Impresiones (3). Proust, novela familiar, de Laure Murat

PN1149_Proust, novela familiar_17,8_v1.inddHe comenzado a leerme En busca del tiempo perdido. Sé que cuando uno escribe, o pronuncia esta frase, parece que lo hace con cierta solemnidad, con el orgullo de quien emprende una aventura en la que espera descubrir algo parecido al Santo Grial (o al menos hacer creer a los demás que lo ha descubierto). Rebajo por tanto este tono pretencioso señalando que no es la primera vez que lo intento. He leído varias veces, eso sí, la novelita que suele extraerse del cuerpo principal, Un amor de Swann —que forma parte del primer libro, Combray—, en la edición de Cátedra. Y hace veinte años, cuando Valdemar comenzó la publicación en tres gruesos volúmenes de la traducción de Mauro Armiño, me compré el primero y casi lo concluí, dejándolo ahí, con la firme decisión de retomarlo pronto, cosa que hago dos décadas después. Leer la obra magna de Marcel Proust exige, ante todo, elegir una traducción. Durante mucho tiempo en España solo tuvimos la de Alianza, traducida en sus primeros compases por Pedro Salinas y que siempre me veté por el para mí no banal detalle de que castellaniza los nombres propios: lo siento, pero la bella sonoridad de Gilberte o Françoise para mí se brutaliza al asumir los nombres de Gilberta o Francisca. Quien como yo se decida a abordar la heptalogía (la novela se divide en siete volúmenes, que se publicaron entre 1913 y 1927, siendo póstuma la publicación de los tres últimos), hoy se encuentra con varias traducciones. Después de buscar información y consultar voces para mí autorizadas me he decantado por la de Mauro Armiño, pero en la revisión y puesta al día que ha efectuado que ha visto recientemente la luz, esta vez dividida en los siete libros de rigor, en El Paseo (2022). Armiño ha podido así corregir el que para muchos fue su mayor error, la primera frase, que la primera vez resolvió, de modo desconcertante, como «Me he acostado temprano, hace mucho» y ahora resulta más clásica («Durante mucho tiempo me acosté temprano»). He leído muchas traducciones de Armiño y es para mí una vieja y confiable compañía literaria. En la nueva edición mantiene el aparato de notas, los diccionarios de lugares y personajes, los resúmenes y demás añadidos de Valdemar. Y también su particular traducción del título, por la que yo debería llamar también a la novela, aunque me pueda la costumbre anterior. Es A la busca del tiempo perdido.

Toda compañía es poca para abordar esta novela, creo, y de ahí mi predilección por la edición anotada de Armiño. Pero también he empezado por un libro publicado en España a modo de epígono del aluvión de ediciones sucedidas en los últimos tiempos para conmemorar el centenario de la muerte del autor. Se trata de Proust, novela familiar (en su Francia natal se publicó en 2023), de Laure Murat. El apellido no es coincidencia: la escritora no es solo descendiente del famoso mariscal de Napoleón sino que pertenece a una familia de muy rancio abolengo que en el tiempo de Proust podría haber valido perfectamente como modelo para sus aristocráticos Guermantes. De hecho, la intención que recorre las páginas de este excelente libro es sanar esa herida interior provocada por la ruptura que la escritora sentía anunciada desde el momento en que rechazó el clasismo venenoso al que le empujaba su entorno familiar. Laure Murat declara nada más abrir las páginas del libro: «no tengo hijos, no estoy casada, vivo con una mujer, soy profesora universitaria en los Estados Unidos, voto a la izquierda y soy feminista». Una acumulación de cargos, añade, excesiva para el medio del que procede y en el que se educó o, mejor dicho, intentaron educarla. Después de unos tensos años que solo sirvieron de preludio a la ruptura, esta se produjo en el mismo momento en que anunció a su familia, comenzando por su madre, la más inflexible de su entorno, que era lesbiana. Por cierto que en su reflexión sobre ese difícil momento la autora recuerda un episodio mítico de la televisión, el capítulo del serial Dinastía en que el hijo homosexual de los Carrington reconocía ante su familia su condición de gay: en Francia, el diálogo fue alterado en el doblaje para remarcar no la valentía del muchacho sino su temor a que los suyos lo rechazaran porque consideraran la homosexualidad como una enfermedad.

5 A la busca del tiempo perdido, traduccion de Mauro Armino, en El PaseoHaciendo honor al título escogido para su libro, Laure Murat plantea un juego de espejos entre la aristocracia decadente dibujada por Proust y aquella en que ella misma creció: ambas son la misma, pero la segunda es aún más patética por agarrarse a un tiempo que ya sí que ha pasado. En su particular recherche, Murat conecta su búsqueda vital con el ensayo literario: si esa conexión no se produjera, el libro no sé si sería igual de interesante pero desde luego no tan valioso para los lectores, futuros o presentes, de Proust. Es así que celebra como su más jubiloso hallazgo la gozosa reivindicación proustiana del flujo como característica central del hombre. No somos seres anclados en un medio inmóvil (como pretendió transmitirle su familia, cuya ideología conservadora basada en la conciencia de formar parte de una clase superior «sacralizaba la inmutabilidad y vituperaba el cambio») sino todo lo contrario: cambiamos, evolucionamos, fluimos en el tiempo. Poseemos en nuestro interior la semilla de la mejora, que nos permitirá así contemplar ese pasado en que se pretendió que nos recluyéramos con la lucidez necesaria que nos permite comprender, ya sin la sensación de claustrofobia emocional que antes nos aprisionaba, que algunos de sus elementos, inevitablemente, siempre vivirán en nuestro interior. El símbolo de esto es esa «memoria involuntaria» que simboliza el famoso episodio de la magdalena que retrotrae al Narrador a un instante de su infancia mediante algo en principio tan insólito como un sabor que desencadena unas texturas en la mente. El bello capítulo en que la autora evoca el castillo familiar de los días de su propia niñez es su equivalente.

Vuelvo a repetir: para adentrarse en el universo de Proust, sin duda acogedor cuando uno por fin desbroza la maleza espinosa que la envuelve como al castillo de la Bella Durmiente, no debemos desperdiciar ninguna ayuda. Este excelente libro de Laure Murat sin duda a mí la ha proporcionado. Ha sido leérmelo casi de un tirón en el viaje en tren (ayudado por la demora en la salida) desde Madrid a Málaga y al llegar a casa ir corriendo a zambullirme en el primer tomo de A la busca del tiempo perdido. Por cierto, no podía ser de otro modo, Proust, novela familiar está traducido por María Teresa Gallego Urrutia (bien conocida por los amantes de la literatura francesa en español) y su hija y colaboradora Amaya García Gallego, que han sido las últimas en atreverse con otra versión del ciclo proustiano, en Alba Editorial.

* Proust, novela familiar. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego. Anagrama, 2025.

Título original: Proust, roman familial (2023).

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About Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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2 Responses to Impresiones (3). Proust, novela familiar, de Laure Murat

  1. Yo, de Mauro Armiño, no guardo tan buen recuerdo de su versión de ‘Los tres mosqueteros’ para la colección Tus Libros. Aunque no por la traducción sino por varias meteduras de pata del prólogo y las notas

    • Caramba, yo tengo justo esa edición en tan magnífica colección. Hace mucho que no la reviso, eso sí, por lo que solo recuerdo que el resultado final del libro era espléndido, con sus ilustraciones y también por esas notas informativas, aunque no pueda saber si concordaré contigo o no. En cualquier caso, de Armiño luego he leído muchas otras cosas y por ellas hablo. Un traductor que además controla su edición es una doble figura que me atrae, y en el caso de Proust, estoy disfrutando los volúmenes de El Paseo. Ante tantas páginas, no siempre estoy de acuerdo con determinadas decisiones de Armiño pero no me arrepiento de mi elección: para ser una novela con esa fama de difícil, la lectura avanza con fluidez y desde luego la información que ofrece es muy instructiva.

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