Impresiones (7). Valle-Inclán. Los botines blancos de piqué, de Francisco Umbral

7 Valle-Inclán. Los botines blancos de piqué«Yo vengo aquí a hablar de mi libro». Seguramente pocas palabras han enterrado más a un escritor, han ayudado más a convertirlo definitivamente en un personaje del que importa poco lo que escribió en beneficio de lo que fue y dijo en sus manifestaciones públicas, de la imagen altanera y enfurruñada que, eso sí, él difundió toda su vida, sabiendo que corría así el peligro de devorarse a sí mismo, que es lo que sucedió. Si empiezo así esta pequeña reseña es porque yo mismo he sido víctima de esa máscara que se fabricó el propio Francisco Umbral (espero, por tanto, que cuando hayamos muerto todos aquellos que vimos personalmente aquel desdichado momento de la entrevista con Mercedes Milá, lo que quede por fin será solo su literatura). Es decir, impulsado por la pura antipatía, pensé que ese sujeto no tenía nada interesante que decirme a través de los libros. Tengo un gran retraso, por tanto, en el conocimiento de su obra, pero cada vez que leo algo de él me encuentro con un escritor excelente. Fascinado como estoy por mi redescubrimiento de Ramón María del Valle-Inclán en estos últimos tiempos, acabo de leer su ensayo Valle-Inclán. Los botines blancos de piqué, publicado originalmente en 1998, y mi deslumbramiento ha sido completo.

Advierto enseguida: quien busque un estudio de la vida y la obra del escritor gallego en el sentido ortodoxo del término, debe empezar antes por libros de especialistas en literatura o en biografías (que no siempre son lo mismo). El de Umbral, por supuesto que sí, es una magnífica introducción a Valle, mas es un proemio realizado desde un subjetivismo que un especialista «científico» no suele permitirse. Es el producto de la interpretación personal del madrileño y por tanto está pensado sobre todo para interpelar directamente a un lector de ambos (cierto, los detractores de Umbral dirán, y con razón, que entonces este libro es una prueba más de la cargante soberbia con que este se condujo por la vida). Es más, y esto supongo que lo sabrán mejor quienes hayan leído al autor muchísimo más de lo que lo he hecho yo, probablemente nos dice más sobre él que sobre el gallego, con el que entiendo que establece un proceso de identificación. Como Valle, Umbral fue un escritor que marchó desde la provincia a Madrid (él había nacido en la capital pero creció y se formó, o autoformó, en Valladolid). Como Valle, utilizó un nombre literario que le pareció más atractivo que el verdadero (Ramón Valle y Peña, Francisco Pérez Martínez). Como Valle, Umbral cultivó una imagen pública que se erigió en icono personal. Recién comenzado el libro, escribe: «la vida de Valle, desde la adolescencia quizá, consiste en renunciar a sí mismo para construirse otro sí mismo», máxima que Umbral, hijo de una madre soltera en la España franquista, aplicó a toda su vida, hasta construir ese icono señalado, ese «he venido a hablar de mi libro». Cuando escribe que Valle, es ante, todo «un artista de temperamento absoluto», ¿acaso no se está refiriendo a Umbral? Cuando escoge como leit-motiv de su ensayo otra frase del gallego, «Las cosas no son como son, sino como se recuerdan», ¿no está defendiendo una estrategia de vida? La lástima es que, en su caso, ese recuerdo sea el del programa de Mercedes Milá…

7 Francisco UmbralComo era de esperar en él, Umbral concibe el libro a la vez como una afirmación personal tejida en torno a un escritor al que admira y como una contienda contra quienes no comparten su visión. Abundan por ello las páginas en contra de. Primero en contra de aquellos críticos que fueron hostiles como Valle o que se «empeñan» en no entenderlo. Y después en contra de aquellos escritores cuyo concepto literario (subrayo siempre, para Umbral) están en el nadir con respecto a su predilecto, comenzando por Galdós. Alguna figura le vale para ambas cosas, como Clarín, al que denomina ese «concejal de la literatura», subrayando precisamente su condición de escritor provinciano. Y es que Los botines blancos de piqué es al mismo tiempo una nueva proclamación de la fascinación del autor por Madrid, concretamente en un sentido ideológico. Umbral dedica muchas páginas a analizar la ideología de Valle. En ello, es evidente, hace lo mismo que tantos otros: arrima el ascua a su sardina para no permitir que un escritor admirado ostente sin más una ideología «equivocada». Es el caso de Valle y el carlismo. Umbral, por supuesto, se hace eco de la creencia de orden estético que tantos otros antes que él han enarbolado, solo que debe reconocerse que lo hace con una tesis coherente, que el título de su libro simboliza bien: el carlismo es, primero, la reacción de un provinciano contra la capital que además es manifestación inevitable de su dandismo. Él insiste en que Valle no se queda en el credo carlista y evoluciona hacia la identificación con las ideas republicanas y la denuncia de la opresión del pueblo, lo cual tampoco le es tan difícil por cuanto Valle siempre manifestó simpatía por causas que, como el carlismo, también tenían por objeto acabar con el régimen liberal español. Y el medio a través del cual alcanza esa iluminación es su progresivo conocimiento de la verdadera esencia de Madrid y del pueblo: Luces de bohemia es la bisagra de este giro; El Ruedo Ibérico, la constatación definitiva.

Ahora bien, además de por este interesante proceso de expresión personal a través de un modelo literario, el libro también es muy valioso para quien busque en él, sencillamente, aclaraciones a la obra de Valle. No quiero que de esto quede duda alguna. Rescato su análisis de las Sonatas y del marqués de Bradomín, alter ego del escritor (no en vano hasta le amputó en la «ficción» el mismo brazo), desde una perspectiva sadiana. La cualidad cinematográfica hacia la que fue tendiendo su prosa, tanto en Luces de bohemia (¡qué gran película no ha sido rodada nunca con esta genial obra1!) como en El Ruedo Ibérico. La certera reflexión que hace sobre dos conceptos, impresionismo y expresionismo, algo que yo ya pensaba antes de descubrirlo mejor razonado por Umbral que por mí. En general, sus apuntes sobre cada obra que analiza.

(Informo: los detractores de este libro, muchos, afirman que buena parte de sus afirmaciones se encuentran en analistas previos; no lo sé, pero me aferro al salvavidas que me ofrece el propio Umbral al recordarnos que Valle fue muchas veces acusado de lo mismo y que la importancia o culpabilidad del plagio nunca se dirime en el mismo acto sino en la perspectiva del resultado final. Y en este caso es magnífico).

1 No es el caso de la olvidadísima versión de 1985, dirigida por Miguel Ángel Díaz, típica de ese academicismo de qualité que impulsó Pilar Miró desde la Dirección Oficial de Cinematografía, que desaprovecha desgraciadamente un magnífico reparto.

Valle-Inclán. Los botines blancos de piqué. Austral, 2012.

Edición original de 1998.

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About Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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