Los 4 Fantásticos contra Dios

El toque vintage de Los 4 Fantasticos primeros pasos se advierte en su poster de promocionLos 4 Fantásticos estaban afrontando unos tiempos muy agitados. En primer lugar, su archienemigo el Doctor Muerte los puso contra las cuerdas apoderándose de su propio hogar, el Edificio Baxter, y para derrotarlo hubo que hacer lo más doloroso: revertir a Ben Grimm, que había recuperado su forma humana, a la apariencia monstruosa de la Cosa. El dolor subsiguiente de este lo llevó a caer en manos del anti-grupo por excelencia de los 4F en esa época, los Cuatro Terribles, quienes consiguieron hacerlo de los suyos por un breve pero angustioso tiempo. Acto seguido, descubrieron la existencia ignorada hasta entonces no de un grupo de seres superpoderosos sino de todo un pueblo dotado, los Inhumanos, que ha vivido oculto hasta ahora en una ciudad hipertecnológica escondida en el Himalaya. ¿Qué más podía suceder? Pues que al regreso a Nueva York, se encuentren el cielo primero cubierto de llamas y después de misteriosos desechos espaciales, señales todas que anuncian la inminente llegada de un ente cósmico llamado Galactus y apodado el Devorador de Mundos pues eso es justo lo que hace: absorber la esencia del planeta en que posa sus ojos y destruirlo. Un ser de poder inconcebible, pero es que Stan Lee, el director editorial de Marvel, le había pedido a su colaborador en la serie Fantastic Four, el genial Jack Kirby, que después de tantas maravillas a las que habían hecho enfrentarse a sus personajes, solo les quedaba hacerlo con… Dios. La película que por fin ha permitido a Marvel Studios acoger en su seno a la llamada Primera Familia —en sentido literal, pues esta es la colección que vio nacer el Universo Marvel— ha recuperado este colosal enfrentamiento. ¿Qué mejor carta de presentación podía tener el esperadísimo regreso al seno materno de los 4F?

A mediados de los años sesenta, la serie Fantastic Four había llegado a su época dorada. La labor previa realizada por Stan Lee y Jack Kirby, que hoy se disfruta ante todo desde una perspectiva razonablemente ingenua, por fin alcanza su madurez, el momento en que sus creadores dan el paso adelante desde unos conceptos hasta entonces infantiles (a los que no renuncian, por supuesto: los superhéroes, como La Odisea o Alicia en el País de las Maravillas, son lectura para todas las edades, con niveles diferentes de penetración) para alcanzar esa densidad dramática y estética de que el cómic es tan capaz como cualquier manifestación artística, olvidándonos de ese prejuicio que divide el arte en alto o bajo, culto o popular. Desde la premisa esencial del tebeo de superhéroes —en cada aventura hay que ofrecer un combate entre superseres—, Lee y Kirby supieron reflexionar sobre lo mismo que Shakespeare u Homero, que Dostoyevski o Chesterton, que Stevenson o Lorca: sobre la condición humana, sobre su capacidad para la grandeza o para la miseria, sobre su precario papel en un mundo al que no ha pedido pertenecer.

Ilustracion de Los 4 Fantasticos por Jack Kirby

Los 4 Fantásticos era la serie marvelita reservada fundamentalmente a la grandiosidad. No me refiero a que sus protagonistas fueran los únicos que combatieran a grandes amenazas en sentido cósmico: Thor o Los Vengadores también lo hacían y el Doctor Extraño ampliaba la galería a demonios y seres de dimensiones horripilantes (Spiderman o Daredevil eran superhéroes más cotidianos: combatían a amenazas antes todo urbanitas, más o menos pintorescas). Sencillamente, el Universo Marvel se estaba construyendo sobre todo en esta serie: los conceptos que aquí manejaban Lee y Kirby implicaban que cada nueva creación enriqueciera en una dirección diferente ese enorme edificio que en pocos años sería un equivalente de la borgiana Biblioteca de Babel, un espacio infinito en el que de cada rincón podía surgir una habitación nueva. Lee y Kirby fueron sus grandes arquitectos.

una-de-las-ms-recordadas-aventuras-de-los-4f-contra-galactusLa Saga de Galactus se desarrolla en tres números, del 48 al 50 de Fantastic Four (marzo a mayo de 1966). Su trama en el fondo es sencilla. Un extraño ser plateado aparece sobre los cielos de Manhattan del mismo modo que en viñetas previas lo hemos visto sortear esquivar meteoritos o internarse grácilmente entre los astros a bordo, sí, de una tabla de surf. Ya he contado lo que Lee, que firmaba el guion de la serie, le pidió a Kirby. Falta aclarar, para quien no esté iniciado en los entresijos creativos de aquellos años, que los artistas de la casa practicaban el llamado Método Marvel, según el cual el guionista daba las ideas básicas al dibujante y este las desarrollaba como su arte mejor le indicara, para que luego el primero añadiera los diálogos. El mismo Lee declararía después que ese personaje plateado le sorprendió por completo al ver las páginas: había sido una completa iniciativa de Kirby, que este justificó, con lógica, pensando que un ser tan grandioso como Galactus necesitaría a un sirviente (un heraldo, lo llaman) que le hiciera el trabajo sucio de buscar el mundo adecuado a sus necesidades (no todos lo eran, menos mal). «A falta de mejor nombre», escribe Lee en el texto correspondiente, no pudiendo disimular esa sorpresa, «lo llamaremos Estela Plateada». Por supuesto, en el original es Silver Surfer, pero el primer traductor del personaje. Francisco Sesén, pensó que en España, en esa época (primera mitad de los setenta), un niño medio no sabría qué rayos era un surfista y buscó un término diferente que en mi opinión, por la serena poesía con que define en palabras el trazo gráfico del ser, supera el nombre original.

Cuando Galactus por fin aparece en su nave (posándose en la azotea del Edificio Baxter), Kirby lo representa como un gigante cuya vestimenta tiene algo de personaje de peplum y que distingue un formidable casco a modo de tiara con dos imponentes aspas a cada lado (en su primera aparición, Kirby le puso también una G en el pecho como Superman lleva una S, que divierte pensar que es la G de «God»). Mucho tiempo después a Galactus se le daría un origen a la altura de semejante ser: es el único superviviente del universo anterior al nuestro. Pero en esta misma saga Kirby ya le concedió un gigantesco hogar a su medida (aunque en teoría Galactus es un ser condenado a errar eternamente), una enorme estación espacial que diríase un anillo de Moebius tan imposiblemente vasto que posee mundos orbitando a su alrededor.

La llegada de Galactus en Fantastic Four 49A los dioses y a sus heraldos hay que saber hacerlos hablar. Si el arte gráfico de Kirby alcanza aquí sus mayores cotas (con la espléndida aportación de un Joe Sinnott que, más que nunca, hace honor a ese título de «embellecedor» que se ha dado tantas veces a los entintadores), no lo es menos la habilidad de Stan Lee para dar vida a los personajes mediante sus palabras. El intercambio de diálogos entre Galactus y el Vigilante, otro imponente ser cósmico este sí aliado de los humanos, mientras el primero ignora por completo a esos seres que apenas le llegan a las rodillas, ya posee una majestuosidad considerable. «¿Qué son unas vidas breves y anónimas para Galactus?», es su respuesta al reprocharle el segundo que este planeta tiene habitantes inteligentes. «¿Acaso dudarías en pisar un hormiguero?», dirá también más tarde. Y ciertamente los intentos del cuarteto por oponer sus habilidades físicas a las del visitante apenas suponen para él, ante la rabia de los dos miembros más temperamentales del grupo, la Antorcha y la Cosa, lo que el mosquito para el ser humano: una molestia, mas no una dificultad.

El gran acierto de la aventura es que, por una vez, Los 4 Fantásticos no pueden vencer en los términos que están acostumbrados: la derrota de Galactus o bien se producirá porque lo venzan los otros seres del espacio que se ponen del lado de la humanidad o bien porque aquel acabe renunciando a su propósito destructor, ya se verá por qué motivo. Entonces es cuando Kirby y Lee regresan a ese ser plateado al que la Cosa había derribado tras posarse sobre el hogar de los 4F y enviar su señal a Galactus. Porque Estela ha caído, por una de estas casualidades que existen, sobre el ático de Alicia Masters, la escultora ciega prometida a la Cosa. Y las escenas que compartirán estos dos personajes, que no pueden ser más diferentes pero que seguramente por ello descubren una afinidad, son en verdad memorables.

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Debe tenerse en cuenta que Kirby le ha dado al heraldo un aspecto notoriamente deshumanizado: aunque es un ser antropomorfo, sus ojos carecen de pupilas y su semblante es implacablemente inexpresivo. Por otra parte, no tiene uniforme: es un ser desnudo, pues de él solo vemos su piel plateada, sin ninguna turgencia que revele órganos sexuales (en su siguiente aparición se le añadirían unos calzones del mismo color). Las primeras palabras que pronuncia («Soy más que un hombre. Soy Estela Plateada») confirman esa sensación, y las siguientes, ante el horror de la joven ciega, remarcan su aparente alejamiento de toda humanidad: aunque Alicia detecta cierta nobleza en su voz, el ser afirma enseguida desconocer ese término, y cuando la joven le ofrece comer algo responde que ese proceso es ineficiente, pues puede convertir la comida, mediante un rayo que brota de sus manos, en energía, y «la energía es poder». La reacción de Alicia es golpear con rabia al imperturbable ser plateado mientras proclama que los hombres no serán tan poderosos pero tienen corazón y alma: «¡Sentimos! ¿Es que no lo ves? ¿Es que estás tan ciego como yo?». Viene entonces ese momento mítico en que Estela dirige su mano hacia el rostro de Alicia, como si fuera a volatilizarla (a convertirla en esa valiosa energía), y de pronto le dice: «Jamás había oído semejantes palabras, tanto valor, o notado esta extraña sensación, esta nueva emoción. Hay una palabra que algunas razas usan, una que nunca había entendido, hasta ahora. Al fin conozco la Belleza».

Silver Surfer descubre la belleza del ser humano en Alicia Masters

Tantos años después sigue emocionándome leerlo, no digamos transcribirlo. Ese ser acaba de descubrir que en el universo hay otro valor aparte de la energía: un valor cualitativo y no cuantitativo, la Belleza en su sentido más espiritual. Es decir, lo que le ha conmovido ha sido el discurso emocionado, transido de valor, de la escultora ciega: el ser lacónico ha visto derribar su barrera por la Palabra. Y desde entonces, Estela romperá a hablar y se descubrirá en él al hombre de verso más hermoso de todo el Universo Marvel, como las palabras que dirigirá a su amo para pedirle que perdone a la Tierra. Así, al preguntarle este sorprendido qué diferencia encuentra entre este mundo y los otros que no dudó en buscar (y por tanto condenar) para él, responderá: «porque aquí, en este solitario y pequeño mundo, he hallado lo que los hombres llaman conciencia».

El final del enfrentamiento es mítico. Los 4F disuaden a Galactus porque su aliado, el Vigilante, ha enviado a la Antorcha al hogar del Devorador de Mundos para conseguir un arma de poder tan inexpresable que de ella solo sabremos el horror que provoca en el gigante verla en manos de esas hormigas, el nulificador supremo. «Has dado una cerilla a un niño que vive en un polvorín», es el famoso reproche que Galactus hace al Vigilante. «De acuerdo, pero este mundo pertenece a esos niños», replicará este. Y el Devorador se marcha con la promesa de no volver nunca, dejando eso sí a su heraldo prisionero en ese mundo por el que se rebeló contra su amo. Pero esas aventuras deben contarse en otro lugar.

Los 4 Fantasticos de Tim Story, con el Capitan America haciendo de Antorcha

Sabido es que si Los 4 Fantásticos no pudieron aparecer en el Universo Cinematográfico Marvel es porque, antes de que este pudiera por fin plasmarse con la dignidad debida, la editorial había vendido sus derechos a la 20th Century-Fox (al igual que hizo lo propio, en este caso a la Warner, con los X-Men). La Fox estrenó tres películas con ellas. Las dos primeras dirigidas por Tim Story, Los 4 Fantásticos (2005) y Los 4 Fantásticos y Silver Surfer (2007), son lamentables por su tono juvenil, el horrendo casting que da vida al grupo —con mención especialmente negativa, haciendo de una Antorcha insoportable, para Chris Evans, que luego se redimiría en su papel de Capitán América, ya directamente para el UCM— y por su concepto general de serie B de relleno, aun contando, claro, con el presupuesto adecuado. Años después la Fox, en 2015, admitiendo el error, trató de revitalizar la franquicia reformulándola por completo en un film que se tituló 4 Fantásticos, sin artículo. Ahora los héroes son más jóvenes (incluso se cuenta su pasado escolar), se les da un barniz más realista y el tono es en general más sombrío. Pero es una oscuridad poco convincente: con tanto empeño en no repetir los errores del pasado, el film cae en la atonía y el distanciamiento, aun siendo mejor que los del anterior ciclo.

Como indica su título, la segunda película de Story aborda la saga de Galactus, pero la trivializa al mezclarla innecesariamente con otra saga estupenda de los cómics en la que el Doctor Muerte roba efímeramente sus poderes a Estela Plateada. La más encomiable novedad es que el Devorador de Mundos no tiene presencia concreta: es una especie de ominosa nube estelar que se va aproximando cada vez más a la Tierra hasta amenazar con absorberla. Por lo demás, la película adolece de la lamentable superficialidad adolescente que ya afectaba a su predecesora, si bien no incurre en la tentación de la solemnidad trascendente a que se prestaba el argumento y que la habría conducido definitivamente al ridículo. Lo mejor, eso sí, son las apariciones de Silver Surfer, una creación enteramente digital que sin embargo desprende parte de la dignidad que uno exige al personaje. En resumen, es lo que antes se llamaba entretenimiento para una tarde de lluvia.

Los 4 Fantasticos del UCM

Los 4 Fantásticos: primeros pasos se inicia con un rótulo que ubica la acción cuatro años después de la creación del grupo. Las primeras imágenes respiran un indudable aire retro, que se observa en las vestimentas (incluida la textura del uniforme del grupo) y en los peinados, en los automóviles y en los letreros de los negocios que pueblan las calles. Y a medida que comienza la acción, nos damos cuenta de que, para haber sido tan publicitada la llegada del grupo al Universo Cinematográfico Marvel, no existe la menor referencia a los otros personajes de la casa, y los enemigos que se van citando son los propios del grupo y ni siquiera resultan especialmente poderosos: el Hombre Topo (primer villano de la colección, por desgracia perfilado desconcertantemente como si fuera un entertainer de club de alterne), el Amo de las Marionetas, el Fantasma Rojo y sus supergorilas… ¿Qué está pasando aquí?

La respuesta no va a ser ningún secreto. Los 4 Fantásticos: primeros pasos se sitúa en los años sesenta (el primer número del cómic original tenía fecha de noviembre de 1961), lo cual respeta la idea matriz que dio origen al grupo: fueron los pioneros del viaje espacial, en el curso del cual fueron afectados por los rayos «cósmicos» que cambiaron su ADN. Pero si la época no es la misma tampoco lo es exactamente el espacio, aunque lo parezca. El rótulo también nos indica que el planeta donde va a suceder todo es la Tierra 828. En los cómics de Marvel, a raíz de la proliferación de los universos paralelos, el guionista Alan Moore tuvo la afortunada ocurrencia, en los años setenta y en el seno de una colección en teoría menor pero maravillosa, Captain Britannia, de indicar que el conjunto de Tierras paralelas es infinito y está numerado. La nuestra, la del Universo Marvel corriente, es la 616. Esto es importante, pues anticipa que, de cara a la definitiva fusión de los 4F con el resto de héroes cinematográficos de la casa, en su próxima aparición deberá producirse un trasvase planetario.

La Cosa y Herbie en la cocina del Edificio Baxter

La Tierra 828 es una Tierra vintage. La estética es la propia de los años sesenta. La iluminación y el color, en consecuencia, también. (A ratos uno casi cree que entre la enfervorizada multitud que aplaude cada salida pública del grupo vamos a ver a Doris Day o a Sandra Dee: los lectores más jóvenes me perdonarán mis referencias aún más vintage). Eso sí, la tecnología es la propia a la que estamos habituados en el resto de títulos del UCM. Incluso resulta un tanto exagerado descubrir que se tiene la teórica capacidad de ¡teleportar a todo el planeta a otro lugar de su órbita para escapar de la voracidad de Galactus! Y vale que Reed Richards tal vez tenga la mente más privilegiada de la humanidad, pero no deja de resultar un tanto desorbitado, como lo es la rapidez con que dictamina que ese ente procede sin duda de otro universo (?). En cualquier caso, este toque retrofuturista es una de las virtudes del film: visualmente es uno de los títulos más bonitos que ha ofrecido Marvel Studios.

Los responsables de la película, supongo que encabezados por la mente rectora del UCM, el productor Kevin Feige, tienen muy en cuenta lo delicado que supone, al menos de cara a los lectores clásicos de Marvel, una operación de esta naturaleza. Un grupo con el background que este posee no puede ser abordado de cualquier manera, sobre todo si su aparición en la continuidad cinematográfica es tardía. Podía valer con los Guardianes de la Galaxia, cuyo pasado era mínimo y poco relevante, al igual que su importancia dentro de la historia de la casa, pero no con la Primera Familia. Una estupenda decisión es no constreñir el argumento con la pesada obligación de empezar la historia por unos orígenes que todo el mundo conoce sobradamente a estas alturas: es lo mismo que ya se había hecho con el reingreso de Spiderman en el UCM. Para los despistados, eso sí, se ofrece una sucinta crónica del episodio del viaje al espacio bajo la excusa de un programa televisivo que se conmemora el cuarto aniversario del grupo.

El matrimonio Richards y su vastago, Franklin, en Fantastic Four First Steps

Durante la primera mitad de la película el espectador tiene tiempo para familiarizarse con las características del grupo, con sus relaciones y su cuartel general, el mítico Edificio Baxter, donde tienen lugar buena parte de las secuencias y que incluye la presencia de HERBIE, un pequeño robot doméstico también retomado de distintas etapas del tebeo que actúa como mascota inteligente y elemento cómico. Enseguida la película sorprende con un elemento plenamente original: la Mujer Invisible está embarazada. En los cómics, Franklin veía la luz en el anual 6 de 1968, es decir, después de que el grupo hubiera recorrido ya una considerable trayectoria (desde luego, mucho después del encuentro con Galactus), y no tardaría en manifestar enormes poderes que sin embargo los guionistas consideraron siempre oportuno restringir cada vez que se manifestaban para no sacar al pequeño de su condición de eterno niño de pocos años y ángel de sus padres. En el film, por supuesto, el embarazo será la continua fuente de preocupación para Reed, pese a que los continuos tests que le practica no indican la menor anomalía en el feto, y constituye la pieza fundamental de la trama.

Silver Surfer cambia de genero en Fantastic Four First StepsUna vez sentadas las premisas durante esta larga introducción tiene lugar la llegada de Silver Surfer a Nueva York, en este caso anunciando ominosamente la pronta destrucción de la Tierra por parte de su amo Galactus. Su llegada revela otra novedad: este Silver Surfer es una mujer (de hecho, es Shalla-Bal, la prometida del Estela Plateada original, por quien sacrificaba su humanidad), otro elemento que no responde a una mera corrección política sino que también será esencial para la resolución de la intriga. El grupo, que por su condición de únicos superhéroes del mundo ha asumido con naturalidad la protección de toda la humanidad, marcha en su nave espacial en busca del ser que ha sido anunciado. La sorpresa es que, nada más verlos, Galactus les propone una transacción: la salvación de su mundo a cambio de que le entreguen al niño que Sue está gestando, pues en él contempla a un ser de infinito poder al que podrá transferir su voraz hambre planetaria y librarse así de su maldición.

Hasta el momento en que por fin han de mostrar sus poderes en acción, la película ha tenido tiempo para dibujar a los personajes con detalle y establecer el vínculo necesario con el espectador. Es hora por tanto de comentar el elemento fundamental que tanto ocupó a los aficionados durante el tiempo previo al estreno: el reparto.

Reed y Sue, o sea, Pedro Pascal y Vanessa KirbyEl actor estadounidense de origen chileno Pedro Pascal era para mí un auténtico desconocido, pese a saber que en los últimos tiempos había alcanzado una notable relevancia, sobre todo por su participación en series como The Mandalorian. Pascal da el tipo de hombre maduro que siempre fue en los cómics (es uno de los pocos superhéroes que siempre han lucido canas, en las sienes) pero por desgracia su interpretación carece del carisma que considero imprescindible en quien encarne a un personaje que destaca por su inteligencia fuera de toda medida. Pascal aporta bien la responsabilidad que exige su condición de jefe del grupo y de esposo y padre preocupado, pero no la preeminencia intelectual que se le supone, si bien cumple en líneas generales. Vanessa Kirby —de la que solo conocía su buena actuación como Josefina en el nefasto Napoleón (2024) de Ridley Scott— encarna a una Susan Richards que, como es natural, nada tiene que ver con la muchacha dulce y débil, continuo lastre para el grupo, que Lee y Kirby diseñaron en el inicio de la colección, sino más bien con el personaje perfilado por futuros guionistas como John Byrne y Tom DeFalco, la mujer de firme carácter que es el verdadero corazón del grupo y que además ha sabido articular unos poderes que al principio parecían un mero adorno hasta convertirse en un pilar del grupo en combate.

Aunque no molesta como hacían los previos intérpretes de la Antorcha (los guionistas tampoco insisten esta vez en convertirlo en el gracioso oficial del grupo), Joseph Quinn no aporta gran cosa. Al menos, el guion acierta al hacer que su Johnny Storm posea mayor relevancia más allá de su poder flamígero: él será quien establezca un vínculo con el fundamental personaje de Silver Surfer al descifrar su idioma, habilidad esta inédita que yo sepa en el más joven miembro del cuarteto. Por último, el actor Ebon Moss-Bachrach es quien tiene la ingrata labor de dar vida al mejor personaje del grupo y sin embargo no poder lucirlo más allá de la voz y de haber aportado los movimientos capturados por el sistema de animación digital que le da vida. El buen trabajo de los animadores consigue que la gestualidad del fortachón rocoso exprese muy bien la tristeza existencial que embarga a Ben Grimm por su condición monstruosa, proporcionándole una considerable humanidad. Es un acierto que los guionistas limiten la tópica iracundia de la Cosa en beneficio de una serenidad muy especial bañada en amargura. En este caso no hay rastro de su amada habitual, la escultora ciega Alicia Masters, si bien los guionistas sugieren, de modo sencillo, una atracción hacia una profesora del humilde barrio en que nació y que todavía visita con regularidad, embargado sin duda por la nostalgia del ser de apariencia humana que una vez fue.

[Quien no conozca el final de la película debe dejar de leer aquí]

El imponente Galactus de Los 4 Fantasticos primeros pasosPor supuesto, la película no está a la altura de la formidable saga de los tebeos. Se contenta, que no es poco, con darle una traducción visual atractiva —es lo mínimo, por supuesto, que se le debe pedir al género superheroico en la era digital—, y con bañarse en algo de su grandeza. Desde luego, el diseño de Galactus es sobradamente imponente. Es un gigante incluso mayor que el de los tebeos, que se materializa en su nave sobre el fondo de estrellas que baña esta y que, en un rasgo que aplaudo, mantiene el mismo diseño insuperable de Jack Kirby si bien con un barniz que recuerda a uno de los herederos de este, el mexicano José Ladrönn. Por debajo de esa apariencia digital, además, se encuentra el excelente actor Ralph Ineson (actor fundamentalmente relacionado con las películas de Robert Eggers), que otorga una soberana impenetrabilidad a sus gestos. El diseño responde a las expectativas del conocedor sobre ese ser tan cercano a lo divino y de hecho la mejor parte de la película se corresponde con el viaje del grupo a su nave, por el genuino sentido de la maravilla que respira, y después con la estupenda fuga del grupo, que da pie a un suspense muy bien construido, pues además del propósito ciertamente difícil de esquivar a Silver Surfer, enviado tras ellos para quitarles por la fuerza al bebé, Susan Richards se pone de parto en la misma nave: Franklin será un niño del espacio.

En la Tierra, el grupo no esconde la verdad: Galactus exige ese bebé que ellos no van a entregar, aunque van a luchar por todos sus medios para evitar el desenlace anunciado. Lógicamente, ese enfervorizado gentío que antes aplaudía cualquier cucamona de sus héroes ahora considera su negativa el colmo del egoísmo. Sin embargo (el mainstream no se presta mucho a estas cosas), la reflexión subsiguiente sobre la naturaleza esencialmente primitiva de la conducta humana, pese al presunto barniz del humanismo y la civilización, no se explora más que superficialmente y se resuelve de modo evidentemente simple: basta con que Susan salga a la calle con su bebé en brazos y suelte un discurso de refuerzo moral para que las aguas vuelvan a su cauce y todos la apoyen como un solo hombre. Puede creerse que quienes contemplan a Sue en directo se sientan derretidos ante su abnegación maternal, pero que el resto de la humanidad los secunde es más discutible.

Memorable Galactus de Fantastic Four Fist Steps

Aunque argumentalmente sea necesaria, la batalla final vuelve a ser la tantas veces vista confrontación en una gran ciudad cuyos edificios serán alegremente arrasados —en el universo superheroico los seguros estarán por las nubes— y aunque se alarga demasiado como también es norma, responde bien a las expectativas. Son memorables las imágenes del gigante sobresaliendo por encima de los rascacielos entre los que avanza en busca de Franklin, un oponente cuyo magno poder pone muy a prueba la credulidad del espectador ante el modo en que es derrotado. Y quienes lo conseguirán serán fundamentalmente las dos mujeres de la historia: Susan Richards, madre coraje que lanza todo su poder, y más, contra Galactus, para colocarlo en el portal teleportador desde el que han planeado enviarlo al confín del universo, y Silver Surfer, a quien esos seres que han sabido comunicarse con ella aciertan a remover su propia condición de madre en su planeta natal que ante todo hizo el sacrificio de ofrecerse como heraldo del Devorador para salvar a su hijo y su entorno de la destrucción.

Tengo cierta debilidad por Ant-Man 2...No he hablado de un elemento que suele ser imprescindible en toda valoración de una película, la labor del director, Matt Shakman. Me parece estéril. La naturaleza de este tipo de cine hace que la post-producción sea el momento central de su elaboración. No existe por tanto un concepto de puesta en escena como el que asociamos a los grandes genios del cine, los Ford, los Bergman o los Fellini. El realizador es aquí más bien un coordinador y por ello la labor de todos ellos en general me parece intercambiable: no he conseguido apreciar qué diferencia a los más apreciados (los Hermanos Hughes, J. J. Abrams, James Gunn) de los menos, de modo que apenas establezco una diferencia entre los directores correctos, con los que se puede apreciar bien la narración, y los que se empeñan en complicarla. Tras más de veinte años viendo cine de superhéroes Marvel, sigo pensando que el atractivo de estas películas radica, ante todo, en su apariencia visual, en la eficacia de sus actores, pero sobre todo en sus guiones. En este sentido, mis títulos predilectos del UCM son aquellos que destacan por el interés de su historia: Capitán América: El soldado de invierno, Vengadores: Infinity War, el segundo Ant-Man o el tríptico de Guardianes de la Galaxia. Y por supuesto, pero esto ya es personal y depende de mi amor por los cómics, seguiré viendo estas películas mientras mantenga la curiosidad por conocer qué variantes ensayan las diferentes películas sobre esos personajes y esas historias que tan importantes son para mí desde la infancia.

Los 4 Fantásticos: primeros pasos no alcanza a esos títulos destacados, aunque mejore bastante el nivel medio de Marvel desde ese punto álgido que constituyó el díptico de Los Vengadores contra Thanos y posea tanto una apariencia visual muy agradable como un ritmo fluido y consistente, amén de varios momentos excelentes. Queda para el futuro la intriga de cómo la Primera Familia ingresará en el Universo Marvel corriente, el de la Tierra 616, y qué papel jugará el archienemigo clásico del grupo, el Doctor Muerte, ausente en esta ocasión (lo que me parece también saludable: aparece en todas las otras pelis del grupo y siempre de modo muy desafortunado). Pero que saldrá, vaya que sí, no en vano esa figura encapuchada y que porta una máscara de hierro que en la escena post-créditos se aparece ante Franklin está claro que tiene que ser él…

El Doctor Muerte, nemesis de los 4 Fantasticos

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About Jose Miguel García de Fórmica-Corsi

Soy profesor de historia en el IES Jacaranda (Churriana, Málaga).
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