X-Men: Fénix Oscura, buen cierre del ciclo mutante

Trilogía inicial               La primera generación             La Saga de Fénix Oscura (en cómic)

Cartel español de X-Men Fenix OscuraEn el año 2000, la Fox abría una nueva era a las películas de los héroes Marvel con X-Men; 19 años después, X-Men: Fénix Oscura cierra el ciclo mutante abierto entonces, puesto que los personajes pasan a ser controlados por Marvel Studios (y a integrarse, por tanto, en su universo cinematográfico, para compartir aventuras con los más notorios héroes de la casa). Es una pena que la repercusión, comercial y valorativa, que está mereciendo sea tan negativa, y tal vez en parte sea porque el estudio no ha calculado que le perjudicaba un estreno tan cercano a Vengadores: Endgame, por puras razones de saturación de «intensidad» entre los incondicionales del género. Y lo digo porque me parece no solo un buen cierre, sino incluso una película mejor que Endgame. En cualquier caso, Fénix Oscura es el cuarto capítulo de una tetralogía que ha destacado tanto por su buena factura como por su notable coherencia interior. Hay que recordar —pueden consultarse los enlaces que sitúo al pie de este artículo— que en estos veinte años la Fox ha tenido tiempo de plantear una trilogía inicial, estrenada entre 2000 y 2006 (cuyo personaje más carismático fue el Lobezno encarnado por Hugh Jackman), un par de spin-offs de este mismo héroe (rematados, mucho después, en 2017, por el muy estimable Logan, que cerraba el ciclo del mutante de las garras con un conseguido aroma crepuscular) y, finalmente, hasta de abordar una renovación o reboot de una franquicia que parecía haberse agotado pronto. Una renovación concretada en cuatro capítulos: Primera generación (2011), Días del futuro pasado (2014), Apocalipsis (2017) y la presente Fénix Oscura (2019), que posee la virtud de presentarse como un núcleo coherente, capaz incluso de dialogar con la primera trilogía y de aprovechar de modo excelente lo mejor de la colección original de los cómics.

La base general de este ciclo es el simbolismo de los mutantes (superhéroes que se caracterizan por haber nacido ya con poderes, al portar su ADN un misterioso gen X, distinto en cada uno de ellos) como emblema de un problema tan moderno (o tan eterno, según se mire) como el miedo y la persecución al diferente. Es un elemento tomado, por supuesto, de los tebeos originales, sobre todo de la etapa en que la colección The Uncanny X-Men se convierte en la más vendida del mainstream estadounidense. No se olvide que los creadores de los Hombres-X (en España, la serie siempre se ha conocido por el entrañable nombre de La Patrulla-X), es decir, Stan Lee y Jack Kirby, eran judíos y se sentían muy concernidos por el planteamiento, si bien no fue hasta la larga etapa en la colección del guionista Chris Claremont cuando el rechazo a los mutantes y los periódicos intentos de caza de brujas se convirtieron en un equivalente del antisemitismo y el exterminio nazi en particular, y de la xenofobia y el racismo en general.

James McAvoy es el Profesor-xComo ya había hecho la primera trilogía, el segundo ciclo (para no ser farragoso, lo llamaré desde ahora el ciclo Fassbender, por el nombre de su actor más carismático, en el papel de Magneto) gira en torno a la diferente actitud frente a ese odio que enarbolan los dos mutantes más poderosos del mundo, amigos en su juventud y fundadores del primer grupo de Hombres-X, como narraba Primera generación. El primero es el telépata Charles Xavier (James McAvoy), el Profesor-X, cuya opción es la convivencia y la educación en la responsabilidad de sus poderes para los jóvenes mutantes que empiezan a desarrollarlos, para lo cual funda en la mansión familiar una Escuela para Talentos. A su lado, como mano derecha, el fiel Hank McCoy, un genio de la ciencia cuyo poder mutante, irónicamente, lo convierte en un ser cubierto de vello azul y con fuerza y agilidad extraordinarias, justificando su apelativo de la Bestia.

El segundo es Magneto, el Amo del Magnetismo, doblemente perseguido en cuanto judío y en cuanto mutante: es un superviviente de Auschwitz, donde pereció su familia, trauma que lleva marcado a fuego en el alma y que condiciona su instintivo rechazo de la «humanidad», optando alternativamente por el enfrentamiento o por el aislamiento. El halo de tragedia que afectó su infancia lo seguirá persiguiendo: en Apocalipsis, verá morir ante sus ojos a la esposa y a la hija que lo habían alejado por unos años de la senda de la sangre, pero que ahora vuelve a reclamarlo (es magnífico el momento en que ejecuta a los policías que han matado, de modo antes involuntario que premeditado, a sus seres queridos, haciendo que el collar metálico de su pequeña saje una por una las gargantas de los aterrorizados agentes de la ley… de esa ley humana empeñada en no darle respiro).

Un tercer personaje en importancia es Raven (cuyo nombre de guerra es Mística), una joven multiforme a la que Xavier, siendo un niño, acogió en su casa, donde se había colado para robar un poco de comida, creciendo como hermanos. Raven comparte con Magneto su profundo pesimismo pero que no deriva en guerra abierta como en este: la joven es ante todo una individualista consagrada al auxilio de los suyos (vendría a suponer un equivalente del disidente que no se encuentra a gusto con ningún bando y sigue su propio camino), lo cual la convierte en la heroína y modelo de los jóvenes mutantes (hasta el punto de que su fotografía adorna las paredes de estos, como si fuera una estrella de rock). Ahora bien, en Apocalipsis, y después del enfrentamiento con el villano consignado en el título, Raven regresa a la Escuela, no por adhesión al proyecto de Xavier, para ella utópico, sino por considerar que así es como está más cerca de esos jóvenes que tanto confían en ella, contribuyendo a su adiestramiento como fuerza mutante.

poster-de-x-men-dias-del-futuro-pasadoLa originalidad del ciclo Fassbender radica en que cada una de las cuatro películas está situada en una década diferente, de tal modo que la primera se sitúa en 1962 y la última en 1992 (eso sí, por los protagonistas no parecen pasar en absoluto esos 30 años…). Esto nos conduce a una de las más afortunadas ideas de los responsables del ciclo: asociar el contexto histórico al conflictivo desarrollo de las relaciones entre mutantes y humanos. Así, en Primera generación, y de modo especialmente ingenioso, la famosa crisis de los misiles cubanos encubre, en realidad, el primer ataque de los mutantes malvados (en cuyo curso Xavier pierde el uso de sus piernas y desde entonces ha de hacer uso de su icónica silla de ruedas). Días del futuro pasado transcurre en 1973, en el momento de la negociación de los Acuerdos de París que pusieron fin a la intervención estadounidense en Vietnam. La extrema vulnerabilidad que esa derrota provoca en los americanos justifica así la atmósfera de paranoia que impregna el conflicto a varias bandas que refleja este film, sin duda el mejor del ciclo. Por último, Apocalipsis se sitúa en medio del recrudecimiento de la guerra fría en plena etapa Reagan: el surgimiento del ser casi todopoderoso que da título a la película (que se proclama a sí mismo como el «primer mutante», intentando unir a todos ellos bajo su égida) reduce a la impotencia, para su estupor, a esos dos bandos recalcitrantes cuyo enfrentamiento lleva condicionando las relaciones internacionales desde varias décadas atrás, obligándolos a aceptar que la opción de Charles Xavier —la convivencia entre humanos y mutantes, con estos poniendo sus poderes al servicio del bien común— sea la correcta… o la menos mala.

Este es el punto de partida de X-Men: Fénix Oscura. Diez años después de derrotar a Apocalipsis —para lo cual tuvieron que unir fuerzas, como en sus días de juventud, Xavier, Magneto y Mística—, el mundo parece vivir un idilio entre humanos y mutantes. En su despacho, Xavier tiene una línea directa con la Casa Blanca (un equivalente del mítico teléfono rojo, nuevo y oportuno uso del simbolismo contextual) y es agasajado por el presidente y las fuerzas vivas de su país. En caso de emergencia, los Hombres-X son convocados para solucionarla, como se ve en el episodio que abre el film: el rescate contrarreloj de una lanzadera espacial en el borde de la atmósfera. No en vano, el aterrizaje en la Tierra supone la ocasión para que los mutantes sean recibidos como héroes y vitoreados por esos humanos que ayer los temían.

Sophie Turner es Jean Grey en X-Men Fenix OscuraPor supuesto, todo no es sino un espejismo, y he ahí el interés de la historia. La siempre pesimista Mística, por mucho que ahora sea la lugarteniente del Profesor-X, no solo duda de tan idílica relación sino que reprocha a su viejo amigo que, confundido por el poder (el personal y el gubernamental), ha acabado creyéndose que el mesías infalible de su pueblo, sin aceptar la menor autocrítica. Y es triste, porque Raven tiene razón. Cuando sucede una crisis inesperada —el rescate espacial se cobra una consecuencia: una Mujer-X, la joven Jean Grey, se funde con una fuerza cósmica que la convierte en un ser todopoderoso e imprevisible, lo cual acabará reavivando de nuevo el temor del ser humano a acabar siendo el Neanderthal de ese nuevo Cromagnon que es el mutante—, los X-Men descubrirán que, durante todo ese tiempo, el gobierno estadounidense ha urdido unos protocolos para ser activados en caso de necesidad y poner a buen recaudo, en vehículos y cárceles especiales, a esos seres a los que nunca han dejado de temer y vigilar.

En teoría, y como indica el nombre, este cuarto film adapta la tal vez mejor aventura de la colección de la Patrulla-X, la Saga de Fénix Oscura. Lo cierto es que esta ya había sido trasladada a la pantalla, en concreto en la ya mencionada X-Men: La solución final (2003), película en cuyo libreto ya colaboraba Simon Kinberg, el hombre que firma en solitario la realización y el guion, y en quien han ido a recaer todas las iras de los marvelitas. Desde ese primer trabajo, Kinberg ha estado asociado a los distintos proyectos de la franquicia como productor y, desde Días del futuro pasado, como único guionista acreditado, además de haber participado en el fallido intento de reanimación de los otros personajes propiedad de la Fox: Cuatro Fantásticos (2015), precisamente otro enorme fracaso del estudio.

En cualquier caso, la primera sorpresa es que —fuera de la escena inicial en que Jean Grey se funde con la fuerza cósmica y del consiguiente incremento exponencial de sus capacidades hasta convertirla en una criatura de enorme poder, la trama poco o nada tiene que ver con la saga original. Muchos incondicionales han protestado por esta falta de fidelidad, pero yo soy de los que piensan que las adaptaciones literales son un fácil acto de vampirismo carente de originalidad alguna (aparte de que ya se había hecho en el film de 2003, y de modo muy mediocre: ¿para qué arriesgarse a repetir?). Por el contrario, las novedades que introduce el guion (que firma Kinberg pero que supongo que habrá contado con muchas aportaciones ajenas) me parece que aprovechan bien el principio rector de la saga para desarrollarlo en otra dirección.

Jessica Chastain como Vuk, frente a Jean GreyEn líneas generales, lo que narra Fénix Oscura es lo siguiente: esa fuerza cósmica que ahora anida en Jean Grey lleva recorriendo el universo, con consecuencias destructivas, desde el alba de los tiempos. Uno de sus actos fue destruir un mundo llamado D’Bari1, cuyos escasos supervivientes la siguen desde entonces para estudiarla e intentar poseerla en beneficio propio. Cuando descubren, por fin, que la fuerza puede encarnarse en un ser vivo, adoptan avatares humanos con objeto de traspasar la energía desde Jean Grey a su líder, Vuk (interpretada por la prestigiosa Jessica Chastain con un rictus de suavidad siniestra que resulta verdaderamente inquietante), y acto seguido deshacerse de la vida humana sobre la Tierra y reconstruir aquí su civilización. La unión de ambos peligros (la voracidad de poder que va dominando a Jean Grey como Fénix y la amenaza de los D’Bari) provoca la ola de destrucción que las autoridades de los estadounidenses utilizan para romper el frágil statu quo que se mantenía con respecto a los mutantes, sin advertir que se está jugando algo mucho más importante, y que una vez más son estos quienes pelean por toda la humanidad.

En el fondo, Fénix Oscura es un film sencillo. Más, desde luego, que los previos capítulos, e incluso el derroche de secuencias fuertes para lucimiento digital no es tan aparatoso como están acostumbrados los seguidores de las películas Marvel. No en vano, su metraje ni siquiera alcanza las dos horas, en una época en que parece que todo film «grande» debe ser mucho más extenso. Es más, la pieza central de la película (el sensacional combate a bordo del tren especial donde las fuerzas gubernamentales han recluido a los Hombres-X, entre estos y los D’Bari), aun espectacular, en razón del reducido espacio en que tiene lugar (que es una de sus virtudes, claro: parece una secuencia extraída de cualquier western o thriller de intriga ferroviaria) y de su ambientación nocturna, tiene cierto aire de sombría intimidad que poco tiene que ver con su equivalente en las películas de los Vengadores. El concepto de «acción intimista», en el cine de superhéroes, es una contradicción (o un gigantesco pleonasmo), lo sé, pero creo que define bien la peculiaridad de esta película. Entiendo que, al no ser habitual, haya quien considere que es mera pobreza conceptual.

El nacimiento de Fenix en los comicsA todo esto ¿quién es Jean Grey, cabe preguntarse? O mejor dicho, ¿quién es esta Jean Grey? Los seguidores de los tebeos o de la primera trilogía saben bien que el personaje era uno de los miembros fundamentales del grupo (además, tuvo la suerte de ser interpretada por una actriz que le aportaba la sensualidad y el temperamento requeridos, Famke Janssen). En el ciclo Fassbender, sin embargo, solo aparece a partir del tercer capítulo, Apocalipsis, formando parte de la joven alineación que Charles Xavier está adiestrando en su escuela: Jean formaría parte, así, de la segunda generación dentro de este ciclo, en compañía de otros mutantes de su edad que aparecen en la misma película y que son los que, ya en Fénix Oscura, forman oficialmente el grupo. Se trata de Scott Summers (alias Cíclope, con quien, al igual que en los tebeos, vive una relación sentimental), más el teleportador Rondador Nocturno, el velocista Mercurio y la bruja del clima Tormenta.

Cabe señalar que, debido a la importancia central otorgada en este ciclo a los tres carismáticos mutantes que fundaban la Escuela (más la Bestia, aun en un rol secundario con respecto a estos), el peso dramático de esta joven Patrulla-X es mínimo: en las dos películas en que aparecen no se les concede el debido espacio para hacerlos importantes. Esto, por supuesto, impide que la caída de Jean Grey en la «oscuridad» tenga la enorme relevancia emocional que poseía en la colección original. La actriz que interpreta el personaje, Sophie Turner (famosa por su personaje en Juego de tronos: como no he visto ningún episodio de ella, yo la he conocido a través de este trabajo), si bien cumple, tampoco despierta especial adhesión. Del mismo modo, uno de los elementos centrales del conflicto entre la humana Jean y la omnipotente Fénix, su amor por Scott Summers (que era lo que, al final de todo, impedía su definitiva deshumanización y la llevaba a sacrificar su vida), aquí tampoco posee la relevancia de los tebeos. Ahora bien, si señalo estas cuestiones no es para reprochar a la película su «fracaso» como adaptación de la saga, ya lo he dicho, sino para remarcar que, precisamente, la película viaja por otra senda: no es el cómic, por lo que no hay que pedirle que triunfe en los mismos parámetros que el cómic.

Bien al contrario, y como he ido señalando, la conversión de Jean Grey en Fénix no es sino un desdichado factor destinado a demostrar la fragilidad (¿la imposibilidad?) de una relación sin miedos o sospechas entre mutantes y humanos. Desde este punto de vista, así como en la fluidez narrativa con que Kinberg (como guionista y como director) desarrolla el planteamiento, es como el film consigue sus buenos resultados.

[Quien no conozca el final de esta película, debe dejar de leer aquí]

Los mutantes se disponen a luchar contra los D'Bari a bordo del tren que los llevaba a su prision

No sé cómo se integrarán los Hombres-X en el Universo Cinemático Marvel: tal vez se proponga otro reboot y se elijan nuevos actores para encarnar a los mutantes. En cualquier caso, X-Men: Fénix Oscura tiene todo el aire de una recapitulación final, de un cierre de ciclo, si bien, por desgracia, no lo hace con la contundencia y la valentía que merecía la valiosa entraña dramática de su historia. Y es que, ante todo, el conciliador final traiciona esa atmósfera de sombrío desengaño que traza durante todo su metraje, amén de no resultar creíble. Es decir, derrotados los D’Bari por la misma Fénix y sacrificada esta por su misma mano para acabar con la amenaza que supone su mera existencia… todo vuelve a la normalidad. La idílica conclusión nos muestra la Escuela funcionando como siempre, con sus alumnos felices y contentos, y muy probablemente con la línea telefónica con la Casa Blanca restablecida.

¿Cómo es posible creer que los mutantes acepten volver al statu quo previo, permaneciendo en un escenario donde están perfectamente localizados cuando además saben que el gobierno tiene medios para combatirlos cuando quiera? ¿Cómo no temer que —si respetamos ese efecto realidad que, se supone, debe tener un mundo en el que existieran de verdad seres con tan vasto poder— los humanos «normales» no vayan a desear, después de esta crisis suprema, acabar para siempre con el peligro que suponen aquellos?

El guion se despreocupa alegremente de estas preguntas: he ahí la limitación de un género, el superheroico, cuyos responsables, en el fondo, lo único que pretenden es crear un producto entretenido y convencional, aceptable para una audiencia que prefiere creer que, si existieran, los superhéroes serían brillantes paladines que pondrían en jaque a los pocos tipos con poderes que quisieran salirse de madre y después todo sería estupendo.

El triste entierro de Raven, bajo la lluvia, como dictan los canonesEn cualquier caso, las decisiones que el guion toma con respecto a sus personajes principales sí son coherentes. En primer lugar, la inconformista Mística desaparece de escena, solución que cuando menos sí guarda el debido respeto con respecto a su retrato psicológico: ella sí que no habría aceptado sin más esos «pelillos a la mar» del final de la historia. Su muerte, además, es a manos de la misma Jean Grey (que, como todos los jóvenes mutantes, la venera), víctima de un arrebato de poder que no controla. Se trata, curiosamente, de un recurso similar al que se utilizaba en la otra versión de la Saga de Fénix Oscura, La solución final, cuyo guion, recordemos, había co-escrito el mismo Kinberg. Allí era el mentor de Jean, el Profesor-X, quien inesperadamente perecía en la primera refriega con su pupila, dejando claro lo irreversible de su transformación. Es una pena que, en el presente film (al menos para mí), la fundamental muerte de Raven carezca del impacto dramático que debiera haber provocado, en buena medida porque no he conseguido sentir el menor aprecio, en ninguno de los cuatro capítulos del ciclo Fassbender, por la interpretación de Jennifer Lawrence.

En cuanto a Magneto (magnífico Michael Fassbender, como siempre), su presentación dentro de la historia es magnífica. Opuesto a la integración defendida por Charles Xavier, sin embargo también el Amo del Magnetismo ha tenido que «pactar» con el enemigo, con el gobierno estadounidense, pues lo encontramos al frente de una comunidad alternativa de mutantes refugiada en una isla en apariencia poco accesible. El dibujo de este asentamiento, con inteligencia, es el reverso exacto del de Xavier: en contraste con la pulcra mansión y sus bonitos jardines, ellos viven en un asentamiento construido con materiales de derribo, edificados en medio de humildes huertas que parecen ser su fuente de sustento. Allí es donde Magneto sabrá de la muerte de Raven, con quien a lo largo del ciclo siempre había tenido un lazo muy especial, y jura vengarse de esa jovencita, Jean Grey, que nada supone para él. Como en los previos capítulos, su inicial ansia de violencia acaba viéndose mitigada al descubrir el peligro real, uniéndose a los Hombres-X en su lucha contra los D’Bari (en particular, es inolvidable el momento en que, en la secuencia de la lucha en el tren, con un gesto troncha el vagón donde han quedado atrapados varios de sus enemigos y los aplasta).

Finalmente, Charles Xavier tiene ocasión para apreciar la verdad que había en las palabras de Raven (que no en su noble proyecto: es él quien ha acabado desvirtuándolo al dejarse convertir en un monigote). En el final, y después de asistir, en parte, a la destrucción de sus sueños, deja la dirección de la Escuela a su fiel Hank, y se pierde lejos. O no tan lejos: en París, donde ha acabado rodando, lo encuentra quien en el fondo ha seguido siendo siempre su más antiguo amigo, Magneto. Y ambos acabarán sentados a una mesa en un bistrot cualquiera de la capital francesa, como dos jubilados con todo el tiempo por delante, jugando una partida de ajedrez como en los viejos tiempos, en lo que supone el más evidente homenaje que se podía rendir a los dos personajes centrales de esta larga historia…

Jean Grey revierte a Fenix Oscura

1 Este nombre supone un guiño a la saga de los tebeos: así se llamaba el planeta a cuyos miles de millones de habitantes mató Fénix al destruir, para absorber su energía, la estrella del que aquel dependía.

FICHA DE LA PELÍCULA

Título: X-Men: Fénix Oscura / Dark Phoenix. Año: 2019

Dirección y guion: Simon Kinberg. Fotografía: Mauro Fiore. Música: Hans Zimmer. Reparto: James McAvoy (Charles Xavier), Michael Fassbender (Magneto), Jennifer Lawrence (Raven), Nicholas Hoult (Hank McCoy), Sophie Turner (Jean Grey), Jessica Chastain (Vuk). Dur.: 113 min.

Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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2 respuestas a X-Men: Fénix Oscura, buen cierre del ciclo mutante

  1. Mikaell D Nabedom dijo:

    Hola profe.
    Como aún no he visto la peli de momento pasare de comentarla, pero te doy la razon en lo tocante al desempeño de Lawrence; tan nunca me ha convencido del todo encima de que siento que su Mistique tiene poco que ver con la Raven homologa de los comics, aparte de que siempre he echado de menos a la guaperrimisima de Rebeca Romijn-Stamos que sin darse las infulas de gran actriz me da la impresión de que era mas fiel a su espiritu – el de Raven madre biologica de Kurt y adoptiva de Rogue-.
    ¿Es que jamas capitalizaron en pantalla la entrañable amistad de Kurt y Logan? Preguntó porque en el rebooth de la franquicia solo he visto X-Men Origenes y la segunda de Wolverine.

    • Es cierto que el personaje de Raven que encarna Jennifer Lawrence no es de los comics (cuidado: siempre que digo esto puede que esté incurriendo en error, porque dejé de seguirlos hace ya muchos años, de ahí que aclare que hablo de la Raven de la etapa “clásica” de la serie, con Chris Claremont al mando de la colección). Y no me parece mal, porque como explico en el artículo me parece bien que se intenten aportar cosas nuevas dentro de un esquema general lo suficientemente reconocible para sentirme cómodo en el entorno bajo cuyo nombre me han convocado. El problema es que el resultado es latoso, y la actriz no transmite.

      En cuanto a Logan y Rondador: no, esa amistad no existe en las películas. Rondador aparece en los dos ciclos (en “X-Men 2”, del primer ciclo, y en las dos últimas del presente, “Apocalipsis” y “Fénix Oscura”), pero con poca relación con el de los cómics, seguramente por falta de “espacio”. Desde luego, la relación entre los dos personajes, en los tebeos, era entrañable y podía haber dado juego, incluso dentro de los films en solitario de Lobezno.

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