Las Ciudades Oscuras: urbes que aguardan en un sueño

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La fiebre de Urbicanda, uno de los mejores títulos de Las Ciudades OscurasEn mayo de 1982, en las páginas de la revista belga A suivre, comenzaba a publicarse un cómic titulado Las murallas de Samaris, que proponía una historia de ciencia-ficción distópica muy propia del tebeo franco-belga: un joven llega a una ciudad que vive gobernada por una misteriosa lasitud, que hace de la repetición de rutinas el devenir de cada día, y acabará descubriendo que toda la ciudad es un gigantesco decorado diseñado sólo para él. Pocos podían pensar —ni siquiera sus creadores, el guionista Benoit Peeters y el dibujante François Schuiten— que este título iba a ser el origen de una de las más fascinantes sagas del tebeo europeo contemporáneo, cuyos distintos capítulos serían agrupados, a partir del cuarto capítulo, bajo el nombre de Las Ciudades Oscuras. Nombres tan evocadores como Urbicanda, Alaris, Mylos o Galatogrado; imágenes como la de una ciudad literalmente atravesada por una estructura cúbica que no para de crecer, invadiendo todo el espacio urbano; juegos de espejos sobre ciudades reales que dan pie a alegorías de regusto kafkiano; personajes sometidos a extrañas alteraciones físicas: una chica cuyo centro de gravedad cambia de tal modo que debe caminar con una inclinación de 45º o un agente de seguros cuya sombra de pronto adquiere color; odiseas que conducen a sus protagonistas a embarcarse en viajes a ninguna parte, como una torre que simboliza la famosa de Babel y que, por tanto, como símbolo del inútil parangón del hombre con la divinidad, supone un gigantesco callejón sin salida…

La saga de Las Ciudades Oscuras desarrolla un mundo paralelo —en sentido literal, pues en varios de los capítulos se entrecruza con el nuestro— caracterizado por una serie de ciudades en torno a las cuales Schuiten y Peeters proponen tanto un clásico ejercicio de ciencia-ficción distópica (más evidente en los primeros títulos) como una reflexión sobre el concepto de Ciudad en sus múltiples dimensiones: de la historia del diseño urbano a los distintos estilos de arquitectura civil, de la reivindicación del modernismo a las fábulas abstractas sobre la relación entre lo humano y la deshumanización a que tan bien se presta este tipo de escenarios.

A día de hoy, la serie está compuesta por ocho títulos:

Las murallas de Samaris (1982, editada como álbum en 1983).

La fiebre de Urbicanda (1984).

La torre (1987).

Brüsel (1992).

La chica inclinada (1996).

La sombra de un hombre (1998).

La frontera invisible (2006).

La teoría del grano de arena (2007-08).

El mapa borgiano de La frontera invisibleSin embargo, no se acaba aquí. En su creación de un mundo lo más «real» posible, el tándem ha dado a luz a toda una serie de obras aledañas que adoptan las más diversas formas: un portafolio de ilustraciones con textos a modo de hilo conductor (El archivista, 1987), el relato ilustrado de un viaje en dirigible por ese mundo (La ruta de Armilla, 1987-88), un catálogo de vehículos (Enciclopedia de los medios de transporte presentes y por venir, 1988), una presentación de su periódico principal (El Eco de las Ciudades, 1993), una guía panorámica (La Guía de las Ciudades, 1996), mapas del mundo inventado, postales, ilustraciones… También es reseñable la colaboración de Schuiten en el diseño de producción de Taxandria (1994), una película del veterano animador Raoul Servais que combina actores reales con técnicas de animación. De forma paralela a la elaboración del film, Schuiten y ya también Peeters crearían un relato ilustrado que supone una variación de su historia central, publicada incluso antes del estreno, en 1993, bajo el título de Recuerdos del eterno presente, pero recreada totalmente en 2009. A este respecto, cabe decir que, durante todo ese tiempo, los autores no han considerado «definitivos» los álbumes publicados, y en sucesivas reediciones han añadido diversas modificaciones, a veces de modo contundente (toda la parte final de La sombra de un hombre, quizá reconociendo que es el título más flojo de la serie).

Benoit Peeters (París, 1956), francés de nacimiento, bruselense de adopción, firma los guiones de la serie. Historietista, novelista, biógrafo y crítico, Peeters (licenciado en filosofía por la Sorbona, autor de una biografía sobre Jacques Derrida) es un conocido teórico de la historieta, y los tintinófilos lo conocen por sus aportaciones a la bibliografía sobre Hergé, incluyendo un imprescindible libro-entrevista al autor y una biografía, Hergé, hijo de Tintín, que publicó el año pasado en nuestro país la Editorial Confluencias. François Schuiten (Bruselas, 1956) es el dibujante del ciclo. Hijo y hermano de arquitectos, de ahí esa pasión por semejante faceta que impregna toda su obra, la cual no se limita a Las Ciudades Oscuras: ha diseñado también interiores de edificios como la estación bruselense de Porte de Hal, y colaborado como creador de escenografías para directores como Jaco Van Dormael (en la entrañable Totó el héroe) e incluso para superproducciones de Hollywood como La brújula dorada. Schuiten y Peeters son amigos desde los años en que compartieron aula en su periodo escolar.

La pueta de Uqbar, referencia a Borges en El archivistaLas referencias literarias de la pareja son numerosas. En particular, enseguida viene a la cabeza el nombre del argentino Jorge Luis Borges, uno de cuyos primeros cuentos, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, contiene una de las mejores, y más intelectuales, exposiciones del concepto de universo paralelo. Pero también otras obras maestras como La biblioteca de Babel, con su proposición de un universo interior inacabable e incomprensible sobre el que se intenta establecer una ordenación racional, o Del rigor en la ciencia, ese microrrelato (antes de que este género y esta palabra se pusieran de moda) acerca de un país en el que la cartografía se convierte en algo parecido a una religión, y en el que la pasión por reproducir lo más exactamente la realidad lleva a la insensatez de erigir mapas que se corresponden exactamente con la realidad. Así, en La frontera invisible, cuya acción transcurre en un enorme domo situado en medio de la nada, sede del Centro de Cartografía de uno de los estados de ese mundo, en el mismo centro del edificio, debajo de la gran cúpula acristalada que le da luz, se está construyendo una reproducción casi a escala real del territorio que pretenden delimitar. Otra reconocible influencia es la de Franz Kafka: del autor praguense recogen esa debilidad por las fábulas que atrapan a los seres humanos en la tela de araña de situaciones absurdas regidas sin embargo por leyes de terrible coherencia. También se maneja con notable oportunidad la evocación de escritores que han propuesto obras cuyo contenido es un catálogo de ciudades con distintas particularidades: la más famosa es Las ciudades invisibles de Italo Calvino, pero también la mucho menos conocida La cuadratura del círculo, del rumano Gheorghe Sasarman (recientemente editada en España por La Biblioteca del Laberinto), cuyo subtítulo Falso tratado de urbogonía se ajustaría a la perfección a la serie que nos ocupa.

Por las páginas de Las Ciudades Oscuras también desfila, en este caso literalmente, el francés Julio Verne, que llega a aparecer como personaje en La chica inclinada (que además supone una variante de De la Tierra a la luna), y también por medio del entrañable personaje de esta última novela, Michel Ardan, que interviene de modo secundario en La sombra de un hombre. El uso que hacen de Verne nos lleva, de modo natural, a los terrenos del subgénero en que muchos clasifican la serie de Schuiten y Peeters, el steampunk.

Bajo este término, hoy tan de moda, se identifica un subgénero de la literatura, el cine y el cómic de ciencia-ficción especulativa que se desarrolla en un ambiente escenográfico y cronológico decimonónico (la inspiración más notoria es la Inglaterra victoriana) dentro del cual se insertan objetos y vehículos de tecnología mucho más moderna, creando una sensación de anacronismo que constituye su principal atractivo. De hecho, aunque en los primeros títulos la inspiración cronológica saltaba de época en época, más o menos a partir de Brüsel la serie parece situarse en un vago periodo similar al comprendido entre las décadas finales del siglo XIX y el periodo de entreguerras, con elementos propios de tiempos muy futuros (los vehículos voladores que transitan por sus ciudades, la debilidad por las vías elevadas que saltan de edificio en edificio, al modo inmortalizado en el Metrópolis languiano).

Las murallas de Samaris, homenaje a Victor HortaEn el plano visual puede hablarse de la influencia de célebres grabadores y dibujantes como el italiano Piranesi, con sus famosas Cárceles (es una referencia imprescindible en La torre) o el francés Gustave Doré. Pero sobre todo del amor de ambos artistas por el urbanismo y la arquitectura, y en concreto por el movimiento de renovación que aunó esos dos conceptos y los fundió con el de decoración: el modernismo, llamado en Francia y Bélgica art nouveau, y que cuenta en dicho país con uno de sus nombres fundamentales, Victor Horta. Precisamente, Schuiten y Peeters colaboraron en el año 1995 en el proyecto de restauración de la Casa Autrique, en Bruselas, contribuyendo con su rediseño interior. Los espacios urbanos que aparecen en sus ciudades, o los edificios solitarios que se erigen en mitad de la nada en otros títulos, suponen un compendio del arte de la construcción: desde el Renacimiento y la evocación grecolatina (La torre) al neogótico (La chica inclinada), pasando por el inevitable art nouveau (el título inaugural de la serie es todo un homenaje a Horta) o la corriente hacia la cual evoluciona éste unas décadas después, el art déco (La fiebre de Urbicanda), pasando por todo tipo de eclecticismos.

El mundo de las Ciudades Oscuras se desarrolla inicialmente en un tiempo indeterminado, pero a medida que avanza la serie sus autores acaban dotándolo de una cronología concreta, fielmente reproducida en el inicio de cada capítulo, que ha acabado permitiendo a los aficionados «ordenar» la historia de ese universo. Los primeros títulos —Las murallas de Samaris, La fiebre de Urbicanda, La torre— son prácticamente independientes unos de otros… o al menos así lo eran, porque los autores, en los últimos años, los han modificado en su reedición. De tal modo, en la versión actual del primer álbum aparece el protagonista del segundo, el urbatecto Eugen Robick, en su juventud. Es una buena indicación de que consideran su ciclo como una obra en continua evolución, de atrás hacia delante y al revés, aunque esta opción pueda parecer discutible a quien ya consideraba sobradamente «cerrada» la primera versión.

A partir de Brüsel, los álbumes van desarrollando el clásico concepto de serialidad. Unos personajes saltan de un título a otro. El filantrópico profesor Wappendorf supone el nexo de continuidad entre Brüsel y los dos siguientes títulos, La chica inclinada y La sombra de un hombre. Las ciudades que van acumulándose son citadas de capítulo en capítulo e incluso se recuerdan los episodios que centraron las diferentes aventuras. No en vano el dúo acabaría elaborando un mapa de las Ciudades Oscuras que realza todavía más el propósito de realidad con que han concebido su mundo.

El archivista, una joya fundamentalUn título fundamental, del que probablemente arranca la reevaluación por parte de los autores del trabajo que estaban haciendo y su propósito de unir todos los capítulos bajo un mismo marco, fue El archivista, de 1987. Como señalaba líneas arriba, no se trata de un tebeo en sentido estricto, sino de un libro (en formato muy grande) de ilustraciones situadas en distintas ciudades (algunas ya habían sido creadas en los capítulos previos, otras se verían desarrolladas en el futuro), acompañadas de textos explicativos. Esos textos presentan los dibujos como imágenes encontradas por Isidore Louis, responsable de la sub-sección de Mitos y Leyendas en el Instituto Central de los Archivos, que van revelándole la existencia de ese universo paralelo al que todo el mundo es ajeno. ¿O no? En el final del libro, Louis indica cómo, a raíz de la comunicación de sus hallazgos a sus superiores, es cesado de su puesto y el material desaparece del archivo. Sin embargo, una última incursión nocturna le revela una sorpresa: por un azar, un último documento se ha salvado del expolio, al caer detrás de un radiador, y en la imagen que contiene, proveniente de una de las Ciudades Oscuras, se encuentra él mismo.

En el siguiente capítulo, publicado cinco años después, Brüsel, Schuiten y Peeters se lanzarían a explorar este juego de espejos. Como indica su nombre, la Ciudad Oscura del título es una trasposición de la Bruselas real, que sirve a los autores primero para denunciar la serie de tropelías urbanísticas sufridas por la ciudad desde mediados del siglo XIX —de hecho, el álbum comienza con una serie de textos que expresan esta acusación— y después para ejecutar una sátira del frenesí planificador enhebrada con una fábula de aire kafkiano en torno a un pobre ciudadano víctima de aquél. En esos textos que sirven de prólogo se denunciaba el recubrimiento del Senne, el río que atravesaba el centro de Bruselas, como el inicio de todos los desmanes. En el final del álbum, Brüsel se ve sometido a una catástrofe cuando su propia corriente de agua decide recobrar su mando sobre la superficie, obligando a sus protagonistas al éxodo.

Quince años después, sin embargo, Schuiten y Peeters, en La teoría del grano de arena, volverían a la misma ciudad (en la ficción han transcurrido 25 años y ha sufrido una completa restauración) para convertirla en escenario de nuevos sucesos extraños, uno de los cuales es la desaparición de diversos objetos y partes de una casa, hasta que es la casa entera la que se desvanece. La casa no es otra que la Casa Autrique, la ya reseñada construcción con que Victor Horta marcó la señal de salida al modernismo bruselense, y en el final de la historia, los personajes centrales recibirán una carta de su dueña, llegada por conductos «extraños», en las que les indica que ella y su hogar han reaparecido en «una ciudad que se parece a la nuestra y que sin embargo nada tiene que ver», que se llama Bruselas, donde la Casa se ha convertido en un acontecimiento cultural que todos quienes visitar. Un simpático guiño de los autores a sí mismos, que además sirve de bonito homenaje a Horta, y que redondea, en su capítulo final, el juego sobre universos paralelos que es toda la serie.

La teoría del grano de arenaCon la perspectiva de esos casi 25 años transcurridos entre su arranque y su conclusión, se observa una coherencia en la evolución del ciclo. Las primeras entregas se centran en la Ciudad en sí misma, es decir, en los espacios inanimados como verdaderos protagonistas de las historias, de tal modo que las criaturas que transitan por aquéllas son superadas en todo momento por su misterio o sus condicionantes, y ello por mucho que sean obras revestidas de inquietudes sociales (por ejemplo, la denuncia de la guetización de la zona más humilde de las dos que componen Urbicanda, a la cual se intenta aislar de la más rica). Sin embargo (y aunque ya Brüsel actúa un poco a modo de bisagra), será a partir de La chica inclinada cuando pasen a ser los seres humanos el centro de atención dramática de la peripecia. Primero, por la anomalía física (la inclinación de su gravedad, la sombra coloreada) que sufren sus protagonistas, y después porque son sus acciones las que transforman el entorno que los rodea, llevando una iniciativa que se les niega en las primeras historias.

El punto culminante de esta re-humanización de la saga es precisamente La teoría del grano de arena, donde reaparecen el mismo personaje protagonista de Brüsel, Constant Abeels, quien sin embargo ya no es un infeliz sino un individuo dotado de una enorme dignidad, y Mary von Rathen, la chica —ahora mujer— inclinada del álbum homónimo, observados de una forma que denota el cariño que, a esas alturas, sienten los autores por sus criaturas. Un cariño que beneficia grandemente este álbum, que consigue transmitir un sentimiento de humanidad y ternura hasta entonces ausente de unas peripecias caracterizadas por su tono gélido y abstracto, por mucho que el sexo y el amor, supuestamente, centraran las trayectorias de algunos personajes previos. Por este motivo, así como por la fluidez y sugestión que posee la trama de esta obra, magníficamente desarrollada y dibujada, convierten este álbum en la obra maestra de todo el ciclo.

Han pasado ya ocho años desde la publicación de La teoría del grano de arena y ningún nuevo ejemplar se ha sumado a la serie. Por un lado, nuestra debilidad por el progreso hacia la excelencia hace que lo consideremos el mejor y más coherente cierre posible. Pero por otro lado, ay, ese deseo de volver a experimentar las mismas maravillas que nos han acompañado durante tantos años, entre espera y espera, se revuelve dentro de nosotros y anhela una nueva aparición de las Ciudades Oscuras.

Caleidoscopio con las portadas de Las Ciudades Oscuras

En entregas inmediatas entraré ya con mayores pormenores en los contenidos de cada uno de los ocho títulos fundamentales de la saga.

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Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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5 respuestas a Las Ciudades Oscuras: urbes que aguardan en un sueño

  1. rexval dijo:

    Es asombrosa tu erudición en estos y otros temás. Ya tienes un lector para tus ocho entregas.

  2. rexval dijo:

    Aunque no sea este el lugar, aquí te lo cuento. Como te dije hay dos comics que me han interesado mucho: V y Maus: historia de un superviviente. El segundo trata del Holocausto. Es como una fábula con animales. Da ganas de llorar. Te lo recomiendo si no lo conoces. Te adjunto enlaces para bajar las dos partes en inglés – hay dos enlaces porque están codificados con sistemas deferentes – En castellano sólo he encontrado la primera parte, pero sigo buscando. Es escalofriante.

    https://thepiratebay.se/torrent/4373437/Maus__A_Survivor_s_Tale

    https://thepiratebay.se/torrent/9540916/Spiegelman_MAUS_english__amp__espa_ntilde_ol_%28tomo_uno%29

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