Drácula de Bram Stoker, o cómo el Señor de la Noche se hizo bebedor de absenta

Drácula de Bram StokerSi en su día detesté profundamente esta película —me pareció un Drácula hecho para gustar a aquellos que consideran tontas las historias de vampiros—, veinte años después me parece todavía peor: una tontería que quiere convertir el género en un género fino para gente fina y que quiere hacer pasar su estomagante sobrecarga visual como una apoteosis de arte culto, olvidando en el empeño lo esencial, a su memorable personaje central. ¿Qué se le había perdido a Coppola en el género vampírico? A la vista del resultado, dudo que el director amara el género y menos el personaje original: sencillamente, en el guión que le presentó la actriz Winona Ryder olió un hit comercial que le ayudara, de modo definitivo, a obtener el gran éxito que necesitaba para superar la mala racha que, desde principios de los 80, lo llevó a la ruina económica y a la indiferencia crítica, y que había empezado a remontar con su título justo anterior, el tercer Padrino (1990).

El personaje de Drácula permanecía hundido en el fango desde el fallido (en el propósito monetario, que no artístico, quiero decir) intento de elevarlo a la categoría A con la película rodada por John Badham en 1979: la imagen de los últimos y patéticos intentos de la Hammer así lo habían provocado. Coppola supo cómo vender el proyecto ante las grandes finanzas y el público no entusiasta del terror. En primer lugar, ya lo he dicho, como una operación cultural: presentar en el cine, por fin, la versión auténticamente fiel a la novela de Stoker, el clásico ejemplo de libro del que todos han oído hablar pero pocos han leído (más allá, insisto, de los incondicionales). En segundo lugar, como una superación del «rígido» esquema de partida, convirtiendo la historia del vampiro por excelencia en una apoteosis del romanticismo. Encima, en un momento de especial sensibilidad ante la catástrofe del SIDA, el golpe genial fue hacer pasar el vampirismo como metáfora de dicha enfermedad, algo hoy bastante olvidado pero que hizo imprimir mucha letra en su día.

Lo cierto es que Coppola triunfó con creces en sus propósitos: consiguió obtener un gran éxito comercial que le permitió pagar por fin todas sus deudas, puso de nuevo su nombre en el candelero, aun cuando fuera por la polémica crítica y cinéfila que despertó el film, y reanimó su aletargada fama como creador de formas visuales.

Drácula en fotosEl autor de ese guión que tanto encandiló a miss Ryder era James V. Hart, un completo desconocido hasta que el año anterior había conseguido convencer a Steven Spielberg de las bondades de su revisión de otro mito literario, el de Peter Pan, cuyo resultado fue la estomagante Hook (1991). El planteamiento de Hart consiste en convertir a Drácula no en el símbolo de la maldad absoluta que es en el libro, sino en una especie de ángel caído, maldito por amor —renuncia, e incluso profana, a Dios ante el fanatismo de unos sacerdotes que niegan toda posibilidad de alcanzar la salvación a su amada, suicidada por no poder soportar la muerte de su amado, como le han hecho creer sus enemigos. Ese ángel caído encontrará la posibilidad de reunirse con el amor perdido, que ha sobrevivido a los «océanos del tiempo» (la cursilada más famosa de la película, pero las hay peores), reencarnada nada menos que en Mina Murray, quien también acaba por reconocerlo y trata de unirse a él pese a lo que ello significa.

La lástima es que el romanticismo del film no es un romanticismo maldito ni transgresor (eso ya lo había conseguido, quién lo diría, el vilipendiado Drácula de Badham), sino un romanticismo de anuncio de colonia, que acaba convirtiendo al conde, prácticamente, en el héroe positivo de la película: un héroe lánguido, gimoteante, presentado cuando rejuvenece como un atildado bohemio, que incluso bebe absenta, ¡y que se descubre con escrúpulos de conciencia cuando, por fin, tiene a su merced a su amada y la puede vampirizar para que le acompañe en su existencia inmortal! La forma con que Coppola ilustra el improbable romance se despeña por verdaderas simas de cursilería: el momento en que el conde transforma las lágrimas de Mina en diamantes es de aúpa, pero a éste hay que añadir el baile entre las velas o las gafitas de cristales morados con las que, se supone, Drácula se protege del sol (pues se respeta el detalle del libro de que los vampiros pueden vivir de día, si bien con los poderes disminuidos) pero que, en realidad, parecen pensados para darle una apariencia muy chic.

Sin embargo, el problema del libreto de Hart no es su planteamiento, sino la cobardía con que se plasma, o la pura incompetencia con que lo hace, o la suma de ambas, que al final no pueden separarse. El primer error de Hart es ese intento de jugar con dos barajas: la completa traición al original y el absoluto respeto al original. Como ambas completitudes no podían ser a la vez, la opción del guionista es seguir el desarrollo narrativo propuesto por Stoker prácticamente al pie de la letra, pero intercalando aquí y allá las secuencias o los diálogos necesarios para contar, también, su propia propuesta.

El verdadero Drácula de Bram StokerEl resultado es insostenible, e incoherente. A quien ha leído la novela de Stoker le parecerá que esas interpolaciones son absurdas, puesto que cuentan otra historia: es como si alguien editara el auténtico original pero añadiendo capítulos o fragmentos de cosecha propia, intentando que se note «poco». Pero incluso sin haber leído el original, el resultado es que en dos horas se intenta condensar una obra que en cualquier edición básica se acerca a las 400 páginas, respetando todos sus personajes y haciendo que aparezcan la mayor parte de las situaciones que protagonizan éstos, y desde luego sin variar un ápice el desarrollo argumental, empezando por el final, inédito que yo recuerde en los anales del cine sobre el personaje, de la persecución que se efectúa sobre Drácula de regreso a su tierra natal y que acaba justo en los muros de su castillo, siguiendo la estructura circular manejada por Stoker. Y sobre todo es el entramado romántico el que más sufre: puesto que aquí Mina acaba reconociéndose como la reencarnación de la Elisabetta transilvana, es absurdo que no se una directamente a su amado y, en cambio, viaje con la expedición punitiva en su caza. El intento de paliar esta incongruencia deviene intolerable: en el momento final, Mina acaba eligiendo por fin al conde, e incluso es quien lo remata al hundirle aún más el sable que a modo de estaca le han clavado, en una escena de inenarrable redención para el vampiro. Además, la esquizofrenia que provoca el doble juego de Hart hace que, si el conde resulta un héroe, sus perseguidores deban ser unos villanos, lo cual choca con el respeto a la trama de Stoker. Hart lo soluciona con un gesto innoble: poniendo en labios de Van Helsing una frase que indica su remordimiento ante la saña (?) de la persecución («Nos hemos convertido en los locos de Dios»).

Por su empeño en respetar tanto la letra de la novela, la acción de la historia resulta tan atropellada que el ritmo o la progresión dramática acaban siendo los grandes ausentes del relato. Seguramente, Coppola lo vio claro desde el principio, de ahí que renunciara a algo tan imposible como procurar la adecuada fluidez narrativa y, a cambio, se decidiera por un tipo de estructura que disimulara en lo posible dichas carencias, distrayendo al espectador de todo lo que no fuera la brillantez de las imágenes.

Así, su Drácula adopta la estructura narrativa de una serie de cuadros o secuencias casi cerradas cuyo objeto, desde el prólogo con el Vlad Dracula real, es apabullar por medio de la escenografía, el color, el encuadre, el movimiento de cámara, tomando como principio rector el recargamiento más absoluto. Como forma de burlar la falta de un coherente encadenamiento entre escenas y personajes, Coppola utiliza dos recursos. Uno es el montaje paralelo de dos escenas que pueden estar separadas por muchos kilómetros de distancia (la boda de Mina y Jonathan en Rumania —absurdo: por el rito ortodoxo, seguro que porque luce más exótico— se narra en correspondencia con el definitivo «despojamiento» del vampiro a Lucy, esto es, su definitiva muerte). El otro es el uso del encadenado de un objeto visual que se convierte en otro de tal modo que su presunta originalidad sirva, una vez más, para disimular la vacuidad de su sustancia. Así, en el rincón del jardín donde Jonathan y Mina se dan el beso de despedida, la cola de un pavo real (¿de dónde diablos surge?) acaba tapando a la pareja de enamorados y su ojo se convierte en la boca del túnel donde, ahora, viaja Jonathan adentrándose en la Europa oriental; o bien, las marcas sanguinolentas de los colmillos sobre el cuello de Lucy dan paso a los ojos rojos de la bestia-Drácula que le infligió la mordedura.

Más allá de los océanos del tiempoEl problema de este recurso, como el de la puesta en escena de Coppola en su totalidad, es que, al convertirse en un fin en sí mismo que se aparta de la dramaturgia de la historia, ésta pierde cualquier densidad (llega un momento en que acabamos esperando cuál será el nuevo truco de magia que nos ofrecerá el director). El completo absolutismo visual en el que se sumerge la película hace que la historia de Drácula acabe perdiendo cualquier importancia en beneficio del diletantismo estético que proponen las imágenes. A ello yo sumo esos elementos artísticos que a muchos tanto le fascinaron: el vestuario de la japonesa Eiko Ishioka, que convierte en más de un momento a los personajes en seres disfrazados, especialmente a Drácula y a la infortunada Lucy (el hecho de transformarla, casi, en una figura del teatro kabuki en su escena como no-muerta a mí no me hace especial gracia), y la música del polaco Wojciech Kilar, demasiado redundante en unos casos y en otros demasiado relamida.

Las primeras víctimas del desbarajuste que es el guión, de su abrupta y forzada síntesis, claro, son los mismos personajes, completamente desdibujados, puesto que deben repartirse pocos minutos entre todos. Y encima, parece imposible haber escogido un conjunto de actores para hacerlo peor. Curiosamente, el entonces poco conocido Gary Oldman no sale tan malparado como parecía. Tiene el problema de encarnar al Drácula peor concebido de la historia, lo cual le obliga, en determinadas escenas, a hacer el ridículo —ver llorar a Drácula, y varias veces, no tiene precio—, amén de que la propia tendencia del actor al histrionismo luce en más de un momento sin venir a cuento, sobre todo en la parte inicial en el castillo (sonrisillas de malignidad y tonterías por el estilo). Pero es verdad que en las escenas en que parece joven, paseando por el Londres de final de siglo, posee cierta entereza. Todo lo contrario que su partenaire, Winona Ryder, a quien la complejidad de su personaje la supera por todas partes: sin saber mirar, ni moverse, dominada por una absoluta rigidez expresiva, y para colmo de males sin el menor atractivo erótico (en los contados momentos en que intenta resultar voluptuosa, como en la parte final, ya medio vampira, está risible), su interpretación resulta tan penosa como inocua.

El elemento de «prestigio» del elenco lo aportaba entonces Anthony Hopkins, quien aún no había dilapidado el crédito ganado con su, de todos modos sobrevalorada, creación de Aníbal Lecter. Es evidente que, con detestable sentido divismo, Hopkins decidió aportar diversos rasgos originales al guión, con el resultado de crear el Van Helsing más grotesco de la historia. Sin conseguir otorgar en ningún momento la seriedad y el rigor científicos que son imprescindibles en este personaje, Hopkins por el contrario lo convierte en un zafio histrión, groseramente inoportuno (en el funeral de Lucy, de cuerpo presente, toma aparte a Seward y, sin más preparación, le dice que piensa clavarle una estaca en el corazón y cortarle la cabeza) y estúpidamente zumbón. Supongo que el actor pensaba así estar construyendo, con estos rasgos de «humor», un personaje más cercano al espectador, cosa que maldita la falta que hacía, puesto que en la novela ya era el personaje más humano. Del resto del reparto —los sosísimos pretendientes (Cary Elwes, Billy Campbell, Richard E. Grant o el siempre monótono Keanu Reeves)— mejor no hablar.

Toquecillos lésbicos porque quedan bienOtro elemento en el que Coppola y Hart se apartan del libro es en el tratamiento de la sexualidad. Paradójicamente, Stoker resulta harto contenido, incluso pacato, en este terreno, lo cual provoca cierto morbo erótico incuestionable. El film propone un tratamiento exacerbado de la sexualidad que, sin embargo, a fuer de recargado y esteticista, acaba despojándolo de cualquier lícito erotismo. A ratos, este film tan culto adopta modos de los soft-core presuntamente finos que desencadenó el éxito de las películas de Just Jaeckin en los años 70: el fugaz (y sólo justificable de cara a la galería) beso lésbico entre Lucy y Mina, los escarceos de ambas con la ropa mojada por el jardín de la mansión de aquélla… o la famosa seducción del estólido Harker por las muy deseables novias de Drácula, escena concebida no tanto para transmitir esa relación entre el vampirismo y el frenesí sexual que es uno de los grandes atractivos del mito como para epatar a públicos impresionables con una coreografía sexual «fina y sofisticada».

Pero el peor elemento de la dimensión sexual del film es la innovadora presentación de Lucy Westenra como una muchacha desenvueltamente libidinosa, amiga de hacer chistecitos con connotaciones fálicas —dignos de un film de Pajares y Esteso, como su forma de recibir a Quincey Morris, de tal forma que, por gesto y palabras, parece que está cogiendo y alabando su miembro sexual— y que explicita de modo continuo, y anacrónico, su sexualidad del modo más burdo. Al hacer esto, Hart despoja a la ceremonia de acoso y transformación de Lucy en vampiro de toda la carga transgresora que siempre ha tenido: ya no hay salida a la luz de la sexualidad reprimida por siglos de opresión masculina por la mujer, o por el puritanismo victoriano, sino que Lucy ya presagia en su comportamiento como viva todo lo que luego hará como no viva. Sadie Frost, por tanto, se limita a lucir una melena excesivamente pelirroja, a mostrarse groseramente procaz y a lucir (de modo por completo inverosímil en el contexto de la época, que ni Hart ni Coppola pueden saltarse porque sí) sus encantos ocultos a todos los hombres que se acercan a su lecho de «poseída». Lógico en una muchacha que, en uno de sus primeros diálogos, señala que «sé lo que quieren los hombres».

Drácula bohemio y con gafitasDe todo el film, prácticamente solo salvaría un momento que resulta genuinamente sugestivo: la exhibición de las primeras andanzas del joven Drácula, alborozadamente atónito, por el Londres pleno de maravillas de 1897, rodadas como por una vieja cámara de cine, con su color primitivo, bien traído por una vez por el guión puesto que será el cine el símbolo de esa fascinación que siente el conde ante los cambios que han sucedido en el mundo mientras él ha estado recluido en su lejano castillo. Y aún así, volvemos a la inconsistencia de Hart: puesto que la imagen de un vampiro no puede aparece reproducida en nada, como sabemos por los famosos espejos, se supone que tampoco podría ser registrado en una película de celuloide. El resto de Drácula de Bram Stoker es o aburrido, o antipático, o insoportable: no por nada estamos ante el más nefasto film-Drácula jamás realizado.

(Para desintoxicarse de tanto vampiro romántico, noble, bohemio y plañidero, recomiendo ver la obra maestra de John Carpenter, Vampiros, de 1998, donde se da un buen varapalo a aquel modelo y se restituye al No Muerto a su verdadera condición de símbolo máximo del mal, de engendro hediondo, que ni llora ni bebe absenta, sino sangre, y en nutridas cantidades.)

Vampiros, de John Carpenter

Título: Drácula de Bram Stoker / Bram Stoker’s Dracula. Año: 1992 Director: Francis Ford Coppola. Guión: James V. Hart, sobre la novela de Bram Stoker. Fotografía: Michael Ballhaus. Música: Wojciech Kilar. Reparto: Gary Oldman (Drácula), Winona Ryder (Mina Murray), Anthony Hopkins (Van Helsing), Keanu Reeves (Jonathan Harker), Cary Elwes (Arthur Holmwood), Tom Waits (Renfield), Sadie Frost (Lucy Westenra). Dur.: 128 min.

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Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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10 respuestas a Drácula de Bram Stoker, o cómo el Señor de la Noche se hizo bebedor de absenta

  1. Alex Cerrato dijo:

    Tanta palabreria y gilipollez, tanta supuesta sapiencia para sostener un mal gusto tan atroz. Esa película es infinitamente mejor a la novelucha que para ser el culmen del romanticismo no tiene nada de romántica y es anodina a más no poder, ya que en ningún momento el lector entiende la motivación de Drácula para ir a Londres. En cambio, la peli de Coppola, traiciona la birriosa novela (bien por él) y el espectador entiende las pulsiones que manejan a tan poderoso ser: la busqueda de la humanidad y del amor pérdido que escapa incluso a sus inmensos poderes. Entonces se entiende todo. Y visualmente es impresionante, tan bonita y profunda como La noche del cazador, aunque claro, me temo que sólo la gente vulgar (ese entente ilusorio que hemos confeccionado con los defectos de papi, mami y los vecinos) que no sabemos apreciar la rodilla de Clara o el plano contrapicado de la secuencia de tal película de Murnau que si aprecian los excelsos cinéfagos. Esos seres que buscan un sentido a haber estudiado una carrera reglada de 4 o más años para saber disponer una biblioteca por orden alfábetica.

    • El problema de esta película, señor Cerrato, no es que Coppola (más bien Hart) traicione la “birriosa” novela de Stoker (entiendo que no le guste: conozco a unos cuantos amigos, cuyo opinión valoro bien, a los que les aburre bastante: eso sí, no necesito denigrar su mal gusto porque no comparta su estimación). El problema es que se queda en tierra de nadie. Ojalá se hubiera lanzado con arrojo a la idea del Drácula romántico en busca de su amada por toda la eternidad. Pero tendrá que reconocer —si ha leído la novela, lo sabrá bien— que entonces sobra el respeto tan escrupuloso a todos los episodios del libro (¡si es que no falta casi ninguno!), porque entorpecen el desarrollo romántico. Eso sí, la novela de Stoker será lo que sea pero no intenta ser el «culmen del romanticismo», sino todo lo contrario. En cuanto a lo que Coppola entiende por romántico (multitud de velitas, restaurantes «íntimos», chicas con camisones mojados por la lluvia y lágrimas que se convierten en brillantes…), pues no sé si es bonito pero profundo no me lo parece, sino tópico. Creo que el Drácula de 1979 juega mucho mejor la carta del romanticismo… aunque, curiosamente, también tenga una escena con velas y más velas.

  2. Jose Carlos Rodriguez Anton dijo:

    Hola nuevamente. Hasta 1992 la direccion artistica de las adaptaciones de Dracula, no habian sido tan notables, salvo quizas por las dos versiones de Nosferatu. Coppola se dio el lujo de usar el color rojo para la mayoria de las escenas, puesto que este es el color mas relacionado con el vampirismo y la sexualidad.
    Dicha adaptacion es la unica que ha relacionado a Dracula con su alter ego en la vida real, el conocido “Vlad Draculea” o “Vlad el Empalador”. Historicamente, este hombre era un heroe para muchos, por sus acciones, la version de Coppola le da un sentido mas religioso y finalmente nos habla sobre la transformacion de Dracula de humano a Vampiro.
    Esta version usa el conocido nombre: “Bram Stoker’s Dracula” no lo hace solo para señalar que es la version mas apegada, tambien lo hace para diferenciarse de otras peliculas y a su vez no fuera confundida con la version de 1931. Que es ser un director de cine? Es hacer arte e imprimirle tu propio estilo. Y eso hace esta version, la transicion de escenas llega a ser brillante. Desde la mordedura de lucy hasta los brillantes ojos del lobo. Debo aclararte, que la parte en la que Dracula “aparece filmado” es incorrecta. Ese fue tan solo un efecto, como los demas utilizados en la pelicula, ese solo fue para demostrar la epoca y el avance del cinematografo. En realidad pensaste que una camara filmo a Dracula? Solo se trato para un efecto narrativo, nada mas.
    Los personajes, el diseño de sus trajes, fue usado de forma inteligente, su apariencia hoy en dia es emblematica, incluso la apariencia del propio Dracula es tan recordada como la apariencia de Bela Lugosi en la version de 1931.
    Para ser director hay que ser original, hay que saber expresarte y mostrar lo nunca visto. Reitero que el Dracula de Coppola es mas humano, pero no es bueno, tampoco es un heroe, es un ser repleto de maldad pero con un pasado humano incapaz de ser borrado. Un heroe le entregaria a hambrientas vampiresas un bebe recien nacido? Un heroe tomaria en venganza la vida de una joven que no le ha hecho nada, como lo es Lucy? Porque eso hizo, despues de alimentarse de su sangre, decide maldecirla, convirtiendola en una No-Muerta. Un heroe no asesina a gente inocente como lo hace el Dracula de la version de Coppola. Un heroe mataria a alguien que le tiene devocion como Reinfield? Cabe destacar que esta pelicula es la unica que usa las distintas facetas de Dracula, el lobo, las ratas, la niebla verde, el vampiro enorme, el hombre lobo, y el dracula que rejuvenece con la sangre.
    Te explicare la trama de Mina y su romance, el conde, no se enamora de ella, el la reconoce como la reencarnacion del amor de su vida. Ella se enamora de el, por la frialdad de la soceidad victoriana, Dracula le ofrece una sexualidad abierta, ella tanto lo desea, pues es una libertad que no puede obtener. La pelicula de Coppola usa el erotismo, no solo dentro del castillo de Dracula, si no en todos los personajes femeninos. Justo como Stoker lo concibio, puesto que la “morida en el cuello” hace alusion al sexo oral.
    Tu concepto de Dracula es “maldad pura”, si conoces el libro sabras que Dracula ha sentido amor alguna vez. Entonces el concepto de maldad pura estaria equivocado.

    • José Carlos, es evidente que tenemos opiniones muy distintas sobre la película de Coppola, y cada uno razona en función de su valoración, como es lógico.

      En cuanto a la mía, vuelvo a señalar que el planteamiento de humanizar a Drácula me resulta muy interesante… pero no aquí. En la película de 1979 (te pongo un enlace a mi comentario: https://lamanodelextranjero.wordpress.com/2013/02/14/dracula-1979-el-senor-de-la-noche-se-enamora/), en cambio, se acertaba plenamente, incluso mostrando a un Drácula enamorado. No me opongo, por tanto, a ese planteamiento, sino a la forma en que lo resuelve esta película.

      Tampoco creo que (con los dos Nosferatus, magníficos ambos, por cierto) sean los únicos Dráculas notables desde el punto de vista artístico. El mejor Drácula, para mí, siempre será el de Terence Fisher, con Christopher Lee, inolvidable desde cualquier ángulo. Y por último, en efecto, en el libro Drácula le dice (a las tres vampiras) que él también ha amado en el pasado (ellas, en cambio, le dicen que “nunca has amado”). Con todo, no me parece que esa declaración baste para que el Drácula de Stoker deje de ser la encarnación del Mal absoluto. En el libro, me parece irrefutable. En el Drácula de Coppola, está claro que no.

      • Jose Carlos Rodriguez Anton dijo:

        El genero gotico siempre me ha cautivado. Dado que el romance y el erotismo pueden unirse con el horror. Que esconde Dracula entre lineas? No solo es miedo. En las dos peliculas de Nosferatu, el ambiente es tetrico, es frio, pero a fin de cuentas funciona. Podria decir que el conde de Nosferatu de Herzog es al igual que la pelicula de Coppola, mis preferidas, ambas saben tratar el romace “Vampiro-humana” en ambos, el resultado es tragico. Dices que la pelicula de John Badham es mas original y esta mejor lograda. No se tu, pero dicho Dracula no me hace sentir nada, en comparacion con los otros dos, que me dejaron atonito, tanto en la forma en la que lucen, como sus anhelos. Ambos en un principio suelen dar un ambiente tetrico, casi nostalgico. Pero conforme avanza n ambas cintas, los dos, muestran eso que queriamos ver de Dracula, que piensan. En el libro funciona el no saber que esperar del conde, es mas, no saber que esta pensando. Pero en una daptacion siempre debe ser diferente. Debes de mostrar mas. Digo, por algo gano varios premios Oscar en diferentes categorias. Has escuchado la musica de Nosferatu 1979? Es aterradora. Mientras que la musica de Coppola señla las emociones que ocurre en la escena. Pudo decirte que este Dracula se creo con la capacidad de mostrar algo nuevo y no ser simplemente un ser malvado generico que hace mal simplemente porque es malo. Dracula de Coppola es malo, no es un heroe. Tanto en Nosferatu como en Dracula 1992 llegas a encontrar un sentimiento con dichos personajes, pero el final te deja satisfecho, puesto que son seres que estan malditos y que maldicen a otras personas. El exito de Dracula 1992 no se debe a ser un “hit” se debe a que era lo que necesitabamos, una adaptacion con tintes fieles y originales. Algo que me gusta, es que Mina llega a escribir sobre el conde, pero lanza dichas paginas al mar, es como si explicaran el porque dicha trama no aparece en el libro. En cambio la version de John Badham, no muestra el potencial de Dracula como bestia de la noche, cosa que si hace Coppola con la transformacion del Dracula-lobo.

  3. Como a ti el género gótico me fascina, y creo que el vampiro es su figura más interesante y compleja. Por tanto, Drácula es la mayor creación del terror y admite tal cantidad de variantes y puntos de vista que por eso mismo resulta tan inolvidable. Un único Drácula sería muy pobre, de ahí que esté de acuerdo en que una adaptación, para ser rica de verdad y no una pérdida de tiempo, no se debe contentar con lo que ya está dicho en el libro o en otras películas. Unas veces se conseguirá y otras no tanto, pero al menos debe aplaudirse siempre el intento.

  4. Andres Gonzalez dijo:

    Acaso no comprendes que el lenguaje del cine y el lenguaje literario son completamente diferentes? Uno es rico en detalles, tanto que a veces son completamente innecesarios. Y la novela original de Stoker los tiene, detalles que no sirven de mucho en la historia, pero que estan ahí, simplemente para darle mas cuerda a la historia. La novela tambien tiene escenas flojas, como esa en la que estan los protagonistas, ahora convertidos en cazadores y entra Dracula a escena, debes reconocer que para ser una escena que debe impresionar mucho pues es la primera vez que todos los cazadores se ven frente a frente con Dracula, deja mucho que desear y esta por supuesto, mejor narrado en la pelicula de Coppola, porque le añade intensidad y un dialogo sin igual que deja ver cuales son las intenciones del Monstruo, no son las de encontrar a su amado y “vivir felices para siempre”, si no, las de vivir una eternidad con una mujer parecida a su amada, causando el mal. Dracula es un ser vil y despreciable que asesina y no siente remordimiento, pero la pelicula marca un camino que tu no notaste, el perdon, Dracula se va redimiendo poco a poco, al ser capaz de amar, para finalmente arrepentirse y ser perdonado. En el libro no hay razones para que esto pase, el es malo y finalmente muere con una cara de paz (?) Supongo que debe ser la recompensa de acabar con el sufrimiento de vivir una eternidad, no lo se, nunca se explica adecuadamente. La verdad es que el Dracula de la novela nunca deja de ser un personaje de una sola dimension, es malo solo porque si. Creeme, soy un gran seguidor del libro y admiro a Bram Stoker, pero sus personajes no son tan interesantes, pero eso se debe a que son productos de la epoca, no es su culpa. Otro de los inconvenientes que tengo con el libro es que la escena de la persecusion para matar a Dracula antes de que llegue a su castillo no es emocionante, es un poco aburrido. A diferencia de la pelicula, donde la persecusion es mas interesante y el desarrollo mas prolongado. La mejor parte y la mas aterradora del libro es la primera, la parte del castillo, a partir de ahí se vuelve un poquito aburrido. No porque no veamos a Dracula, si no porque te repito, los personajes no son tan interesantes y son accidentados, no estan bien definidos, no se si asi habrian sido todas las personas de la epoca, solo sabemos que son buenas personas que de un dia para otro se convierten en cazadores. Es un gran libro, pero si te vienes y quejas de una pelicula que al menos trata de recrear la pasion de la historia aun mas, entonces debo mostrarte algunas fallas del libro.

    En cuanto a a pelicula, esta no trata de ser la mas “fiel” de todas, incluso uno de sus primeros nombres iba a ser: “Dracula: La historia no contada”, pero como la Universal aun tenia los derechos del titulo: “Dracula” a secas, no pudieron nombrarla de otra forma mas que “Bram Stoker’s Dracula” la cual relataria cosas diferentes del libro, para hacerla mas interesante, por ejemplo, el Dracula que es un desertor de dios, un monstruo en la tierra, alguien que vive para hacer mal, pero que sin embargo esta harto de una vida monotona, una vida simple como “el mal”. Que sentido tiene vivir sin amar? Si dices que Dracula es el epitome del mal, entonces porque este mismo en el libro dice que “sabe amar”. El proposito de Stoker nunca fue el de crear un ser que solo es malo y punto, recuerda que se baso en el personaje de Carmilla, una vampiresa que a pesar de ser un ente maligno, es capaz de amar. Por lo que su maldad solo se mide por sus acciones, no en su ser. El Dracula de Stoker fue humano, se menciona en una de las reuniones del grupo. El Dracula de Coppola fue humano y le es dificil desprenderse de ello.

    La idea de hacer la pelicula es hacer una version artistica, antes de juzgar algo que no comprendes deberias conocer el porque, hay muchos videos buenos que explican el porque de la pelicula. Tardaria mucho en explicartelo, por esto te recomiendo hacer verdadera investigacion, como el Doctor Van Helsing XD

    Por cierto, el maquillaje de Lucy no tiene nada de Kabuki, como mencionas, su tez es simplemente pintada como la cera, tiene sentido, suponiendo que Lucy viene de una familia poderosa, van a darle a su hija difunta un entierro digno, por lo cual, debido a su piel tan palida y demacrada, se le pinta de blanco, nada mas, haciendola parecer una muñeca de cera y mas aun da esa impresion en ese ataud de cristal. Los labios rojos que despues aparecen en la pelicula fue debido a la sangre del pequeño que estaba bebiendo. Asi que no se de donde te sacaste eso del kabuki XD

    El ultimo comentario, del usuario de aqui arriba tiene razon, de todas las peliculas de Dracula, siempre se ha tratado de hacer algo diferente con el personaje, si copias y pegas al mismo personaje de una sola dimension, entonces el personaje de Dracula hubiera muerto hace mucho tiempo en el cine.

    • Por la extensión de tu comentario, comprendo que la película (y la historia) te importan bastante, y por otro lado uno de los atractivos de cualquier blog sobre cine o literatura es la posibilidad de una polémica saludable. Empiezo por la fidelidad entre película y libro, y por el título. Como digo en mi artículo, por un lado el guión es muy fiel (innecesariamente fiel: quiere meter tantos episodios y personajes que se atropellan. ¿A ti no te sobran casi todos los pretendientes?) y por otro sigue por completo una dirección diferente. El problema es que este doble propósito no está bien logrado: yo habría apostado directamente por el segundo, y quizá con más dedicación la cosa habría quedado mejor. Eso sí, sea por la razón que lo hicieran, reconoce que al insistir desde el mismo título en Bram Stoker, se ganan que todos los que conocen bien el libro no quieran tragar con ruedas de molino. El libro, eso sí, a mí me parece sugestivamente imperfecto: por supuesto que tiene partes aburridas e incluso prescindibles, pero el resultado general lo compensa todo… empezando por ese personaje tan unidimensional que señalas.

      Alegas que Drácula es un personaje sin matices, que es «malo porque sí», lo cual es completamente cierto. Pero no veo que sea un defecto; vamos, ni una virtud. El acierto de un personaje no depende de que sea más o menos de una pieza o que tenga muchas vueltas: depende de que el autor, una vez elegida su perspectiva, sepa dotarlo de coherencia e interés. Y Drácula encarna el Mal absoluto como muy pocos personajes en toda la historia de la literatura. Ahora bien, es claro que la gracia de las adaptaciones está en que los responsables de las mismas no se limiten a repetir un libro (porque entonces solo se aprovechan de un trabajo ajeno), y si lees más artículos de mi blog, sobre todo de la sección “Del libro a la pantalla” —ahí encontrarás la respuesta a tu primera cuestión de si comprendo que el lenguaje literario y el cinematográfico son diferentes— verás que es justo lo que defiendo siempre como adaptación creativa.

      Eso sí, no me vale cualquier cambio. Un Drácula romántico, un Drácula positivo, no es nada que inventaran Coppola y su guionista: ya lo hizo precisamente la película de John Badham. Lo que sucede es que la forma de expresar ese sentimiento de redención, para mí, se hace recurriendo más de la cuenta a los tópicos y a unas imágenes que, intentando ser el colmo de lo bonito, me resultan cursis. Por cierto, todos esos videos que “explican” la película (y creéme que he visto más de uno: lo del kabuki, precisamente, viene en más de una crítica que he leído sobre la película), como es lógico, son completamente subjetivos: en arte, la objetividad no existe. En todo caso, cada uno de nosotros acepta la opinión subjetiva de otros (y nos cuesta, a mí también) en función de la coherencia con que se explique, aun cuando no estemos de acuerdo. Ese es uno de los atractivos de la confrontación de opiniones: creéme que me valen más buenas opiniones que disienten de la mía, que gente que da la razón como los tontos.

      Un saludo!

  5. Andres Gonzalez dijo:

    Para empezar estarías aceptando que en la novela original también sobran los pretendientes de Lucy, pero estarías negando el factor histórico sobre la novela en la época victoriana. Tampoco es que en el libro hagan gran cosa, salvo una que otra razón por la cual se incluyen dentro de la historia, como formar un grupo de cazadores furiosos que destruyan al monstruo. Por esa única razón es por la que hay tres pretendientes, para que el conde se vea arrinconado. Como seguidor del libro (te lo aseguro) reconozco los puntos buenos y los malos de la historia (como todo buen seguidor) pero el producto entregado (La novela) es como tu dices, no es perfecto, para mi la mejor parte del libro es sin duda la parte del castillo, ya sabes la de Jonathan y las “novias” de Dracula y los ataques nocturnos a Lucy. Fuera de eso, la historia avanza lenta y con partes innecesarias.

    Es un defecto que Dracula sea malo “porque si”, porque en el libro nos mencionan sobre que Dracula fue humano alguna vez, un príncipe guerrero, entonces no hay un incapie que nos indique el porque de su maldad y mucho menos de su aparente redención final, al aceptar la muerte, pero como el personaje es humano, un humano no-muerto, es imposible pensar en el como el epitome de la maldad pura. Bram Stoker si creo un personaje interesante, pero falto de cualidades y expresiones destacables, incluso el propio monstruo de Frankenstein (si me permites la comparasion) es un personaje mas interesante, porque se nos muestra su camino para convertirse en el asesino que hacia las cosas y sentía (el monstruo) odio y lastima por sus acciones terribles. Es un personaje tridimensional, a diferencia del Conde que solo esta ahí para traer calamidades y ser malo porque así lo requiere la historia. No me quejo, pero no me parece el “gran villano” que todo mundo piensa que es, ese es un merito que le dio Hollywood y la infinita cantidad de películas, que lo presentaron como el antagonista, pero cada uno de manera tan diferente que Dracula fue evolucionando en el cine, para su beneficio.

    El Dracula de la película de Coppola es el mas humano, este es un concepto que nadie antes se había planteado y que gracias a esta película empezaría a explotarse esta idea: “La inmortalidad como una condena”. Este Dracula no siente miedo, ni rechazo, solo siente odio y sed de venganza, es un ser capaz de matar a cien por una joven novia, no me digas que eso no es maldad. El personaje en la película jamas siente culpa ni remordimiento por sus asesinatos, mas bien lo convierten en el anti-heroe, no hay nada de malo en eso. No creo que hayas visto los vídeos pre-producción donde muestran el porque del diseño artístico y la perspectiva de la belleza, después de todo el cine es arte, ¿no? Te explican el porque del castillo, el porque del vestuario, el ambiente, la música y todo eso que acompaña a la película hasta el final, haciendo una película por demás esta decir: interesante.

    Te guste o no, es una de las mejores producciones, no solo por su esfuerzo en el ámbito de producción, si no por su valor artística, después de todo, ¿Que otra película de Dracula tiene mejor música, mejor vestuario y mejores efectos? Que para los años 90 el concepto de un “murciélago gigante arañando la ventana” (viene en el libro) ya no era tan bueno, otros preferimos al murciélago casi demoníaco que aparece en la película.

    La propuesta era contar “una historia que nunca se contó”, con esto no se refieren al Dracula enamorado, si no a los acontecimientos que no aparecen en el diario, para hacer la historia un poco mas interesante, por ejemplo el romance de Mina y el Conde aparece solo en la película y nunca es mencionado en el libro, recuerda que la novela esta narrada desde los diarios y recortes de periódico, hay una escena en la película en que Mina esta tirando hojas de su diario al mar, para dirigirse al lugar donde tienen a Jonathan, en las hojas de su diario Mina escribe su romance con el conde, pero se deshace de ellas por temor a que Jonathan las encontrara, eso es un giro interesante en la película, nos indica el porque eso no aparece en el libro, es como una historia secreta, por lo tanto un acierto. Los personajes en la novela son chicos buenos, sin nada que los haga remotamente interesantes, digo; no hay conflictos personales, nada. La novela no se basa en personajes tanto como se basa en situaciones, lo cual es un verdadero despropósito, mientras que las películas tratan de hacer personajes mas interesantes, todos a su manera, pero en fin.

    Un saludo y perdona la tardanza de mi contestación.

  6. Hola, Andrés. Tardo yo también en contestar, primero por haberme pillado tu mensaje de vacaciones y luego porque no es para leerlo en dos minutos jaja.

    Como ya señalaba en la respuesta anterior, está claro que la película ha tocado nuestras sensibilidades de forma muy diferente, y cuando es así la razón da paso al sentimiento y no hay más vuelta de hoja: si algo te llega, te llega. Solo una cosa interesante. Citas al personaje de Mary Shelley y tienes razón cuando señalas que el monstruo sí evoluciona psicológicamente en esta novela, y ese es uno de sus atractivos. Drácula no evoluciona: es lo que es desde el principio (una criatura que se cree distinta, y superior, a los humanos y los usa únicamente para su beneficio) y no cambia. Los dos personajes son estupendos, pues su calidad no depende de evoluciones de personalidad sino de sus características personales. No sé si has visto la versión de Kenneth Branagh con Robert DeNiro en el papel del monstruo de Frankenstein, que también daría para hablar largo rato (aunque, como adaptación, me gusta mucho más que la de Coppola sobre Drácula).

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