La saga de Guillermo Brown se desarrolló en treinta y ocho libros publicados entre 1922, fecha del primero, Just William (Travesuras de Guillermo, en España), y 1970, fecha del último, William the Lawless (Guillermo y los bandidos, ídem). Los incondicionales de este niño de eternos once años —que somos muchos pues en ningún país gozó de mayor éxito, fuera del Reino Unido, que en el nuestro— sabemos que todos los libros consistían en una serie de relatos independientes a través de los cuales se fue desarrollando el ciclo. ¿Todos? En realidad, no. Cuando por fin pudimos conocer a través de Internet los pormenores de la saga y de su escritora, la impar Richmal Crompton, descubrimos que un único libro, el número veintiséis del total, fue en realidad una novela que estaba inédita en España (en general, el ciclo había sido publicado en su totalidad, con la excepción de diversos cuentos que permanecieron inéditos sin duda por desidia editorial: por no alargar más de lo conveniente los volúmenes). Esta novela se titulaba Just William’s Luck y por fin, en el año 2022, la editorial sevillana Renacimiento, dentro de su sello Espuela de Plata, la publicó con el título de Guillermo el suertudo, respetando la cubierta original y las ilustraciones originales, todas ellas del gran Thomas Henry. Para mayor encomio, la traducción intenta reproducir el aroma añejo (para lo bueno y para lo malo) del primer traductor, Guillermo López Hipkiss —que también fue un escritor importante en el esplendor de la novela popular española de los cuarenta—, comenzando por la castellanización de todos los nombres propios. A mí, que me horroriza esta práctica de la traducción hispana, hoy superada, en este caso me resulta de lo más natural: somos criaturas de hábitos.
La justificación de esta novela se encuentra en su relación con el cine. Aunque en televisión el personaje ha tenido mayor recorrido, en la gran pantalla solo conoce tres películas, en los años cuarenta, ninguna de las cuales, que yo sepa, se estrenó en España. La primera, Just William, es de 1940 y la mayor curiosidad es que el personaje de Pelirrojo lo interpretó nada menos que Roddy McDowall un poco antes de alcanzar la inmortalidad por su inolvidable Huw de ¡Qué verde era mi valle! (John Ford, 1941). Las otras dos son Just Williams’ Luck y William Comes to Town, ambas dirigidas por Val Guest —luego famoso por sus varios trabajos para la Hammer— en el año 1948 y que cuentan con el mismo reparto. Guillermo el suertudo, como informa el prólogo de la edición española que firma Antonio González Lejárraga, es consecuencia de la oferta realizada a la escritora de novelizar el guion de la primera de esas películas, escrito por el propio Guest.
Es evidente que este circuito de ida y vuelta resulta bastante inusual. ¿Se imagina alguien a Arturo Pérez Reverte firmando el trasvase literario del guion de Agustín Díez Yanes para su adaptación del personaje de Alatriste al cine en 2006? Crompton aceptó, no sé si por la buena oferta económica o por el reto que suponía dar pie a una primera novela de Guillermo. Como no he podido ver la película original, ignoro si la escritora fue fiel al guion de Val Guest o realizó su trabajo con mayor libertad de la habitual en estos proyectos cuya ambición suele ser meramente crematística. Espero comprobarlo algún día, pero mientras tanto proclamo, para cualquier interesado en Guillermo Brown, que la novela, aun con sus irregularidades, es deliciosa y expresa a la perfección las constantes habituales de la saga. ¿Cómo no iba a hacerlo si ningún adaptador la conocía mejor que su autora?
El aire de familia comienza por el hecho de que Guest tomó libremente varios relatos de la saga. Por lo tanto, podríamos decir que Crompton realmente se encarga de re-hacer su propia obra: en términos cinematográficos, Guillermo el suertudo sería un auto-remake. Por el libro (por la película, supongo) desfilan todos los ingredientes habituales: Guillermo y su familia, sus fieles amigos los Proscritos, su no menos fiel perro Jumble, la genial niña ceceante Violeta Isabel Bott, verdadera pesadilla de Guillermo porque es la única persona a la que sabe que nunca podrá derrotar (tiene unas armas terribles, sus lágrimas y alaridos, contra las que los Proscritos se ven desarmados) y su enemigo inveterado Huberto Lane. La trama, que enlaza varios niveles argumentales —los relatos en que se inspira—, está escogida certeramente, puesto que contiene varios de los elementos sobre los que la autora realizó incontables variaciones: la agitada vida sentimental de los hermanos mayores del protagonista, Ethel y Roberto; la puesta en marcha de alguna actividad de la que los Proscritos esperan sacar algún rédito económico y que por supuesto solo les traerá sinsabores (en este caso, inspirados por la leyenda artúrica, se convierten en caballeros de la Tabla Cuadrada —por la forma de su propia mesa, claro— y se lanzan a deshacer entuertos); la lucha contra esas convenciones del mundo adulto que detestan y que hacen que un vagabundo (¡alguien que no tiene que trabajar, lavarse ni dar explicaciones a nadie!) se convierta en su ídolo e, involuntariamente, le pongan en bandeja el robo de la casa donde lo «acogen»…
La novela demuestra, evidentemente, que Crompton no domina el formato largo como hacía con el corto pues en realidad supone un entrelazado de relatos, aunque la autora, con profesionalidad, procura dar coherencia a la fusión. Ahora bien, el puro espíritu de Guillermo Brown reluce en sus páginas, que se devoran con una perpetua sonrisa en los labios (y alguna que otra carcajada en varios momentos, muchas veces ante réplicas e incidentes que se saborean más por la familiaridad con que los recibimos). La nueva extensión se nota en dos recursos. El primero, la ampliación de los numerosos diálogos, lo que sin duda es uno de los más brillantes sellos del ciclo, en los que se puede lucir la absurda lógica de sus jóvenes personajes. El segundo es que la escritora dedica más tiempo a la familia de Guillermo Brown, sin necesidad de subordinarlos todo el tiempo al personaje central. Es así que sus hermanos, Ethel y Roberto, aquí tienen ocasión de «explicarse» mejor, de resultarnos más cercanos que en los cuentos. Quizá lo que menos que ha gustado de la novela es que, al revés de lo que sucede en los cuentos, en esta ocasión la colisión entre el ensueño de los Proscritos y la vulgar realidad, por una vez, se resuelve de modo favorable a estos, que ayudan a capturar de verdad a una banda de ladrones. Este rotundo happy end es un pecado venial que en nada desluce el placer de encontrarnos ante un Guillermo Brown desconocido y «largo».
Guillermo el suertudo. Traducción de Marie-Christine Kerr y Lucila Torres Rius. Renacimiento, 2022.
Título original: Just Williams’s Luck (1948).
Sobre el personaje: Guillermo Brown el travieso, el proscrito, el genial