Apunte III. El nacimiento del mito JFK: Jackie

Cartel anunciador de Jackie, con Natalie Portman mimetizada con el fondoAhora que, día sí día también, es noticia obligada el presidente de los Estados Unidos, Jackie nos sitúa ante el primer inquilino «moderno» que tuvo la Casa Blanca. Es decir, moderno en el sentido mediático: John Fitzgerald Kennedy, con su familia como imprescindible atributo icónico. Jackie aborda el inicio de la construcción del mito JFK, a partir de la idea de que la reevaluación del primer (y único) presidente católico de los USA es póstuma, y en buena medida fue potenciada por su trágico fin. La novedad, al menos para el espectador no estadounidense, es el papel que se otorga a su viuda, Jackie, en la conformación de esta imagen mítica. El film nos sitúa, siempre desde su punto de vista, en el intervalo de tiempo entre el atentado de Dallas y el entierro definitivo, en la intimidad (después del solemne funeral de estado, cuyos detalles la misma Jackie supervisó hasta el último detalle), a partir de la conversación entre la viuda y un periodista, a quien ella «reclutó» para responder a los artículos sobre el difunto que, con el cuerpo todavía caliente, lo trataban comoa una figura arrastrada ya por la hojarasca de la historia. Dispuesta a no permitirlo, frustrada en buena medida porque el trabajo de ambos —el suyo había sido procurar dar un contenido a la Casa Blanca, que consideraba como parte fundamental del imaginario de la presidencia— había sido abortado por el asesinato, Jackie comenzó allí mismo la constitución del mito que hoy sigue convirtiendo a JFK, incluso por encima de la valoración que merezca su labor política «real», en uno de los emblemas fundamentales del llamado sueño americano.

¿Importa algo lo que de verdad hizo JFK? Jackie no es una película complaciente hacia los personajes que retrata. No solo la misma protagonista no puede evitar transmitir cierto aire de antipatía (quienes la rodean parecen respetarla, pero no quererla), sino que no olvida plantear las zonas de sombra en torno a Kennedy. Así, en una estupenda escena, su hermano Bobby, la figura que permanece todo el rato al lado de Jackie, apoyándola pero también peleándose con ella, se lamenta de que no les diera tiempo a hacer nada, y que tampoco han merecido especial respeto con lo que sí han hecho: es probable, dice, que su hermano pase a la Historia, tan solo, por la gestión de los misiles cubanos, que él mismo ayudó a provocar. Sin embargo, Jackie hace virtud del vacío. Lo que importa en esa cultura de los símbolos y las imágenes que es la norteamericana es ese bello envoltorio que el matrimonio Kennedy aportó a la política estadounidense. Los Kennedy trajeron, ante todo, esperanza en un mundo bello (aun cuando sea una belleza de oropel). No en vano el símbolo que escoge Jackie es la canción que su marido solía escuchar antes de dormir, el tema principal del musical Camelot, que ensalza cómo, aun por un instante efímero, «hubo una vez una leve brizna de gloria llamada Camelot». JFK transmutado en el Rey Arturo y la presidencia de los Estados Unidos en la Tabla Redonda: no está mal como concepto sobre el que edificar una reputación póstuma.

El resultado es espléndido, tanto por la intensidad con que consigue representar el dolor de alguien cuyo universo cambia absolutamente de la noche a la mañana (en este aspecto, Jackie expone muy bien en imágenes el concepto de pérdida), como por la inteligencia con que retrata, precisamente, a una mujer inteligente que decide hacer victoria de la aparente derrota que supone la muerte de su esposo. (Por cierto, que Natalie Portman, actriz por lo común muy mediocre, brinda una excelente interpretación: incluso me complace la antipatía que, no puedo evitarlo, aun así me despierta, porque, como señalaba líneas arriba, forma parte de la creación del personaje.) El film, además, tiene la virtud de saber convertir la Casa Blanca en algo más que un escenario para la galería: del mismo modo que Jackie entiende que parte de su labor había sido convertir ese lugar en un espacio vivo, donde unir la tradición con el presente, el director Pablo Larraín consigue que sea un lugar que respire. Sobre todo soledad, claro: son espléndidas esas imágenes de Jackie paseando, sola en su dolor, por unas estancias que hacen creer que toda la casa está deshabitada, que casi se ha convertido en una «casa fantasma». Hacia el final de la película, Jackie abandona Washington en la soledad de la noche, y desde el automóvil, al observar cómo desembalan los maniquíes de las más caras tiendas de moda, descubre que ella misma está pasando a formar parte del mito que ha comenzado a construir: los maniquíes portan el peinado y la ropa que ella ha lucido esos días.

FICHA DE LA PELÍCULA

Título: Jackie / Jackie. Año: 2016.

Dirección: Pablo Larraín. Guión: Noah Oppenheim. Fotografía: Stéphane Fontaine. Música: Mica Levi. Reparto: Natalie Portman (Jackie), Peter Sarsgaard (Bobby Kennedy), Billy Crudup (El periodista), John Hurt (El sacerdote). Dur.: 100 min.

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Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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4 respuestas a Apunte III. El nacimiento del mito JFK: Jackie

  1. Fernando dijo:

    Excelente escrito, José Miguel. Gracias por permitirnos leerlo.

    Veía yo anoche esta película y coincido generalmente con tus apreciaciones. Tan sólo que, ese innecesario larguísimo metraje, al tratarse de una película de interiores en la que la protagonista casi no sale de escena, pide demasiado de mi atención; y más cuando no se está viendo el filme en la oscuridad de una sala en pantalla de grandes dimensiones y sonido envolvente.

    No cabe duda de que sólo muy capacitadas actrices pueden cargar con el peso de semejantes películas en las que todo y todos giran en torno a ellas, no saliendo casi nunca de plano y haciéndolas creíbles. Portman, puede decirse, afronta aquí el reto notablemente como profesional del cine.

    Y digo notablemente porque algunos primerísimos planos pueden con ella, mostrándola más metida en lo de interpretar a que en lo de ser Jackie. Larraín podía perfectamente haber prescindido de esas tomas sin detrimento alguno para el filme y, en lo que a mí respecta, la nota de Portman habría subido un poquitín más.

    Otro inconveniente, para los que tenemos cierta edad y conocimos de ella en su día, es que la Jackie/Portman de la película no proyecta del todo ni la imagen ni la presencia/personalidad de la Jacqueline Bouvier real. Su vestuario, peinado, atributos y los decorados por los que se mueve están muy convincentemente reproducidos y se nota también el esmero con el que Portman ha tratado de emular su voz y dicción, pero… No. Me falta el magnetismo de su intensa mirada, su (¿aparente?) distanciamiento y relativa frialdad que siempre le acompañaron… En definitiva: “Ésta no es mi Jackie, que me l’an cambiao”.

    Curioso y bienvenido detalle es poder oír a un cantarín Richard Burton saliendo del disco de ese Camelot que para Jackie casi se ha convertido en el motivo de su existencia. Y es que, al menos para los medios de la época, las parejas Richard Burton/Elizabeth Taylor y John Kennedy/Jackie Bouvier presentaban muchas coincidencias.

    Saludos

    • Fernando, es curioso que, aunque se te haya hecho larga, se trate de una película de duración insólitamente ajustada para los tiempos que corren a un poco más de hora y media. En lo que he podido comparar desde que el otro día vi la peli, en efecto Natalie Portman hace un notable trabajo de imitación de Jackie. Ahora bien, confieso que esta labor de mímesis no suele impresionarme, porque considero que forma parte de la capacidad técnica de cualquier actor con cierto bagaje profesional (Meryl Streep haciendo de la Dama de Hierro, por ejemplo), de ahí que ni para bien ni para mal me haya condicionado mi apreciación de su trabajo. Eso sí, es lógico que aun así no llene del todo, porque no es una actriz de especial fuerza. En cuanto al musical, ganas me han dado de revisarlo (o sea, el film de Joshua Logan), pues hace décadas que no lo hago. No guardo gran recuerdo de él, pero el mito artúrico, como sabes, me apasiona y va siendo hora de volver a él. Ya te diré.

      Como siempre, gracias por tus amables palabras y un abrazo.

  2. Fernando dijo:

    Pues sí, José Miguel. Me fijo ahora en el metraje y advierto que tiene una duración habitual que a mí se me hizo demasiado larga. Y también me doy cuenta de que lo que he dicho sobre el ser una película de interiores no es del todo cierto.
    Todo ello me lleva a pensar que los momentos menos atractivos para mí del filme han sepultado un poco el resto.

    Quizás con otro tipo de película me plantearía el volverla a ver para juzgarla con más equidad, pero no con esta ‘Jackie’, pues me viene a mente eso de “El tiempo es oro” y me arropo con ello en favor de otros visionados que están esperando, como el de ‘The Handmaiden’ que me tiene un poco subyugado desde que he visto algunas de sus escenas que, cinematográficamente, rayan en la perfección.

    El Camelot de Logan no incluía a Burton sino a Richard Harris como Arturo. Lo de Burton fue anterior; el original en Broadway seis o siete años antes de la película, junto a Julie Andrews.
    Seguro que pasarás un buena rato investigando y escribiendo este próximo artículo si dejes que Andrews y Burton te inspiren, sonando como música de fondo

    Saludos y no te quedes toda la noche en pie por lo de los Oscars… Nunca suele merecer la pena…

    • Como ya no intento llegar a la ceremonia con el mayor número de películas nominadas ya vistas, creo que esperaré a leer las noticias mañana (es increíble el enorme volumen de bodrio del mainstream de Hollywood que me tragaba hace dos décadas…). A los Oscars siempre les tendré el enorme cariño que provoca la nostalgia: de niño, en la enciclopedia Espasa de mi padre prácticamente solo tenían entradas los ganadores del dichoso premio de la Academia, y para mí fueron, durante mucho tiempo, una garantía de calidad. En fin…

      Por cierto, es curioso que si no he ido a ver “La doncella” al cine es porque… esta sí que dura mucho. La guardo en la reserva. Para pelis largas, ya me veré el “Camelot” de Harris, Redgrave y Nero (¿¿¿no era un reparto muy raro para un musical artúrico, por mucho que dos de los tres sean ingleses???).

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