Un pasado para Lobezno (I)

La primera aparición de Lobezno, luchando con HulkSabido es que el nacimiento de Lobezno en el Universo Marvel, hoy por hoy uno de sus tres o cuatro personajes más emblemáticos, no fue precisamente glorioso: en The Incredible Hulk, números 180-181 (octubre-noviembre de 1974), como sparring de segunda para La Masa, en un par de tebeos además en los que el mutante canadiense ni siquiera era el contrincante principal del coloso esmeralda, sino el Wendigo, el mítico monstruo de los bosques septentrionales de América. Su golpe de suerte fue ser incluido, poco después, en la alineación de la renovada Patrulla-X, dentro de la cual, sin embargo, jugó un papel secundario durante sus primeros tiempos (la etapa dibujada por Dave Cokrum), hasta que el dibujante estrella John Byrne se hizo cargo de la colección. Se dice que a Byrne le agradó que un personaje de su misma nacionalidad fuera semejante basilisco, y poco a poco empezó a aumentar su importancia en las tramas y a convertirlo en el gran icono que hoy es. En cualquier caso, desde el principio, Lobezno se caracterizó por ser el personaje más misterioso del grupo. Si los nuevos reclutas eran en su mayoría jovenzuelos, el Garras era un hombre decididamente maduro por apariencia y por actitud. Si de los otros se nos cuenta, a grandes rasgos, de dónde vienen (en el mítico Giant-Size X-Men nº 1, publicado en mayo de 1975), de Lobezno solo sabremos justo eso: que trabaja para las fuerzas armadas canadienses bajo el nombre código, ya entrañable, de Arma X.

Pues bien, ese pasado incógnito fue durante muchos años uno de los grandes atractivos del personaje (cada dato que se daba, a cuentagotas, tenía un interés irresistible), hasta que de pronto, y en incontenible cascada, más o menos a los veinte años de su creación, Marvel decidió iluminar semejante oscuridad, creando una avalancha de datos a ratos sugestiva, a ratos caótica, a ratos cargante. Mira que me gusta la frase que Alan Moore pone en boca del Joker, en la mítica aventura La broma asesina: «Si he de tener un pasado, prefiero que sea múltiple», pero con Lobezno acabaron pasándose. Este artículo intentará explicar, con las dificultades de suponer, la construcción de ese pasado para Lobezno a partir de los datos que fueron facilitándose en las distintas colecciones mutantes.

Por cierto que el Lobezno de The Incredible Hulk, curiosamente no enfunda en ningún momento las garras, que de hecho casi pueden parecen un mero adminículo portátil. Sin embargo, en el Giant-Size, cuando es reclutado directamente por el Profesor-X en la base militar donde está destinado, ya muestra su carácter retráctil, y al desenfundarlas aparece la mítica onomatopeya «¡snikt!».

Lobezno, por John ByrneEl Lobezno que inicia sus andanzas en la renacida colección The Uncanny X-Men, desde su número 94 (VIII/75), es un personaje sin historia, una tabula rasa sobre la que ir escribiendo con toda libertad. Sin embargo, como es sabido, el escaso interés de Cokrum en el personaje retardó con mucho su evolución. Solo un dato, y es la revelación para el lector de que su verdadero nombre es Logan (sin aclaración de si es un nombre de pila o un apellido). Tiene lugar en el 102, y por boca de unos leprechauns o duendes celtas que sorprenden al mismo canadiense con semejante conocimiento. Por lo demás, este Logan, desde el primer momento, es presentado como un tipo duro, con pocas ganas de hacer amigos, francamente indisciplinado (su tirria hacia Cíclope, el jefe del equipo de lucha, es notoria desde el primer momento) y que enseguida se une a una bronca. Un auténtico hijo de perra. Así, no tardaría en ser calificado por todos, enemigos y aliados como un psicópata asesino, o en todo caso como una bestia feroz más cercana al animal que al hombre: de hecho, posee unos sentidos animales que son para él más valiosos que la mera vista. Sólo un rasgo inicial lo humaniza: el amor sin esperanza que siente por Jean Grey desde el primer momento.

La llegada de John Byrne a la colección, en el nº 108, lo cambia todo. En el número siguiente convierte ya a Lobezno, por primera vez, en eje central de la historia e incluye un primer dato sobre su pasado. Un superhéroe canadiense, Arma Alpha (después será rebautizado como Vindicador), el mayor James MacDonald Hudson, interrumpe el plácido picnic de la Patrulla a orillas de un lago para «devolver» a Lobezno a los brazos del ejército canadiense. El pasado del personaje irrumpe por primera vez: señala que él y Hudson fueron una vez «casi hermanos».

El goteo de información hasta conformar el Lobis que luego conoceremos también incluye sus poderes. De hecho, aunque hoy día tanto su famoso factor de curación como el esqueleto de adamantium son características centrales del personaje, tardaron un tiempo en ser mencionados. Así, en el nº 116, en plena aventura en la Tierra Salvaje, un dinosaurio muerde el brazo de Lobezno hasta el codo sin que éste pestañee mientras lo mata con sus garras. Ante la sorpresa de sus compañeros de que salga con bien del apuro, el canadiense da dos datos fundamentales: «me curo pronto» (primera indicación de su famoso factor curativo) y «no ha nacido el animal que pueda romperme los huesos» (primer indicio de que el adamantium no solo figura en sus garras sino en todo su esqueleto). Poco después, en el 118, la Patrulla-X hace un alto en el país que será fundamental para la conformación definitiva de la personalidad de Lobezno: Japón. La primera sorpresa que reciben sus compañeros es descubrir que entiende el idioma. «No sabía que lo leías», exclama el sorprendido Cíclope. «No lo preguntaste», es la hosca respuesta de Lobezno, cuando todavía no se había convertido en un lugar común.

Alpha Flight, con Vindicador al frenteEn ese mismo episodio, Logan conoce a la joven Mariko Yashida, dulce miembro de una importante familia japonesa a la que pertenece un ex hombre-X, Fuego Solar, que con el tiempo será su prometida. El periplo por el mundo del grupo los lleva a continuación de regreso al país natal de Lobezno, donde éste vuelve a ser acosado por las fuerzas gubernamentales, en este caso bajo la forma de un equipo de superhéroes, el Vuelo Alfa —la editorial Planeta ignoró la primera, y correcta, traducción del nombre y lo dejó como el original, Alpha Flight, por el que es más conocido en España—, liderado por el sempiterno mayor Hudson, Vindicador. Durante su nuevo combate personal, Hudson hace referencia a la deuda que Logan tiene con él y con su esposa, Heather, quienes le dieron «una posibilidad de ser humano en vez del niño salvaje que había sido». Más retazos de un pasado borroso, pero que no parece tan complicado como luego resultará ser.

Entre los números 125 a 128 tiene lugar una estupenda minisaga que creo bastante olvidada sólo porque justo detrás viene ya la de Fénix Oscura. Se trata del enfrentamiento, en tierras escocesas, entre la Patrulla y Proteo, el mutante multiforme hijo de Moira McTaggert, la científica asociada a Charles Xavier, y que en rigor constituye un inmejorable prólogo a aquélla. Al intentar poseer a Lobezno, Proteo sufre una terrible descarga: descubre que «este hombre-X está lleno de metal» (y el metal es anatema para el villano). Acto seguido, Lobezno responde que «no es sólo metal, nene; tengo un esqueleto hecho de cerca de tres millones de pavos de adamantium». A falta de una comprobación que me desmienta, puede ser la primera mención ya concreta a ese revestimiento de los huesos de Logan que lo hace prácticamente invulnerable.

La Saga de Fénix Oscura supone el ascenso definitivo de Lobezno a gran estrella del grupo, y del cómic de superhéroe. Una aventura que lleva a la Patrulla-X al límite de su resistencia y su capacidad de sufrimiento era lógicamente el campo adecuado para que el mutante canadiense dejara a un lado todas las restricciones interiores que había ido procurando durante ese tiempo de entrenamiento con el grupo. Así, es genial, en la última viñeta de la página 8 (núm. 131), la expresión de gozo que pone cuando, ante los sicarios del Club Fuego Infernal que acaban de malherir a Kitty Pryde por la espalda, saca sus garras (Byrne las dibuja en primer plano) y exclama: «Chaval, acabas de cometer el mayor error de tu vida… y el último». Viñeta que sólo cede en impacto a la justamente legendaria con que concluye el 132 y que lo muestra, emergiendo en las cloacas bajo el club, cuando parecía derrotado, y mirando directamente al lector con cara de rabia, exclamando: «Vale, cerdos, ya habéis tenido vuestra oportunidad. ¡Ahora me toca a MÍ!». En el siguiente número, demostraba lo que había querido decir, destripando sin piedad a varios de los sicarios del club, imágenes de enorme fuerza (aunque en su día, este niño que leyó el cómic no pensó en absoluto que estuviera ante unos dibujos «durísimos») que hoy serían impensables.

Mítica viñeta de Lobezno solo

Concluida la Saga de Fénix Oscura, y tras apenas media docena de números, John Byrne abandona la colección, para abrir una nueva etapa como único responsable de su propio trabajo. A esas alturas, y recapitulando, lo que se sabe de él, sencillamente, es que fue encontrado en los bosques de Canadá, en estado de semi-salvajismo, por el matrimonio Hudson, que lo «adoptó» y ayudó a recuperar su humanidad. A cambio, Lobezno se integró, como Hudson, en el servicio de su país. El resto se dejaba, de modo consciente, en la nebulosa, pues Claremont consideraba, con razón, que gran parte del atractivo del El auténtico wolverine, o carcayú, o glotónpersonaje descansaba sobre lo que no se sabía de él, y que cada lector podía rellenar como deseara. En todo caso, se sabe que, en un primer momento (etapa Cokrum), se había barajado la posibilidad de que el Garras no fuera sino un animal mutado, el que le da nombre —el original wolverine hace referencia a un bicho bastante agresivo llamado carcayú o glotón: por razones obvias, fue cambiado, y en mi opinión se dio con un alias estupendo. Más tarde, Claremont y Byrne se plantearon emparentarlo con otro personaje de apariencia salvaje y carácter psicopático que habían creado en las páginas de Puño de Hierro, la primera colección que unió sus trayectorias. Ese personaje, por entonces un matón de segunda, era Dientes de Sable, destinado a tener importancia en el futuro… pero no entonces. Como mucho, un diálogo en boca precisamente del olvidado Puño de Hierro (en el núm. 15 de su colección) señala que la ferocidad del recién conocido Lobezno le recuerda bastante al otro.

Tras la marcha de Byrne, Claremont se convierte en el único autor de las historias, y así será hasta principios de los años 90, en que será defenestrado de modo injusto. Si la colección se vendía bien con Byrne, de hecho será poco después cuando empieza a incrementar espectacularmente sus cifras de venta, hasta que The Uncanny X-Men se convierte en la colección más vendida de Marvel.

No es momento de analizar el porqué, pero el trabajo de Claremont poco a poco fue vulgarizándose, haciendo descender, y mucho, el notable interés de la etapa anterior. En concreto, la marcha de Byrne le sentó muy mal al personaje que tratamos. Su ascenso a figura de primera magnitud de Marvel aconsejó suavizar esas aristas psicopáticas de sus primeros tiempos, domesticar en suma al personaje. Es cierto que, poco a poco, había ido perdiendo su completa insociabilidad, demostrando una notable capacidad de comprensión de las angustias y debilidades de sus compañeros. Sin embargo, el personaje va perdiendo la chispa inicial, adquiriendo unas trazas de hermano mayor que, en ocasiones, resulta muy cargante.

Wolverine, por Miller y ClaremontEso sí, tal suavización del carácter se justificó con ingenio. Para ello, Claremont unió fuerzas con otra figura emergente de la editorial, Frank Miller, y entre ambos dieron vida a la miniserie Wolverine (IX-XII/82), publicada por Planeta-Forum en el número 1 de la entrañable colección Extra de Superhéroes. En ella, Lobezno viaja a Japón en busca de noticias de Mariko Yashida y acaba viviendo una tremenda odisea, interior y exterior, en ambientes yakuza. La aventura sirvió para reformular a Lobezno según la figura retórica (tan cara a Miller) del ronin, del samurái sin señor. El canadiense queda así configurado, para largo tiempo, como un guerrero que ha vivido mucho, que ha padecido demasiado y que sabe que dentro de él bulle un ser incontrolable, antes instinto que razón, por lo cual ha ido creando una serie de represores con los que mantener a raya su rabia, que lo sumen en un estado de estoicismo vital del que sólo se deja ir cuando es muy necesario, o sea, en los momentos en que sus compañeros demandan al guerrero al límite. Wolverine es un cómic que ha perdido, con los años, el impacto que sin duda provocó en su día, pero que sigue manteniéndose como una aventura más que digna.

Por cierto que un par de años después, Claremont volvió a situar a su personaje en los mismos ambientes, solo que esta vez en compañía de la joven Kitty Pryde, para enfrentarlo nada menos que con Ogun, el sensei que, en su indeterminada estancia anterior, adiestró a Logan en las artes de los samuráis, y que ahora se ha cambiado al «lado oscuro». Sucede en otra miniserie, Kitty Pryde and Wolverine (X/84 a IV/85), con resultados ya directamente ridículos. Sólo hay que imaginar al negado de Al Milgrom relevando a Frank Miller en el dibujo…

Los acontecimientos de la primera miniserie, claro, tuvieron su consecuencia en Uncanny, puesto que en la última viñeta Logan invitaba a sus compañeros a su boda. Fue una decisión absurda, pues lógicamente, de cumplirse a satisfacción, implicaba el abandono del personaje de la serie matriz y su permanencia en Japón. Para evitarlo, se buscó una solución de compromiso —Mariko acaba renunciando a la boda hasta que libre a su clan de sus lazos con los yakuzas, pero al mismo tiempo deja bien claro que es una responsabilidad que debe emprender sola—, que provocó un eterno impasse en la relación entre los dos enamorados, más bien fastidioso y poco creíble.

En fin, Lobezno va convirtiéndose poco a poco en un personaje demasiado predecible. Sigue jugando el mismo papel de guerrero maduro y lúcido, que siempre comprende a la primera las emociones que atraviesan a sus más inmaduros amigos y que ocasionalmente, para entretener un poco al personal y hacer creer que la vieja magia no está perdida del todo, se extralimita. Pero ya no es lo mismo: se nota un completo agotamiento de ideas. Francamente, tal vez debió haberse quedado en Japón por una temporada, quizá iniciando entonces su serie propia. Sin embargo, cuando ya parecía agotado, volvió a brillar con fulgor propio. Y para ello, Marvel abrió la caja de los truenos, o sea, el incógnito pasado de Lobezno.

(Continuará)

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Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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