En Café Montaigne: El fantasma y la señora Muir

El fantasma y la senora MuirEl tiempo ha acabado por convertir El fantasma y la señora Muir (1947) en uno de los clásicos más amados del cine de la emoción, escenario del cine que atraviesa distintos géneros y países y en donde, a medida que pasan los años, uno acaba descubriendo que es donde se encuentran muchas de las películas que más ama: ¡Qué verde era mi valle!, Carta de una desconocida, El intendente Sansho o ¡Qué bello es vivir! son buena prueba. Sin embargo, en nuestro país no se estrenó en su momento. Se vio por primera vez en televisión a mediados de los setenta, en una versión que mutilaba gravemente la excepcional banda sonora de Bernard Herrmann. Durante mucho tiempo, incluso, pareció que se le dedicaba poco espacio por tratarse de una de las primeras películas de uno de los directores-autores de Hollywood, Joseph L. Mankiewicz, cuando todavía no se hacía responsable de sus propios guiones. Cuando era tan solo un artesano, en suma. Ahora bien, siempre he sostenido que precisamente es en películas como esta en las que Mankiewicz pudo demostrar mejor que en otras su categoría como narrador en imágenes: cuando tenía que pensar cómo plasmar las ideas de otro, sin verse condicionado por el deslumbramiento ante la propia brillantez de su libreto. He visto muchas veces esta película y también he escrito varias veces sobre ella. Primero cuando solo conocía el film y después cuando tuve ocasión de leer la buena novela en que se basa, escrita por R. A. Dick, seudónimo de la escritora irlandesa Josephine Leslie, que hace poco tiempo publicó Impedimenta en nuestro país. El presente artículo, que publica Café Montaigne, es mi escrito definitivo (bueno, eso creo) sobre esta historia, en la que vinculo el trabajo cinematográfico con el literario. Ya digo que si el segundo es bueno (el encanto de la película se encuentra presente en él), el primero es mejor, incluso genial. Las inolvidables interpretaciones de Gene Tierney y Rex Harrison, el excelente guion de Philip Dunne (capaz incluso de mejorar elementos que ya están presentes en el libro), el soberbio trabajo con la luz de Charles Lang y el mencionado trabajo de Mankiewicz y Herrmann deparan una irresistible fantasía romántica, literalmente fantástica como indica el título pero a la vez dotada de un encantador sentido de lo cotidiano, que sabe reflexionar tanto sobre el amor como sobre la amistad, sobre la irresistible vitalidad de un presente armónico que nos parece eterno mientras dura y sobre el triste paso del tiempo. Por encima de todo, este film contiene el que tal vez sea mi parlamento favorito de despedida de un personaje en la historia del cine, que con razón se ha señalado que inspiró el de Rutger Hauer en Blade Runner, sin superarlo en absoluto. Como siempre, espero que mi artículo sirva ante todo para descubrir o volver a ver esta maravilla del cine, y de paso animar a leer el entrañable libro en que se basa.

El fantasma y la señora Muir o la soledad de unas alfombras limpias

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About Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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