos de la etapa clásica del cine nipón: los de Akira Kurosawa, Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi. En concreto, este último vivía precisamente la última etapa de su cine (moriría en 1956, a la sin duda temprana edad de cincuenta y ocho años), la más conocida por nuestros lares gracias a la aceptable difusión de su obra en filmotecas, televisión (en los tiempos gloriosos de tve, claro) y formato doméstico. Como los anteriores (o como otro contem-poráneo a su altura: Mikio Naruse… y los verdaderamente expertos añaden más, ya ignotos por su mucha más difícil accesibilidad), la vasta filmografía del cineasta encierra múltiples joyas además de las más conocidas. Sin embargo, de la docena de títulos que conozco de ella —¡y Mizoguchi, desde su debut en 1923, acredita más de 90 películas (si bien solo se conservan 31)!—, siento especial devoción por dos de los más señeros. Se trata de dos películas que el autor rodó de modo consecutivo, unidas por evidentes vasos comunicantes, pero sobre todo por constituir dos maravillosos acercamientos al tema del sufrimiento, y en concreto a la redención mediante el dolor. Se trata de dos obras no ya maestras sino culminantes, inolvidables: Cuentos de la luna pálida (1953) y El intendente Sansho (1954).

Seguir leyendo

Publicado en Japón | Etiquetado , , , | 3 comentarios