En Café Montaigne, Stefan Zweig y Mendel el de los libros

mendel-el-de-los-librosDebido a la generosidad de mi compañero y amigo Rafael Guardiola, acabo de publicar un artículo en Café Montaigne, Revista Cultural de Arte y Pensamiento que ha iniciado su andadura en la red hace pocas semanas, con notable vigor, una muy atractiva presentación (que incluye envolturas musicales)  y una impresionante relación de colaboradores, entre los cuales destacan importantes nombres del ámbito de la filosofía, como por ejemplo Javier Sádaba y algunos compañeros de esa otra aventura que es la revista digital Homonosapiens, a la cabeza de ellos el mismo Guardiola. Haciendo honor al título de la página, se me pidió que realizara alguna aportación «cafetera» y no dudé en elegir como escenario uno de los más notorios de esa cultura, hoy desaparecida, que tuvo en el café un punto eminente de encuentro, relación y, por supuesto, trabajo entre artistas e intelectuales durante al menos un siglo, desde mediados del XIX a los años centrales del XX. Me refiero al mundo centroeuropeo, a esa Mitteleuropa cuya desaparición cantaron con nostalgia nombres tan valiosos como el del escritor al que abordo en mi artículo. Se trata del vienés Stefan Zweig, un autor por el que siempre he sentido una gran devoción, desde que descubrí que era el autor del relato original en que se inspiraba una de las películas de mi vida, Carta de una desconocida y, sobre todo, desde que leí sus maravillosas memorias, El mundo de ayer. Nunca he dejado de sentir un especial dolor por el triste destino de este novelista, descabalgado de ese «mundo de la seguridad» en que vivieron los judíos vieneses hasta la Gran Guerra y el ascenso de los fascismos, que justo cuando era uno de los autores más vendidos del mundo, se vio convertido en un apátrida por los nazis, y que arrasado por la depresión, acabó suicidándose, en compañía de su joven esposa, en un lugar que él mismo habría considerado impensable como escenario final tan solo una década atrás, la ciudad brasileña de Petrópolis.

Mi comentario se centra en un magnífico cuento titulado Mendel el de los libros, que publicó en 1929 y que cuenta con una reciente edición, en Acantilado, en un precioso formato de pequeñas dimensiones. Su protagonista es un librero de viejo, judío, que tiene su centro de operaciones en un café de Viena, paraíso ensimismado del que será arrojado de modo brutal. Su protagonista es un librero de viejo, judío de la desdichada región de Galitzia (que durante un siglo pasó de mano en mano entre austriacos, polacos, rusos y soviéticos, y que hoy se encuentra en Ucrania) que, al no tener licencia para abrir negocio propio, ha hecho su cuartel general de la mesa junto a la estufa que ocupa, días tras día, año tras año, en un café de la Viena imperial. De ese mundo de confortable ensimismamiento —metáfora de ese «mundo de la seguridad» al que me refería líneas arriba—, se verá expulsado con saña cuando estalla la Gran Guerra y se descubre no solo que es un «extranjero» (nunca legalizó su entrada en Austria-Hungría), no solo que procede de un país enemigo (el imperio ruso, por entonces dueño de Galitzia), sino que además sigue escribiéndose con enemigos (el pobre Mendel, que ignora que ha estallado la guerra, sigue enviando peticiones de libros y catálogos a otros libreros como él, franceses e ingleses).

Se trata de una pequeña obra maestra, desbordante de ese pesimismo delicado que figura en las mejores creaciones del autor, pero que además posee un notable interés para quien conozca su trayectoria. Por un lado, supone un estremecedor presagio del mismo destino del escritor, también despojado de su «mundo de la seguridad». Por otro, intuyo entre líneas el lamento íntimo del escritor por haber estado él mismo inficionado de ese veneno nacionalista del que luego tanto renegó (fue propagandista de las Potencias Centrales durante los años iniciales de la Gran Guerra), y en el artículo razono por qué Mendel el de los libros me parece una especie de exorcismo (¿inconsciente?: no hay que olvidar que Zweig admiró intensamente a Freud) de esa fiebre que acabaría arrasando la Europa que tanto amó.

Son algunos de los atractivos de un relato inolvidable que animo a leer… para luego pasarse por Café Montaigne y compartir, o confrontar, las reflexiones que provoca. Y, por supuesto, para recorrer el amplio y estimulante catálogo de artículos que ya están publicados en sus páginas.

En Café Montaigne: Mendel el de los libros, de Stefan Zweig, o el fin del mundo de la seguridad

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Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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