Los Vengadores contra Thanos (I): la instauración del Universo Cinemático Marvel

Como veterano lector de los tebeos de la editorial Marvel, he seguido con enorme interés el espectacular trasplante de mis personajes favoritos al cine. Coincidiendo con la resolución de la Saga de Thanos, de trascendencia evidente para el futuro devenir del ciclo, aprovecho para presentar un doble artículo sobre el mismo. En el primero, recapitulo sobre la formación, consolidación y características de este vasto ciclo cinematográfico. En el segundo, analizo de modo concreto el díptico formado por Vengadores: Infinity War y Endgame. Del mismo modo, y puesto que con los años he escrito varios artículos sobre las películas del UCM, añado al final de este escrito, para posibles interesados, los enlaces que llevan a los mismos. A la hora de leerlos, sobre todo los primeros, recuérdese que la progresiva revisión, como es natural, ha hecho evolucionar mi opinión sobre los distintos títulos.

La Saga de Thanos en los tebeos                       La Saga de Thanos en el cine (II)

Los Vengadores contra Thanos en Infinity WarEl extraordinario (y previsible) éxito en taquilla de Vengadores: Endgame (2019) supone la culminación del proyecto que se marcó Marvel Studios desde que, hace más o menos una década, decidió controlar personalmente su propio legado editorial y, mediante la creación del llamado Universo Cinemático Marvel (UCM), trasladar al cine el gran hallazgo gracias al cual, en los años 60, revolucionó el tebeo de superhéroes: la completa interacción entre los integrantes de ese mundo de ficción. Hay que recordar que esa revolución llevada a cabo por Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, entre otros, consistió inicialmente en algo tan sencillo como ubicar a todos los superhéroes en la misma ciudad (Nueva York), desechando el concepto de la casa rival (National, luego llamada DC), que había dado a cada uno de sus personajes (Batman, Superman o Flash) un enclave urbano diferente, de tal modo que el encuentro era lo excepcional. En el mundo marvelita se hicieron normales, por ello, las aventuras compartidas, a veces iniciadas en una serie y acabadas en otras, y las colecciones que unían las trayectorias de los héroes más populares (por ejemplo, Los Vengadores) tenían ramificaciones en las series individuales, y al revés. Asimismo, esos pioneros marvelitas redondearon el concepto mediante lo que llamamos continuidad: es decir, la significación del pasado de cada personaje e historia, de tal modo que cada acontecimiento relevante se convertía en un jalón dentro del Universo Marvel que ningún guionista posterior podía obviar. No sé si es el mejor ejemplo, pero esto ha significado que los 22 títulos que a día de hoy componen el listado inaugurado en 2008 con Iron Man formen algo así como la temporada de una serie de televisión al estilo de Juego de tronos. Eso sí, Vengadores: Endgame ha sido planteada como apoteósico cierre de la «temporada», como evidente punto y aparte, como bien saben cuantos la han visto. Es buen momento, por ello, para establecer un balance de esta década prodigiosa.

Hay que recordar el largo camino que los marvelómanos hemos pasado hasta llegar aquí. La historia de las adaptaciones de los tebeos de Marvel a imagen real se divide, a grandes rasgos, en tres etapas. La primera, que abarca desde mediados de los años 70 (cuando, en tv, se estrenan las series dedicadas a Spiderman y a Hulk) hasta mediados de los 90, se caracteriza por la extrema modestia de los presupuestos asignados a los distintos proyectos (que adaptaron ya al Capitán América a Los 4 Fantásticos) y la nulidad artística más completa, de tal modo que el resultado, cutre a más no poder, provocó en el aficionado a Marvel la sensación de que «nuestro» universo nunca saldría con dignidad de los tebeos. Ahora bien, en el mismo periodo cronológico, la compañía rival, DC, gracias a su asociación con la major Warner, deslumbraba con la credibilidad de las adaptaciones de Superman o Batman, sus buques-insignia.

confia-en-alguno-teme-al-resto-o-sea-x-men-1La segunda etapa llegó cuando, por fin, otras majors decidieron hacer con los superhéroes Marvel la misma inversión que Warner, en régimen de coproducción con la editorial (es entonces cuando surge la marca Marvel Studios), pero sin que esta tuviera el control de la situación. En concreto, la 20th Century-Fox se hizo cargo de la sección de mayor éxito por entonces en los tebeos, el llamado Universo Mutante, que encabezaba La Patrulla-X, y lanzó la serie a partir del primer X-Men (2000), que acumularía dos secuelas posteriores hasta 2006, un par de spin-offs a cargo de su personaje más popular, Lobezno, y un nuevo lanzamiento o reboot, con una supuesta vuelta a los orígenes y por tanto un nuevo equipo desde 2011, que sigue adelante. Por su parte, casi de modo simultáneo la Columbia hacía lo propio con Spider-Man (2002), que también se vería seguida de dos secuelas, la última en 2007, y su propio reboot, con dos films en 2012 y 2014, ahora adoptando el nombre del tebeo original (The Amazing Spider-Man) y nuevos actores para los mismos y familiares personajes (por cierto, con mejores resultados pero con menor repercusión).

El primer X-Men y el primer Spider-Man, en su momento, maravillaron a los marvelómanos, al poder contemplar, después de tanto tiempo, a sus héroes favoritos bajo la consistencia visual adecuada y, por ende, con el sentido de la maravilla que se espera de un producto Marvel. Ya desde ese momento quedó claro que se debía al increíble avance de los efectos digitales (y eso que, contemplados hoy día, ambos productos delatan el enorme desarrollo posterior de esa tecnología), capaces de re-crear cualquier cosa, hasta el punto de que, en rigor, las fronteras del llamado cine de imagen real y del cine de animación hace tiempo que se han confundido.

Eso sí, al pertenecer a compañías cinematográficas diferentes, cada una de las series —así como las películas de los nuevos personajes que enseguida llegaron: Daredevil, el Motorista Fantasma, Los 4 Fantásticos…— se desarrollaba dentro de su propio mundo de ficción, sin posibilidad de crear esa sabrosa interacción que, como he señalado, era el gran atractivo de los tebeos. Era necesario ir más allá.

El ya famoso logotipo de Marvel Studios

Y el paso lo dio la misma compañía (por supuesto, a esas alturas ya no se podía hablar de una editorial de tebeos dirigiendo sus propias adaptaciones, pues esta solo era una parte, y no la mayor, del vasto grupo de entretenimiento que controlaba Marvel) al decidirse, por fin, a asumir el control personal de sus productos. Es ahora cuando Marvel Studios se convierte en una empresa autosuficiente que puede gestionar a sus personajes al modo de los tebeos, con la excepción lógica de los que estaban en manos de las majors señaladas: Spiderman (aunque, a partir de 2016, conseguiría revertir a la compañía), los X-Men (sometidos a su propio proceso de revisión, al que ha añadido otra serie aledaña, la de Deadpool, pero siempre dentro de la Fox) o Los 4 Fantásticos (que, pese a gozar de tres películas divididas en dos proyectos diferentes, a día de hoy todavía no han conseguido emular el éxito de sus compañeros de saga). Es tristemente irónico, a todo esto, que la llamada Primera Familia de Marvel (porque fue la serie Fantastic Four la que inauguró, allá por 1961, el universo marvelita) haya tenido que estar completamente al margen de la creación del UCM.

El Universo Cinemático Marvel tuvo su pistoletazo de salida con el estreno de Iron Man (2008), que fue seguido rápidamente por El increíble Hulk, en ese mismo año. Hay que indicar que este personaje (en tiempos conocido por el entrañable nombre de La Masa) ya había gozado de una primera aventura, titulada sencillamente Hulk (2003), a cargo de la Universal. Los responsables de Marvel Studios cambiaron tanto al protagonista (el entonces desconocido Eric Bana fue sustituido por Edward Norton) como los secundarios y el diseño general, pero parecieron asumir los acontecimientos de esa primera aventura. En cualquier caso, tampoco este Hulk encarnado por Norton saldría adelante, pues el personaje volvería a cambiar de actor (y con gran fortuna, al ir a manos de Mark Ruffalo) y ya no ha contado con más títulos como protagonista, si bien sí como importante miembro del universo, normalmente en la serie de Los Vengadores.

el-hombre-de-hierro-en-cineTras una breve pausa —por un momento pareció que había cierto agotamiento en los productos Marvel, porque las series de Spiderman y los X-Men también finalizaban por entonces sus primeros ciclos—, Marvel Studios volvió con una primera secuela del exitoso Hombre de Hierro, Iron Man 2 (2010), y acto seguido estrenaba dos títulos el mismo año de 2011: Thor y Capitán América: El primer Vengador. En principio, nada parecía haber cambiado, en cuanto a interacción, con los otros títulos marvelitas. Pero el espectador que aguantó hasta el final de los títulos de crédito del primer Iron Man descubrió que tras ellos se incluía una pequeña escena en la que el protagonista se tropezaba con un tipo negro y con parche en el ojo, a quien daba vida el carismático actor Samuel L. Jackson, que hablaba a aquel de una «iniciativa Vengadores». Con júbilo, los marvelómanos no dudamos en identificarlo (Nick Furia, el director de la principal agencia de seguridad del Universo Marvel, SHIELD) y en saber de qué hablaba.

Desde ese momento se convertiría en una «marca de serie» la inclusión de esas escenas post-créditos en cada película: como anuncio de la nueva película del ciclo, a modo de guiño o como anticipo de un nuevo personaje o un nuevo acontecimiento. Así, Nick Furia reaparecía en el final de El increíble Hulk, pero aun más excitante fue el plano con que se cerraba Iron Man 2: la imagen, en el fondo de un cráter aparecido en medio del desierto, de nada menos que un martillo clavado en el suelo como si fuera la espada Excalibur, y que no podía ser sino Mjolnir, el martillo de Thor. Una magnífica forma de anunciar el próximo extreno de la película del dios del trueno.

Al igual que, en los tebeos, los primeros personajes individuales del Universo Marvel (con la excepción del demasiado solitario Spiderman) habían sido reunidos en una nueva colección llamada The Avengers (primer número, en septiembre de 1963), los rectores de su equivalente cinematográfico habían ido preparando, mediante esas escenas post-créditos y tomando a Nick Furia como personaje aglutinador, el lanzamiento de una película que los concentrara a todos. El guiño nos pareció de lo más pertinente, pues reconstruía la iniciativa que terminó de cohesionar la indestructible integración del Universo Marvel de los tebeos, por supuesto con la misma intención comercial: en su día, Stan Lee había pensado que quienes compraban las series individuales de los personajes también comprarían la nueva, que uniría así a los lectores que no invertían en todas las anteriores e incrementaría su interés por las restantes, con el consiguiente aumento del mercado. ¿No es a veces entrañable el capitalismo?

poster-promocional-de-los-vengadores-con-iron-man-chupando-plano_thumbGran acontecimiento en su día (que fue hace nada, por cierto, aunque no lo parezca), la revisión actual de Los Vengadores (2012) demuestra la sencillez, cuando no simplicidad del producto, consistente en unir a los protagonistas de las previas películas (más la Viuda Negra, que había aparecido en Iron Man 2, y Ojo de Halcón, añadido más para hacer bulto que por ser un superhéroe de verdad: aparecido inicialmente en Thor, en rigor no era sino un agente de SHIELD que en vez de disparar con pistola lo hace con arco y flecha), enfrentarlos al más carismático villano de aquellas (Loki, dios de la mentira y hermanastro de Thor: nuevo guiño, ya que era el villano del primer número de los tebeos), organizar una serie de enfrentamientos entre los héroes antes de que quede claro de que todos están en el bando de los buenos (soy un pesado, pero esta estrategia también estaba copiada de los cómics) y concluir con una megasecuencia de lucha a gran escala, en plena Nueva York contra unos villanos que, por extraterrestres, monstruosos y a la vez digitales, podían ser muertos en pantalla sin que pareciera una violencia o una inhumanidad inadmisible1.

El resultado, doy fe, dejó con la boca abierta y marcó el primer hito del UCM. Fue el pistoletazo para la vertiginosa aparición de muchos otros héroes de la casa (Ant-Man —ya con dos capítulos—, Doctor Strange y Black Panther: abominable que los estrenos españoles hayan prescindido de sus traducciones españolas: el Hombre Hormiga, el Doctor Extraño y Pantera Negra), además de la recuperación del mismísimo Spiderman (obviando, con inteligencia, contar el origen ya contado dos veces antes) y el lanzamiento de una serie emparentada con la space opera a partir de un grupo muy secundario dentro de la historia de la editorial, los Guardianes de la Galaxia (también dotada de una segunda aventura). A la vez, Los Vengadores sumó una secuela, La era de Ultron (donde se introdujo a personajes tan carismáticos de los tebeos como la Visión y la Bruja Escarlata), se añadieron nuevos capítulos a las series propias de Iron Man (un tercer film, en concreto), del Capitán América (dos, uno espléndido, El Soldado de Invierno, y el siguiente, Civil War, más bien un capítulo encubierto de Los Vengadores, pues la aventura gira en torno a la división que se produce dentro del grupo y es el antecedente directo de la Saga contra Thanos).

Chris Evans, excelente Capitan AmericaEn casi todos ellos sería habitual la participación de otro personaje de la casa como invitado «especial» (en algún caso fundamental: Iron Man asumiría el rol de mentor del nuevo Spiderman, incluso proporcionándole un equipo tecnológico que, en rigor, lo convierte en un Hombre Araña muy distinto al de toda la vida), se introduciría algún elemento argumental como anticipo de futuras aventuras (por ejemplo, las apariciones de las distintas Gemas del Infinito) y, en suma, poco a poco se iría creando la sensación de que era necesario ver todas y cada una de las nuevas producciones para no perderse nada. De hecho, es evidente que la Saga de Thanos, para su completo disfrute, exige el conocimiento previo de los títulos del UCM estrenados desde Los Vengadores. Cierto: no es indispensable, pero en caso contrario se pierde ese placer del reconocimiento que diferencia al mero aficionado del iniciado. Y alcanzar esta categoría, lo saben bien quienes lo han hecho en cualquier tipo de ciclo, franquicia, serie o producto de entretenimiento, es la masilla que convierte a sus seguidores en una comunidad.

Tal vez sea pertinente hacernos ahora una pregunta: ¿podemos hablar del UCM en términos de cine de toda la vida? ¿O es uno de los ejemplos más significados de la confusión —otros, más severos, dirán corrupción actual entre arte, espectáculo y entretenimiento audiovisual? No soy el más apropiado para dar una respuesta, pues el Universo Marvel me ha acompañado desde que tengo uso de razón y, siendo además un lector-espectador fascinado por el concepto de adaptación (y por las relaciones entre una obra de partida y aquellas otras que la reproducen, transforman o complementan), encuentro motivo sobrado de atracción incluso en las peores películas del ciclo. Por otro lado, para mí el Capitán América, el Hombre de Hierro, el Doctor Extraño, Spiderman o Thanos nunca serán los fantoches más o menos digitales que entiendo que parezcan para el espectador (sobre todo el adulto de mi generación: los menores de 30 años han crecido ya con este tipo de espectáculo, aunque no hayan leído apenas los tebeos) en cuya formación intelectual o emocional los superhéroes o no existieron o son solo una referencia contextual.

Hulk, version Ang LeeEn cualquier caso, lo tengo muy claro, es inútil intentar analizar estas películas desde el clásico punto de vista de la puesta en escena como vertebradora sustancial de las elecciones narrativas y expresivas de una película. Es evidente que casi la totalidad de quienes firman la dirección de estos productos son completamente intercambiables (solo hago la solvedad del que para mi gusto es el más solvente de todos ellos, Bryan Singer, asociado al ciclo de los X-Men pero asimismo director de un film injustamente minusvalorado en su día, Superman Returns, de 2006, que en un viejo artículo de este blog definí como el primer film reflexivo del género superheroico). Rescato también el nombre de Ang Lee, responsable del primer Hulk (2003), pues se trata del único realizador que intentó ejecutar una puesta en escena medianamente original (y tuvo libertad para hacerlo). Su propósito fue singularizar el modo de encadenar imágenes y escenas, no tanto para intentar establecer un equivalente con las viñetas del medio original (aunque, en algunos momentos, también) sino para señalar, precisamente, el carácter particular de la fantasía propuesta. El resultado: a ratos muy atractivo y a ratos muy discutible.

El resto, las cosas como son, carece de personalidad, por mucho que algunos nombres seam especialmente «respetados» por los seguidores, pero yo creo que es más porque al repetir trabajos se premia su fidelidad que porque su trabajo se distinga del resto: Joss Whedon, James Gunn o la fraternal pareja formada por Anthony y Joe Russo. Especialmente, destaca el estilo homogéneo con que todos resuelven las cuantiosas escenas de combate, normalmente bajo esa norma que, en los años 90, crearon los «expertos» en cine de acción (los Michael Bay, Jan de Bont, Renny Harlin y demás gente siniestra), consistente en agitar todo lo posible el encuadre o el movimiento de cámara, para dar (equivocadamente) la sensación de que el mismo espectador se introduce en el campo de batalla.

Los elementos que realmente constituyen la columna vertebral de las películas del UCM son tres. Uno, el equipo que decide el planteamiento argumental de cada film (ni siquiero lo concreto en la palabra guionistas, porque dudo mucho también de que estos tengan libertad para proponer conceptos personales) y cuya cabeza visible es Kevin Feige, ligado a las películas Marvel desde el inicio y ahora máximo responsable de Marvel Studios. Dos, la espectacular cobertura visual que, a través de los efectos digitales, se encarga de dar cuerpo tridimensional a los diseños inicialmente concebidos en los tebeos, y que especialmente es la que construye las numerosas escenas de acción. En este sentido, hace mucho que la capacidad de asombro de quienes crecimos con los efectos artesanales de los Ray Harryhausen, Karel Zeman o George Pal está saturada: al convertir lo maravilloso en familiar se ha roto el encanto.

Scarlett Johansson es la Viuda NegraEl tercer elemento es, probablemente, el verdadero nexo de unión entre el UCM y los espectadores (y la principal clave de su éxito): los personajes y la empatía que despiertan los actores que los encarnan. Cualquier ficción sobre héroes carismáticos requiere la plena identificación con el espectador, sobre todo cuando la evolución de sus andanzas los conduce a la Aventura Definitiva ante el Enemigo Supremo (o sea, la Saga de Thanos). Convengo en señalar, además, que en este proceso de identificación supone una ayuda inestimable la progresiva familiaridad (o conformidad) que, a lo largo de las sucesivas entregas, se crea entre espectadores y actores, hasta el punto de vencer incluso la reticencia inicial que pudiera despertarnos alguno, justo como sucede en las series de televisión.

Como bien indica el cuadro de supervivientes del primer embate contra Thanos, las piedras miliares del UCM han sido tres héroes. Robert Downey Jr tenía que pechar contra la limitación de que su encarnación heroica es un puro diseño digital, además inexpresivo por razones evidentes. Tal vez por ello se insistió, desde los primeros Iron Man, en caracterizarlo mediante una exagerada debilidad por el humor sarcástico. Como era de esperar, esa «armadura» de cinismo escondía a un ser profundamente vulnerable y con un notable complejo de culpa por su condición de superhombre dotado de unos poderes capaces de provocar la tragedia en un segundo. Esta dualidad se resolvería haciendo predominar sobre cualquier otro rasgo de su carácter el fuerte sentido de la responsabilidad, que ya en Capitán América: Civil War provoca un cisma dentro de Los Vengadores (al defender la limitacion legal de la iniciativa para los superhéroes) y que resulta fundamental para entender sus motivaciones en Vengadores: Endgame. No cabe duda de que el de Tony Stark ha sido uno de los personajes que más ha ganado a lo largo del ciclo (tanto como la propia interpretación del actor), justificando plenamente en este título su condición de personaje de referencia de Marvel Studios, y no solo por haberlo inaugurado «oficialmente».

Encarnando al Capitán América, Chris Evans (de modo inesperado, porque había sido la insufrible Antorcha Humana del díptico sobre Los 4 Fantásticos, en la Fox) acertó a reproducir esa nobleza químicamente pura del hombre que siempre antepone sus ideales a la descarnada realidad, y a quien templa con una aureola de melancólico fatalismo su condición de hombre proveniente literalmente de otro tiempo (el Capitán fue un combatiente de la II Guerra Mundial que se pasó varias décadas «dormido» hasta despertar en el presente). El buen diseño del personaje y la excelente interpretación de Evans explica, en buena medida, que sus dos primeras películas figuren, todavía hoy, entre lo más destacable del UCM, en especial la segunda, El Soldado de Invierno, que cuenta con uno de los mejores guiones de la serie.

Sam Hemsworth, Thor con parcheEn cuanto a Thor, y en buena medida por las características del actor elegido, Sam Hemsworth, los responsables del ciclo sustituyeron la solemne majestuosidad del personaje de los tebeos (muy apropiada para el tono épico y legendario, literalmente mitológico, de sus aventuras) por una personalidad mucho más cercana, más propicia para la distensión, dando la impresión de ser más bien ante un niño grande y sencillo que todo un dios nórdico. El proceso de «humanización» acabó exagerando la nota en Thor: Ragnarok, donde el personaje roza lo paródico, tal vez por la intención de los guionistas de imitar el tono humorístico del díptico sobre los Guardianes de la Galaxia (no es de extrañar la vinculación que, en la Saga de Thanos, establece el dios del trueno con esos aventureros espaciales). Por otro lado, es justo reconocer la simpatía que provoca el hecho de que el «guapo» oficial del UCM haya sido sometido, con el paso de las películas, a un masoquista proceso de degradación física, sufriendo toda clase de golpes, heridas y mutilaciones que culminan con la pérdida de su famoso martillo y de su propio ojo. Y es justo reconocer que el actor Hemsworth ha ido sintiéndose poco a poco más cómodo a medida que avanzaba este registro tragicómico.

En este apresurado recorrido, no puedo dejar de citar a algunas de las más relevantes asociaciones entre actor y personaje, aparte de los tres «grandes». Por supuesto, la enorme personalidad de Samuel L. Jackson en su papel de Nick Furia, capaz de sobrevivir al desagradable rejuvenecimiento digital que padece su físico en Capitana Marvel; el vulnerable aplomo que ha sabido encarnar Scarlett Johansson como la Viuda Negra, después de sus primeras y envaradas intervenciones en el UCM, sobre todo en el segundo y tercer título del Capitán América, el personaje al que ha estado más ligada por amistad y caminos paralelos; el elegante carisma que aporta uno de los últimos fichajes, el británico Benedict Cumberbatch, al muy atractivo personaje del Doctor Extraño, sin duda todavía por desarrollar más y mejor; o la capacidad de Paul Rudd para dotar de personalidad al tipo que podría parecer menos relevante del ciclo, Ant-Man, a quien reviste precisamente de una muy convincente naturalidad como héroe doméstico, bañada en buen sentido del humor (y hay que recordar que estamos ante el único intérprete que acredita participación en los guiones de sus películas, no me cabe duda que para perfilar, precisamente, sus diálogos y reacciones).

1 Hay un excelente libro en el mercado, que reconstruye con gran detalle las circunstancias de todos los films marvelitas hasta Los Vengadores: se trata de El viaje del superhéroe, escrito por Íñigo de Prada y Sara G. Rodríguez, y publicado por Dolmen.

Los tres lideres iconicos del Universo Cinematico Marvel

Auto-referencia:

El Hombre de Hierro en el cine: recorrido por los tres Iron Man

El dios del trueno en el cine: Thor y Thor. El mundo oscuro

El Capitán América en el cine: El primer vengador y El Soldado de Invierno

Los Héroes Más Poderosos de la Tierra en el cine: Los Vengadores y Vengadores: La era de Ultron

Resumen del cine superheroico 2016

Guardianes de la Galaxia, (im)posibles héroes de serie B marvelita

Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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3 respuestas a Los Vengadores contra Thanos (I): la instauración del Universo Cinemático Marvel

  1. inigodeprada dijo:

    Enhorabuena por el artículo ¡y muchas gracias por la mención a El viaje del superhéroe! vinculamos el post en el facebook del libro (Marvel: El viaje del superhéroe). Un saludo

  2. inigodeprada dijo:

    Es la idea y estamos en ello, pero todavía no se puede decir muy en alto que depende de tener primero tiempo para acabarlo y segundo suerte para publicarlo. Crucemos los dedos…

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