La escisión de personalidad en El increíble Hulk

El increíble Hulk. La EncrucijadaDentro del aluvión creativo de los primeros personajes de Marvel a cargo de Stan Lee y Jack Kirby, al increíble Hulk —La Masa en la entrañable traducción elegida por Vértice, primera editorial española en publicar los personajes de Marvel— le tocó en suerte el ser una versión, bastante tosca, del mito clásico del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Es decir, un brillante científico que intenta abrir puertas de la ciencia «que no se deben abrir» y acaba pagándolo caro. Víctima de las radiaciones provocadas por la explosión de una bomba gamma de su propia creación, el doctor Bruce Banner sufre una escisión de personalidad que, en momentos de fuerte excitación, lo convierte en un monstruo de fuerza incontrolable. Esa fuerza incontenible lo convierte en un peligro para la sociedad, que se empeña en perseguirlo y hostigarlo una vez más, por medio de los militares que inicialmente financiaron su bomba. Sin embargo, ese ser, al que los mismos soldados bautizan como una mera «Masa» (de ahí la necesidad de la traducción), es en realidad dueño de una gran nobleza interior, químicamente pura en función de su condición de niño grande. En cualquier caso, esa escisión de personalidad —dos personalidades diferentes compartiendo, aun transformado, un mismo cuerpo— es la base sobre la que se construiría el personaje durante las décadas siguientes, y a este aspecto voy a dedicar las siguientes líneas, aprovechando la reciente publicación a cargo de Panini de un estupendo tomo titulado «El increíble Hulk. La Encrucijada», que recoge uno de los momentos más significativos de esa trayectoria escindida.

Este planteamiento —la persecución continua de La Masa y las aventuras que vive a lo largo de su perenne vagabundeo— alimentó la colección durante más de dos décadas, y bastó para convertirlo en uno de los superhéroes más famosos de la Marvel. En especial, durante los años 70, en los que la colección que lo albergaba, The Incredible Hulk, se convirtió en la segunda más popular de la editorial después de la que daba cobijo a Spider-Man. Buena prueba de ello es que, al igual que había sucedido poco antes con el arácnido, a finales de la década se le concedió el honor de una serie televisiva, que lo popularizaría fuera del ámbito de los niños lectores de tebeos.

Mítica primera aparición de La Masa, con su aspecto grisEl personaje nació directamente en una colección propia, titulada precisamente The Incredible Hulk, de periodicidad bimestral, y que sólo sobrevivió seis números, entre mayo de 1962 y marzo de 1963. En esos seis números se registran varias curiosidades. Primero, el famoso color verde del personaje no formaba parte del diseño original (en el primer número era gris), sino una opción forzada por los problemas cromáticos de los primeros números. En segundo lugar, en un primer momento la transformación se producía solo de noche, pero es evidente que esto limitaría bastante el tipo de aventuras del personaje, de modo que no tardó en cambiarse. De todos modos, en esos primeros números está claro que no se sabía cómo definirlo: unas veces de torpe inteligencia, en otras demasiado inteligente (¡en un episodio hasta coge un libro para entretenerse durante un viaje!), en otras Banner controla a La Masa…

Pese al fracaso inicial, el personaje no fue olvidado. Stan Lee enseguida lo introdujo en la alineación inicial de su nuevo supergrupo, los Vengadores, aunque de modo efímero pues era evidente que la naturaleza nada gregaria y difícilmente controlable de la Masa lo hacía demasiado antisocial. No tardó en volver a protagonizar sus propias aventuras, si bien dentro de una colección compartida, Tales to Astonish, cuyas páginas habitó desde su número 60, dividiendo siempre las páginas con otro héroe, primero el Hombre Hormiga y más tarde Namor, el Hombre Submarino.

En su primera aventura dentro de esta serie, Stan Lee ya creó la explicación básica para la transformación de Banner en La Masa (los aficionados a la serie televisiva lo recuerdan bien): cualquier excitación, normalmente provocada por una sensación de miedo o enfado, altera el pulso del científico y da paso a su terrible alter ego. Hasta principios de los 80, esto fue inamovible. Eso sí, el proceso opuesto, la reversión a la normalidad, ya será más arbitrario, pudiendo suceder bien porque el gigante esmeralda se duerme (pero no siempre), o bien se «tranquiliza», o bien por alguna causa externa que le conviniera al guionista de turno.

Hay que reconocer que tanto las características del personaje como las de la serie que albergó contenían una amenaza de monotonía a poco que el equipo artístico de turno se descuidara. Lo peor es que en veinte años nunca se exploró el dramatismo básico de un personaje obligado a ver convertida su existencia en breves paréntesis entre los momentos de explosión del monstruo contenido dentro de él. La inevitable esquizofrenia que subyace bajo esa existencia jamás se planteó, por mucho que Banner lamentara, número tras número, la triste (y efímera) existencia a que se veía condenado. De hecho, Bruce Banner siempre fue un comparsa durante esas dos décadas, un pequeño fastidio al que se volvía solo para dejar respirar un poco la trama de los episodios, o hacer más dramático el retorno del coloso verde.

Los 4 Fantásticos curan a Hulk... por breve tiempoDe vez en cuando, los guionistas recurrieron a la solución más fácil para animar la serie: la mente del doctor Banner conseguía dominar la mucho más simple de su alter ego. La primera vez fue en los números 122 a 124 de la serie —que a partir del 101, con protagonismo en solitario del monstruo, ya se había rebautizado definitivamente como The Incredible Hulk—, bajo guión de Roy Thomas, el primer sucesor de Stan Lee, y dibujo de Herb Trimpe, un artista tal vez tosco muy efectivo que fue el primer ilustrador que cubrió una etapa muy longeva al servicio del personaje. Esa primera Masa inteligente fue efímera. Más tarde, se crearon nuevas variaciones: Banner se curaba pero volvía a someterse voluntariamente a la radiación gamma, La Masa se separaba del cuerpo de Banner, etcétera… Una especie de huida hacia delante que, al final, siempre concluía en la misma situación de partida: Banner y Hulk compartiendo el mismo cuerpo, en espera de la famosa aceleración del pulso.

Con el cambio de década, la colección fue languideciendo, entrando en un larguísimo impasse de escaso interés, con los guionistas repitiendo hasta la extenuación los mismos esquemas, proponiendo nuevos pero poco interesantes enemigos o recuperando a los antiguos y más carismáticos. El inesperado cambio llegó en el número 272 (con fecha de junio de 1982), en el que, de nuevo, Bruce Banner —la excusa es lo de menos— obtenía el control de su transformación. El equipo encargado en esos momentos de la colección estaba formado por el guionista Bill Mantlo y el dibujante Sal Buscema: el primero llevaba ya dos años en la serie (desde el 245), si bien el ilustrador se ocupaba del personaje desde el 194 (diciembre de 1975), tras sustituir al anteriormente citado Trimpe.

En esas manos, la colección no había llamado especialmente la atención, pero Mantlo tuvo la intuición de que debía dar un giro de timón a la serie si no quería hundirse para siempre en la mera mecánica. De ahí que apostara por ese Hulk inteligente más allá de lo puntual. Así, La Masa conseguía demostrar al mundo entero que estaba curado e incluso obtenía el perdón presidencial, como colofón al homenaje rendido por los superhéroes del mundo entero (buena parte de los cuales, a lo largo de las dos décadas anteriores, había tenido ocasión de combatir junto a él).

Como es normal en todo culebrón (y las series de superhéroes eso es lo que son), una vez superada esa situación climática, la pregunta a responder era: ¿y ahora qué? Mantlo podía haber mantenido a esa Masa inteligente ad infinitum, limitándose a cambiar, pues, el tipo de registro del héroe pero, en el fondo, contando aventuras muy similares. Pues bien, lo admirable es que, ahora sí, empujó a La Masa hacia una situación que cambiaría para siempre al personaje. En medio de una situación en apariencia estable —Banner consagrado de nuevo a la ciencia en un complejo científico construido a su medida, incluso con pareja estable—, Mantlo paseó a su héroe por una serie de aventuras, en apariencia anodinas, que en realidad encubren la tragedia que va germinando en el interior del infortunado doctor. Pues Banner se ve asaltado por terribles sueños en los que su enterrado alter ego vuelve a reaparecer, pero más salvaje e incontrolable, hostigándolo, destruyendo poco a poco la tranquilidad alcanzada.

Bill Bixby y Lou Ferrigno, Bruce Banner y El Increíble Hulk en tvEs el preludio, en efecto, para una tremenda regresión, no al anterior bruto noble, sino a una Masa aún más primitiva. En el curso de unas aventuras progresivamente sombrías, Mantlo hizo que Banner fuera perdiendo el control de su otro yo, ignorante de que está siendo manipulado por el ser conocido como Pesadilla, quien desde su mundo onírico está alterando irremediablemente su estabilidad interior. En el paroxismo del caos destructivo que esa Masa desencadena una vez más contra el mundo, el Doctor Extraño, Maestro de las Artes Míticas y viejo amigo del monstruo, penetra en su enloquecida mente para asistir, con impotencia, al suicidio interior de Bruce Banner, cansado ya de tanta lucha. El monstruo queda así liberado de cualquier represión y es por ello que Extraño, para evitar males mayores, lo exilia en un nexo interdimensional literalmente anclado en la nada, llamado la Encrucijada.

Haciendo honor a su nombre, este lugar (que aparece en el 301, si bien se vislumbra en la splash page final del número anterior) no es sino un encuentro de caminos que flotan en un indeterminado espacio y que conducen a diversos portales (con forma de boca) que llevan a otros mundos. En el centro concreto de la Encrucijada, si es que este lugar puede tener un centro, se alza una especie de poste indicador, cuya textura parece de la de un tronco del cual emergen múltiples manos señalando los innúmeros senderos que se abren ante quien se plante delante de él.

A lo largo de los siguientes 13 números, Mantlo desarrolló una inolvidable saga en la que La Masa fue pasando de mundo en mundo, afrontando diversas situaciones a cuál más límite, mientras su inteligencia atrofiada, poco a poco, intenta rehacerse y emerger de su interior. Mantlo somete a esta Masa a una serie de aventuras que poco tienen que ver con el clásico género superheroico, sino con la ciencia-ficción e incluso la Espada y Brujería (algunos episodios están claramente inspirados en Robert E. Howard y sus epígonos). Sal Buscema sigue a los lápices, pero su estilo se ve transformado radicalmente por el entintado de un poco conocido artista filipino, Gerry Talaoc, cuyo estilo «sucio» y áspero, escasamente estético, nos retrajo a muchos del personaje —tanto el dibujo como los guiones eran demasiado adultos para los adolescentes de la época— pero que hoy, visto en retrospectiva, resulta indispensable para la creación de la estupenda atmósfera de opresiva tristeza que requería la saga.

La culminación de la misma, el episodio 312, titulado «Monstruo», es probablemente el cómic más importante en la historia del personaje. En los números anteriores, La Masa se había visto acompañado por tres curiosas entidades que lo siguen a todas partes —una especie de duende arquero, una estrella flotante y un pequeño monstruo— que representan diversos aspectos de la personalidad que pugna en su interior: su instinto de conservación, su raciocinio y su furia de vivir, es decir, los rasgos básicos de ese ser escindido que es a la vez Bruce Banner y La Masa. Esta ingeniosa y triple representación de los rasgos psicoanalíticos del personaje anticipa la revelación final del conflicto, que se encuentra en el pasado del protagonista.

Hulk y la Tríada, estupenda portada de Mike Mignola para la Saga de la EncrucijadaPues lo que narra ese 312 es algo que nunca se había contado: la triste infancia de Bruce Banner, marcada por un padre que siempre lo odió por haberse interpuesto entre él y su amada esposa. La progresiva locura homicida de Brian Banner vio en la precoz inteligencia de su hijo una prueba de su condición monstruosa. Privado de su madre, muerta a manos del esposo —quien sin embargo se libró de una condena mayor acogido a la excusa de la «locura transitoria»—, Banner crece convertido en un ser introvertido, apartado de sus semejantes por su distante brillantez, hasta concluir con su creación de esa bomba gamma que lo convertirá en La Masa. Pues bien, he ahí el hallazgo de Mantlo: su propuesta es que el accidente con la bomba no creó un monstruo, sino que lo hizo emerger desde el interior de Banner, donde ya se hallaba en estado latente debido a la ira reprimida a lo largo de su vida por sus tristes circunstancias. Por ello, Mike Mignola —posteriormente famoso por Hellboy, que había sustituido a Buscema un número atrás, si bien llevaba ya unos cuantos realizando las magníficas portadas de la serie, bajo entintado propio— y Gerry Talaoc dibujan sobre los rasgos del primero bebé, luego niño y más tarde adulto Bruce Banner, el contorno de esa Masa en la que luego se convertirá. Precisamente, en las viñetas que muestran la transformación de Banner, tras la explosión de la bomba, es donde por fin el físico del personaje, al mutar su forma, acaba fundiéndose con ese contorno, realizando una ingeniosa trasposición visual de la idea matriz de Mantlo. Banner, así, regresa desde lo más profundo de su mente, por primera vez dueño de la serenidad necesaria para hacer frente a su maldición.

Esta idea (que, repito, si bien recurre en apariencia a simples fórmulas psicoanalíticas, está contada con una estremecedora entidad dramática) cambiaría para siempre al personaje, enterrando por completo la primera (y todavía hoy más popular, eso sí) y clásica caracterización del Increíble Hulk. La prueba es que este es el planteamiento al que se acogió la película Hulk (2003, Ang Lee) cuando el personaje, en plena eclosión de las adaptaciones de los héroes Marvel al cine, recibió una nueva oportunidad en «carne y hueso» (en realidad, una criatura animada por los efectos de CGI). El guión de Hulk retoma las premisas de Mantlo volviendo a situar la desdichada infancia del personaje como clave para la emersión de La Masa. Lo hace, eso sí, añadiendo un nuevo matiz, más científico: el padre de Bruce es un científico genetista que experimenta consigo mismo, heredando su hijo sus genes alterados. El monstruo interior, por tanto, se halla dentro de Banner tanto por cuenta de su torturada psique —su padre, al comprender el alcance de lo que estaba haciendo, no solo destruyó las huellas de sus experimentos, sino que intentó matarlo, acabando con su esposa en el intento— como por la alteración de sus genes.

Un Hulk digital, en la película de Ang LeeNo es el espacio para extenderse en esta película, tan interesante sobre el papel como fallida en el resultado final. Después de Mantlo —que abandonó la serie apenas un número después de ese mítico 213—, la serie ya no podría volver al mismo punto de partida (creo: como la inmensa mayoría de las colecciones Marvel, dejé de seguirlas hace diez años, harto de la atroz decadencia que arrastraban desde mucho tiempo atrás). El hombre que capitanearía el nuevo rumbo, convirtiéndola de nueva en una de las más populares de la editorial, fue Peter David.

Debutante en el número 328 (febrero de 1987), David permaneció al frente de la colección hasta el 467 (agosto de 1998), lo que lo convierte en el más longevo guionista de La Masa, personaje al que ha unido su nombre de modo indisociable. David dio un paso adelante y decidió basar su construcción del personaje en nuevas escisiones de la personalidad de éste. Así, en principio volvió a la idea del monstruo inteligente, pero olvidando al Bruce Banner original, e incluso a La Masa tradicional: el nuevo Hulk, primero, volvía a la vieja apariencia gris de la génesis del personaje (si bien algo más pequeño, menos «masivo»), y luego fue dotado de una nueva personalidad, cínica y cascarrabias, incluso adoptando la identidad secreta de un particular guardaespaldas radicado en Las Vegas bajo el apodo de Mr. Arréglalo (Mr. Fixit). La colección atrajo la atención, pero su mejor momento llegó cuando David dio incluso un paso más, que vino remarcado por la presencia de un buen dibujante, Dale Keown.

En una nueva evolución argumental, David propuso que en el interior de La Masa bullían tres seres distintos: Banner, el Hulk verde y simple y el Hulk gris e inteligente. El combate interior acaba provocando la emergencia de una nueva Masa, verde e inteligente, surgida de la asunción sin complejos por parte de Bruce Banner de su tremendo potencial. Vería la luz así la etapa más afortunada de David en la colección —primero con Keown y luego con el británico Gary Frank a los lápices—, durante la cual éste además se relacionaba con un particular grupo de superseres conocidos como el Panteón.

Tres personalidades en un mismo cuerpo, Banner y las Masas verde y grisPese a la irresistible simpatía que despierta Peter David (como sucede con todo guionista que hace sobrado uso de la inteligencia y del humor), no hay que sobrevalorar sus cualidades. En sus mejores momentos, David no fue un gran guionista en el sentido del creador de grandes historias bien estructuradas y desarrolladas. Bien al contrario, la escritura de David —en todas las colecciones suyas que he podido leer, perteneciente a Marvel, aunque ha trabajado mucho para DC— busca antes que nada un buen punto de partida que no siempre se preocupa en desarrollar, puesto que lo que a él le interesa, antes que nada, es crear una especie de comedia aventurera de situaciones que le permite lucir su gracia sin igual para el diálogo irónico y el ingenio sofisticado. De ahí la cierta frustración que suelen provocar sus colecciones, pues suele dar siempre la sensación de haber desaprovechado magníficos planteamientos. Eso sí, hay que reconocer que, al menos en Hulk, David no se contentó con mantener la serie en un eterno impasse sino que procuró ir cambiando sus premisas cada poco tiempo. Y siempre explorando las posibilidades de esa mente cada vez más multi-escindida del personaje original. Que sus mejores números constituyan una etapa de culto está del todo justificado. Etapa que merece un comentario más extenso y que dejo para otra ocasión.

David acabó abandonando la colección, como tantos otros, por hartazgo de las presiones editoriales que le obligaban a subordinar sus historias a los planes mediáticos que daban prioridad a las mega-sagas que cruzaban todas las series y personajes posibles. Ya había perdido, de todos modos, el interés inicial, pero antes tuvo tiempo de crear la mejor historia que reservó a La Masa, y que significativamente no encontró su lugar en las páginas de The Incredible Hulk, sino en un especial formado por dos tomos.

Se titula Futuro imperfecto, y es posible que sea la obra maestra de El Increíble Hulk a lo largo, por lo menos, de las cuatro décadas de historia que yo controlo de él. Al mismo tiempo, es el colofón definitivo a este concepto de la personalidad escindida en que se basa el personaje. En esta historia, el Hulk inteligente llega hasta un futuro post-nuclear cuyo tiránico gobernante es… él mismo, el último superviviente de los viejos héroes, salvado por su extraordinaria resistencia a la radiación. Bajo el sarcástico título de El Maestro, este Banner-Hulk del futuro se ha convertido en una degradada versión de sí mismo, en un gobernante cuya inteligencia superior ha salvado lo que queda de la humanidad, reconstruyendo el principio de civilización, pero para someterla a la esclavitud y utilizarla para saciar la mera satisfacción de sus instintos (significativamente, ante todo del placer sexual: el tono adulto del cómic es notable). Este cínico Banner intenta convencer a su alter ego del pasado para que se una a él, pues, señala, nada debe a esos débiles seres que una vez, porque lo calificaron de monstruo, hicieron todo lo posible para destruirlo («Te lo robarán todo», le advierte, y esa frase perseguirá a Banner durante mucho tiempo, más allá de esta aventura).

El personaje del Maestro es retratado por David con estremecedora hondura dramática: no es un mero villano maniqueo, sino un ser que ha asumido sin vacilación, y sin remordimiento, su condición superior, aunque esto suponga, claro, mirar a los humanos como una especie no ya inferior sino distinta, de tal modo que está justificada la explotación a la que la somete. En este sentido, la mirada que efectúa sobre el concepto de superhéroe no puede ser más realista (y nihilista). Dueña por tanto de una lúcida amargura, pero sin renunciar, al mismo tiempo, a la coherente defensa de los valores que, a lo largo de la historia del personaje, denuncian el concepto de monstruosidad como una categoría creada por hombres demasiado acríticamente satisfechos de su presunta humanidad, Futuro imperfecto es una obra extraordinaria (estupendo el dibujo, virtuosamente detallista, del gran George Pérez), digna de medirse con cualquiera de las joyas que jalonan la fabulosa historia de Marvel.

Un Hulk degradado, el Maestro

Anuncios

Acerca de Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
Esta entrada fue publicada en Superhéroes Marvel y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s